jueves, 19 de octubre de 2017

CUADERNO DE BITÁCORA

El día martes 17 de los corrientes, María Corina Machado fijó postura sobre los resultados electorales. Ampliamente difundida la rueda de prensa (http://www.ventevenezuela.org/machado-la-hora-una-unidad-ciudadana-derrote-los-cogollos, y https://www.lapatilla.com/site/2017/10/17/maria-corina-es-la-hora-de-una-unidad-ciudadana-que-derrote-a-los-cogollos-hay-que-asumir-responsabilidades), insistió en el desarrollo de una política alternativa. No tenemos tiempos, incluso, de referirnos a la reflexión que hizo la dirección de Vente Venezuela, los matices de una importante discusión. Sin embargo, es necesario reivindicar una postura válida en la materia que no deja de señalar importantes derroteros: https://www.youtube.com/watch?v=kUUjR3qmXpE

Tiempo atrás, tuvimos ocasión de visitar - en varias ocasiones - a los magistrados por entonces refugiados en la embajada de Chile. Comprensible prudencia, no publicamos las fotografías. Apenas, lo hacemos con dos de ellas, porque ya se ha idifundido - también con amplitud - una historia que tiene sus bemoles.

Después de una también ingrata discusión en el grupo de WhatsApp de la bancada opositora en la Asamblea Nacional, en la que dos o tres diputados hicieron burla de la propuesta, algo intrascendente, cierto, planteamos la necesidad de nombrar a los nuevos rectores del CNE (https://www.lapatilla.com/site/2017/10/19/diputado-omar-gonzalez-la-an-debe-nombrar-los-cinco-rectores-del-cne-ya). La misma fue aprobada por unanimidad en la plenaria de hoy (http://www.ventevenezuela.org/aprobada-propuesta-fraccion-vente-venezuela-iniciar-designacion-los-cinco-rectores-del-cne).

No da tiempo de un más amplio comentario de cada una de estas vicisitudes, por lo que simplemente, a los fines de su archivación, dejamos el registro fotográfico a la mano de la rueda de prensa de MCM, las fotografías con los magistrados tomadas en la embajada de Chile y la que hoy se nos tomó en el hemiciclo.

martes, 17 de octubre de 2017

"CONTI ... MÁS"

Érase el deber de pedir y dar una explicación
Guido Sosola

Es por estos tiempos que prevalece la costumbre de no dar explicación alguna de nuestros actos, imitando la conducta de quienes nos gobiernan y aspiran a gobernarnos. Día tras días, ocurren numerosos eventos que no encuentran responsable alguno y si se trata del Estado, con mayor y prepotente razón calla, desde el semáforo de una esquina que  repara inútilmente – entreteniéndose - por varias ocasiones, para darle una insólita continuidad al caos, hasta la detención de un disidente que, en el mejor de los casos, le postergan las audiencias.

Puede ocurrirle cualquier cosa al ciudadano común o intensificarse el patrullaje policial, evidentemente con fines de control político, pues, no disminuye la delincuencia común, o cualesquiera otros operativos que nos sorprendan, y quedamos a la merced de las adivinanzas. No hay periodistas que, en una libérrima rueda de prensa, pueda preguntarle al señor ministro y, menos, a sus jerarcas superiores, sobre tal o cual decisión, evento o situación, dejando las conjeturas al aire, con resignada espera por otros hechos que las multipliquen ad infinitum.

Puede ostentarse cualquier responsabilidad pública, pero el concejal o el diputado no deben preguntar nada al alcalde o al presidente de la corporación legislativa, pues, tampoco éstos sienten la obligación de dar respuestas, como no las da el propio presidente de la República. No es otro el aprendizaje de casi dos décadas, porque no hay libertad de prensa ni de medios para indagar y publicar la más elemental vicisitud, ni tenemos  el riesgo de una interpelación parlamentaria que se traduzca en un elevado costo político.

