domingo, 20 de agosto de 2017

CAZA DE CITAS

"A medida que la sociedad cambia, también cambian los militares"

Samuel P. Huntington

("El orden político en las sociedades en cambio", Paidós, Buenos Aires,  1972: 200)

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Elvira Mendoza. "En esta tumba va a nacer un Santo (José Gregorio Hernández)". Élite, Caracas, nr. nr. 1633 del 19/01/1957.
- Marisol González. "Pedro Grases: Un emigrante discreto". El Universal, Caracas, 15/02/99.
- Lorenzo Batallán. "De qué mueren los personajes de Rómulo Gallegos (Lorenzo Barquero)?". El Nacional, 01/08/66.
- Antonio Arráiz. "Las fiestas de la Virgen del Valle". El Nacional, 05/09/43.

Reproducción: José Humberto Cardenal Quintero, en Caracas. Momento, Caracas, nr. 241 del 26/02/1961.

ENREDO DE CUERDAS


Del violinista sobre el asfalto

Luis Barragán


"Aquellos vistosos militares de
casacas blancas nunca ganaron
una sola guerra, si no fue las de
represión contra las minorías
nacionales..."

Manuel Villegas López (*)


Convertido en un limpio y legítimo símbolo de las pacíficas protestas ciudadanas, Wuilly Arteaga ha sufrido los más extremos embates represivos de la dictadura que lo ha apresado y torturado. E, incluso, al liberarlo, prohibiéndole concurrir a cualesquiera manifestaciones públicas, no repara en el abierto desconocimiento de sus más elementales derechos constitucionales.

 La gesta republicana de los venezolanos, yendo más allá del instintivo rechazo al poder establecido, no por casualidad adquiere una extraordinaria representación en el joven violinista con el que hemos compartido  las faenas de calle.  Por lo demás, reconociendo la importancia adquirida,   la Guardia Nacional también destruyó su instrumento a la vista del mundo entero, creyendo escenificar toda una epopeya bélica que sintoniza con el imaginario enfermizo de un  vulgar acto de barbarie.

Recientemente liberado, el arquero que tensó las cuerdas bajo el espeso gas tóxico, enfrentó los poderosos misiles de agua, rifándose quizá algún disparo por arma de fuego, ha relatado la última experiencia bajo prisión, añadido el testimonio de violación de una joven en el curso de su detención.  E, igualmente, ha desmentido a Diosdado Cabello, quien  exhibió una grabación en la que supuestamente Wuilly atacaba a María Corina Machado, denunciado ya como un vil montaje de los que acostumbra a difundir un programa de televisión, cuyo propósito, contenido y formato, probablemente no tenga equivalente en otras latitudes.

Luego, en otra declaración,  el joven violinista que nos permitió recordar el viejo comentario crítico que suscitó la película “Der junge Törless” de Volker Schloendorff (1966), se refirió a los verdaderos héroes que están muertos y presos, preguntándose qué más necesitan y quieren los líderes políticos – obviamente opositores - para dejar de ser tan falsos.  Y, naturalmente, hubo una reacción favorable en las redes sociales frente a un juicio tan severo, como comprensible.

 Ha sido víctima de una  jugada de laboratorio, como la del montaje de un video, tan eficaz que produjo la reacción de un calificado vocero de la oposición que lo maltrató. Por más amargas las experiencias que ya acumula a su edad, después, enderezándose psicológicamente, trata de aclarar sus intenciones, como no ocurre con los críticos más avezados. No obstante, con su declaración inicial, sobresalió una predisposición   todavía dominante, propia de la antipolítica que evade la discusión en torno a la ciudadanía, los partidos y la propia represión militar y militarizante, devenida espectáculo.