Érase el deber de dar una explicación, por mayo de 1948, pues, al culminar la sesión, por lo demás, nocturna de la Cámara de Diputados, agentes de seguridad lanzaron sendos artefactos lacrimógenos a un grupo de parlamentarios de la oposición. La prensa de la época (que la había, aunque a todo riesgo),  reseña al gobernador López Gallegos, del Distrito Federal, respondiéndole al diputado Rafael Caldera, uno de los agredidos.

Bastará con revisar la prensa de los años ’60 del ‘XX para constatar, por ejemplo, que el temido “ministro-policía”, Carlos Andrés Pérez, concurría al Congreso para contestarle, incluso, al senador o diputado que lo sabía comprometido con la subversión. Algo  que iba más allá de la democracia formal tan frecuentemente denunciada, hubo interpelaciones y otros actos de comparecencia inevitables en el foro parlamentario e, incluso, en el estrado judicial: en todo caso, a la entrada o a la salida, estaba el reportero atento, especializado en la fuente, como otros de sus colegas cubrían a la misma hora un incidente automotor, un malentendido deportivo, una emergencia hospitalaria o un súbito aumento en el mercado municipal de víveres.

La dictadura no está para satisfacer la inquietud siquiera de sus más cercanos y expresos seguidores, pero algo debía responder, como lo hizo, cuando se produjo el gigantesco incendio de la refinería de Amuay en febrero de 1950. Todavía hay quienes esperan alguna palabra ante la tragedia de Amuay,  de mediados de 2012, ya olvidada – a pesar de su gravedad – por la sucesión de otros acontecimientos similares que desembocan también en una crisis humanitaria resuelta  por una huera consigna: guerra económica.

Lo hizo por pudor en 1950, como personalmente Pedro Estrada se veía forzado a declararle a los periódicos, por censurados que estuviesen, en el transcurso de la década. Habituado a la evasión que facilita el uso intensivo del Twitter, raras veces Nicolás Maduro trata de justificar decisiones que sólo las decreta y festeja entre los suyos, con la debida televisación: los integrantes de la Asamblea Nacional ya olvidaron que, meses atrás, fueron secuestrados y agredidos, durante cinco o seis horas, sin que hubiese un gobernador López Gallegos que se apersonara para responderles, pues, Maduro, en un acto marcial, sólo dijo extrañarse. Entonces, al deber de dar explicaciones, se une otro quizá más importante: pedirlas. “Conti mil veces más”, cuando hoy el problema es un CNE al que debe exigírsele y un CNE que debe dar la respuesta que se le pide, porque la tal constituyente ,,, nada que ver.
18/10/2017:
https://www.lapatilla.com/site/2017/10/18/guido-sosola-erase-el-deber-de-pedir-y-dar-una-explicacion

domingo, 15 de octubre de 2017

CAZA DE CITAS

"La novedad de aquella época no son tanto las ideas: Tocqueville señala que éstas vienen de lejos. Lo nuevo está en la multiplicación social de su elaboración, en la difusión que tienen, en la acogida que reciben, en la función que cumplen"

François Furet

("Pensar la Revolución Francesa" Ediciones Petrel, Barcelona, 1980: 201)

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Arturo Uslar Braum. "Betancourt y Uslar Pietri". El Nacioal, Caracas, 20/10/1965.
- Alberto Krygier. "Las ciencias de la complejidad". El Nacional, 19/06/92.
- Ramón González Paredes. "Andrés Maurois, novelista". El Universal, Caracas, 03/11/64.
- Marco Aurelio Vila. "Cataluña y la Venezuela de 1713". El Nacional, 11/09/52.
- Mariano Picón-Salas. "Existencialismo". El Nacional, 10/12/50.

Reproducción: Rómulo Betancourt encabeza el acto de finalización de cursos en la Escuela Militar de Venezuela. Revista de las Fuerzas Armadas, Caracas, vol. 3, nr. 4 de 1947.