Se queda en la generalidad, en el lugar común, en la inmediata sentencia condenatoria de los políticos, sin distingos o especificidades.  Quizá porque su vocación es la música y, con ella, rinde un formidable testimonio, todavía no acierta en algunos criterios de distinción del proceso que vive, en lo personal y social, requerido de un poco más de información, pues, convengamos, si algo terrible ha ocurrido por todos estos años en Venezuela, es un – precisamente – un proceso de desocialización política, de simplificación temeraria y audaz de las realidades, de retroceso cívico que, apenas, ahora, comenzamos a corregir, pues, de nada valdrá salir de una dictadura para dejar intactas las condiciones que la produjeron y sostuvieron  tan largamente.

Arteaga debe también haber observado lo que, inevitable, ocurrió y ocurre con nosotros, con más de medio siglo a cuestas, por ejemplo, en primera línea por los lados de la encendida Montalbán, al oeste de la ciudad capital. Entre las acrobacias y las carreras de una infección brutal de gases y disparos, sitiados por una tanqueta que hizo de las alas de un murciélago de metal su mejor paredón, a cámara lenta, apuntábamos el coraje de Javier Chirinos y Pepe Martínez, Roberto Campos y Freddy Guevara, quien – por cierto – orientaba a las personas con megáfono en mano, tras cada estridencia represiva, mientras otros – innombrables -  ensayaban los mejores y efímeros ángulos para el periscope de sus fatuas consagraciones, procurando avistar la motocicleta que los sacara pronto de una faena que los remitía al boletín de prensa de ocasión.

Probablemente, el violinista sobre el asfalto de las realidades, en el curso de un aprendizaje que impone al reivindicar la libertad, procurando abrirle caminos, se preguntará al respecto. No significa ni significará alejarlo de una natural vocación musical, pero sí ventilarlo en medio del inevitable ascenso ciudadano de un pueblo que afronta una increíble lucha existencial.

Mil veces decimos de libertad, democracia, tolerancia, solidaridad, justicia, respeto, realización, lealtad, autenticidad y mil veces la antipolítica, hoy disfrazada de un ultraizquierdismo farragoso, hecho gobierno,  lo convierte en una estafa. Y es que, al revés de la conocida sentencia, también las verdades que repetimos mil veces se convierten en mentiras.

(*) Sobre "El joven Törless" de Volker Schloendorff, 1966: "Los grandes nombres el cine", Editorial Planeta, Barcelona, 1973: II, 107.

Referencias:
http://www.el-nacional.com/videos/oposicion/wuilly-arteaga-califico-falsos-lideres-politicos_46885
Ilustración inicial: Virginie Amo Biondi. Siguientes: Rayma y Pinilla.

VIL MONTAJE



Antipolítica en clave de telenovela

Luis Barragán

Tiempo que no la veía, aunque está adscrita a la Asamblea Nacional, encontramos por casualidad a la otrora asistente de una parlamentaria oficialista que no logró repetir, a pesar de sus recias posturas y capacidad de trabajo. Nos saludó con afecto, pues, siendo frecuente y muy duro el choque en las plenarias y en una de las comisiones permanentes, quedó como saldo inevitable el mutuo respeto personal. 

Me dijo que trató de entrar a palacio, donde la “seguridad de ustedes”  lo impidió   y, al despedirse, más en serio que en broma, alegó que debía apurarse para buscar la harina de maíz que Lorenzo Mendoza y otros que hacen la guerra económica, les niegan. No valía la pena discutir  sobre la seguridad de la sede legislativa  a cargo de la GNB que tiene por prisioneros a los diputados, cada vez que así lo deciden, filtrándoles las visitas,  y que, además, la crisis humanitaria corre bajo la  absoluta responsabilidad de la dictadura, añadido el nefasto desempeño de los CLAP. Empero,  inmediatamente nos remitió al caso demasiado recurrente de sus voceros que inculpan a la oposición por las muertes de los ciudadanos en legítima  protesta, como por el incendio de una sede escolar u otras vicisitudes que la propaganda altera.

Toda dictadura miente, pero ésta que padecemos la hace con sobradísimo cinismo, demostrando lo lejos que llega el (auto) engaño. Por ello, es necesario preservar y divulgar constantemente las evidencias de un descomunal atropello, porque no le ha bastado con asesinar a los jóvenes que tuvieron por única defensa una lámina de cartón, linchar a discapacitados, destruir casas y edificios, hasta disparar a una mascota y lacrimogenar al hospital de la Cruz Roja que, por cierto, dista demasiado de haber cumplido con su deber en las calles que supo de la Cruz Verde, de la Cruz Azul y de otros equivalentes en relación al auxilio de médicos y paramédicos, igualmente tiroteados y perseguidos.

Insuficiente la versión de tan desacreditados voceros, incluyendo al ocupante de Miraflores, la tal constituyente ha nombrado a una tal comisión de la verdad que espera repetir – ante todo – el linchamiento moral ensayado entre 2002 y 2003, después de los consabidos sucesos del 11-A. Recordemos, una brutal   faena represiva, con muertos y malheridos a cuestas, produjo una comisión parlamentaria tan sólo nominalmente presidida por un representante de la oposición, con una clara y contundente mayoría oficial, que escenificó un espectáculo tan propio de la antipolítica, logrando confundir a la opinión pública al falsear los hechos con descaro, desembocando en dos informes contrapuestos que quedaron para la mera formalidad.

Luego de los hechos de 2014, procurando el gobierno evadir sus responsabilidades, la mayoría asamblearia, partidaria de Diosdado Cabello, valga acotar, trató de imponer otra tal comisión de la verdad a la que nos opusimos sin ambages los diputados de Vente Venezuela, como consta en las actas y videos de las sesiones de entonces. El propósito siempre ha sido el de banalizar la tragedia y, escupiéndole al país que los detesta, reglar y arreglar una razzia de inconfundible cuño  fascista.

Apropiándose por la fuerza de los espacios del Museo Boliviano, bajo la responsabilidad de las actuales autoridades legislativas que, además, no lo han denunciado, la tal comisión de la verdad de la tal constituyente trama una telenovela de la peor inspiración para lavarse las manos respecto al tsunami represivo que anegó las calles y hogares venezolanos.  A la feria electoral de las regiones, tramados unos comicios a la medida de los propósitos miraflorinos, se sumará la réplica interesada de lo que tendrá más de la filmografía de los  procesos de Núremberg que de los juicios televisados en Cuba, después de Bahía de Cochinos.

La ultraizquierda alojada confortablemente en la antipolítica, tal como la concebimos y sufrimos en lo que va de siglo, dirá cumplir con un inicial objetivo: trivializar la noción misma de la comisión de la verdad. Nada tuvo, tiene o tendrá que ver con lo que universalmente se entiende por tal, sobre todo después de la experiencia salvadoreña, en estas latitudes, porque se trata de un burdo espectáculo en el que los teloneros fueron, son y serán las víctimas.
Fotografía: Tomada Google Imágenes que, a su vez, la captran de: https://www.youtube.com/watch?v=0XIBFN88cjs

HEMICICLO DE TRABAJO



La doble ironía

Luis Barragán

La directiva del congreso del PSUV, disfrazado de constituyente, en sesión continua, intenta cumplir con el encargo miraflorino de barrer con la Asamblea Nacional. A todas luces, apenas, se trata de una tarea complementaria a la convocatoria y manipulación de las elecciones regionales y el afianzamiento de la cúpula militar, en el marco  de una paciente estrategia diseñada para blindar a una dictadura que tiembla con las calles que inexorablemente ha perdido, peligrando el propio y atrevido modelo de negocios en el que ha convertido al Estado o lo que queda de él.

Preferida antes una vía repentina y brutal, ensaya el cierre del parlamento por goteo, buscando – ante todo – desmoralizarlo, en medio de la indiferencia del país que lo votó.  En mejores condiciones, estrenándose el régimen hacia 1999, no le fue fácil hacerlo, debido a la firme resistencia de los otrora senadores y diputados, a pesar de las represalias, ocurriendo sólo al refrendarse la Constitución, por lo que, trapeando la puñalada, hoy combina el asedio y ataque terrorista de sus grupos militares, la pausada ocupación militar del resto del Capitolio Federal, con decretos de una infame asunción dizque de las funciones legislativas, establecimiento de un tribunal comunista de inquisición que aplicará mediáticamente el suero de la verdad, o las otras trompadas que la gavilla pueda idear.

A pesar de todos los errores, fallas, equívocos y acusaciones, la actual Asamblea Nacional ha marcado un precedente histórico, pues, sin presupuesto ni salarios, los muchos impedidos de transportarse aéreamente, ya automóviles personales para surcar las carreteras, con limitaciones al hospedarse en la ciudad capital, no abandonan su trabajo. Por cierto, entendemos, la ocupación del Palacio Legislativo no es la que concede nuestra legitimidad, sino los millones de votos que hicieron posibles 112 – no, 109 – curules. Sin embargo,  moviéndonos en el terreno de las percepciones, desarmados y pacíficos, debemos defender la sede en todo lo posible para que no se confunda con una cobarde entrega.

La tal constituyente ocupó el hemiciclo protocolar, atravesó un parabán y a la Guardia Nacional, aunque – por la visita de los embajadores – en la última sesión cuidó de retirarlos momentáneamente, planeando invadir el resto de los espacios al pasar las horas. Y, aunque sorprendió al mismo personal chavista que laboraba en el lugar, expulsándolo, se hizo del Museo Boliviano, sin el inventario de bienes, dibujando un vulgar asalto a lo que será el escenario del previsto tribunal de sus tormentos. Sin embargo, saben muy bien que fracasarán, dependiendo del filo de las bayonetas – por definición – ajenas, pues, la historia suele ser mordaz, implacable y burlona.

Una doble ironía con rango, fuerza y valor de ley, como la de gravitación universal, los angustia: las dictaduras suelen violentar las constituciones que se dan y  las dictaduras suelen superarse con las mismas constituciones que se dieron.  Claro, nadie dijo que la cosa es fácil.

HEMICICLO PROTOCOLAR



Del enfermizo proceso constituyente

Luis Barragán

Convengamos, no se entiende la propuesta totalitaria en curso, sin que Joseph Sieyès ocupe la principal curul del congreso del PSUV convertido en la tal constituyente. Ha tenido, desde 1999, por domicilio a Miraflores.

El socialismo del siglo XXI se explica por un proceso constituyente permanente, aunque el inicial procuró guardar las formas y, el postrero, omite los más elementales detalles mostrando el hocico de un descarado fraude electoral. En el intermedio, derrotada la primera reforma constitucional y muy apenas o sospechosamente ganada la segunda, empleó el camino de la legislación ordinaria, con la complicidad de la Sala Constitucional, para imponer las fórmulas que lo llevan a declarar inconstitucional a la propia Constitución.

Bastará con una aproximación al llamado constitucionalismo cubano, tributario del soviético, para comprender cuán lejos llega la pretensión del madurato. Un viejo libro, como el de José Mendoza Angulo, complementará muy bien la minería de datos que hagamos en las redes, pues, obviamente, ya no llega al país la bibliografía especializada.

Finalizando el segundo tomo de “Homo sacer”, dedicado al Estado de Excepción, Giorgio Agamben llama la atención sobre la autoridad del dictador fundada en la constituyente originaria, la que personalmente encarna, nunca derivada. Los regímenes de fuerza suelen recurrir a la Constitución como una pieza ornamental, pues, lo importante es la voluntad del cabecilla que acierta o fracasa, según el talento de sus operadores: alguna distancia hay entre Miquilena y la Rodríguez.

Ni los integrantes de la tal constituyente, agradecidísimos por la distinción de un régimen que los recicla o les permite entrar a terrenos antes vedados, están convencidos de su papel. Se saben parte de un enorme esfuerzo histriónico que los hacina en un salón, mientras que la directiva vela por el cumplimiento de las órdenes de Sieyès XXI, demiurgo de una supervivencia frágil en el contexto de una radical e interesada provisionalidad.