UN CENTENARIO UTILITARIO

Del  insólito anacronismo bolchevique
Luis Barragán

Muchísima tinta, literal, digital y filmográfica, ha corrido sobre la revolución bolchevique de octubre de 1917, de hacer caso al calendario juliano de la Rusia de entonces, correspondiente a noviembre de acuerdo al gregoriano. Lo cierto es que, significativo y trascendente, arribamos a un centenario que, no faltaba más, Nicolás Maduro ya ha anunciado que lo celebrará por “todo lo alto” (http://www.noticierodigital.com/2017/10/maduro-celebraremos-por-todo-lo-alto-los-100-de-la-revolucion-bolchevique), a sabiendas, por una parte, que los venezolanos no estamos para festejo alguno, desgarrados  por una crisis sobre la cual él y todo el régimen que representa, son responsables; y, en contraste con las viejas generaciones de marxistas del patio, por otra,  lo caracteriza una demoledora y supina ignorancia sobre ésta y otras materias que los cursillos cubanos no subsanaron, ni podían subsanar.

Obviamente, por ligera o densa que sea, cada quien puede tener y tiene una perspectiva y convicción sobre tamaño hecho histórico, influida la nuestra por obras como las de Isaac Deutscher, incluida la extraordinaria versión humorística de Daniele Panebarco. Asunto distinto es manipular el acontecimiento, banalizando sus consecuencias, como ocurre – ahora – en la era de Putin, asimilado a la pasada grandeza imperial que cultiva tan cuidadamente,  por contradictoria que sea su naturaleza.

Manipulación que constatamos con la lectura de la magistral tesis de Jonathan Benavides (“Cambios y continuidades de la política exterior de Rusia en el período 1945-2015”, UCV, Caracas, 2015), defendida y aprobada con honores, también atestiguada por el suscrito en la sesión realizada por la otrora mayoría oficialista en la Asamblea Nacional el mismo año,  a la que nos vimos obligados a responder más allá de una huera complacencia aniversaria del fin de la segunda guerra mundial (https://www.youtube.com/watch?v=XQccTBfwrR8).  Y es que, cuando la actual dictadura venezolana pretende emparrandarse con la fecha, intentando contrarrestar cualquier reflexión crítica sobre una experiencia amarga y hasta innecesaria, pero de un formidable impacto e influencia universal, simplemente se vale de un anacronismo para ocultar sus tensiones, intenciones y pretensiones, intentando confundir aún más a los escasos seguidores con banderas de una extemporaneidad harto evidente.

La Unión Soviética, derivación postrera del mítico asalto al Palacio de Invierno, a nuestro juicio, tuvo un importante aunque lento impacto en nuestro país, pendientes los estudios más pormenorizados sobre un legado documental y hemerográfico que ojalá sobreviva, precisamente, a esta dictadura pulverizadora de bibliotecas, tomando en cuenta sugerencias como las de Jesús Sanoja Hernández (a modo de ilustración, “La revolución soviética en nuestra prensa”: El Nacional, Caracas, 15/11/1981). Bastará con examinar el mismo historial del PCV para verificar lo lejos que llegó la devoción y confianza hacia el modelo implantado, el culto por sus líderes y el más temido que temerario intento de reeditarlo acá, en el duro contexto de la guerra fría, hasta que la invasión de Checoeslovaquia en 1968 les agüó la fiesta, propiciando un intenso debate en las filas del marxismo-leninismo del patio, hoy deliberadamente olvidado.

Nuestra generación supo y vivió la transición que impulsó Gorbachov en la década de los ’80 del `XX, derrumbado – además – el sistema satelital soviético de la Europa Oriental, pues, tras cada misil con ojiva nuclear dispuesto por el poderoso complejo industrial-militar (por lo menos, Eisenhower pudo alertar sobre la indebida influencia en su país),  sobraba el testimonio de hambre y precariedad de un pueblo sojuzgado. Materializada su versión, Sanoja Hernández también cantará a las realizaciones del llamado socialismo desarrollado (“60 años de la URSS y su impacto en el proceso político venezolano”, Cantaclaro, Caracas, 1983), sin adivinar que, a la vuelta de muy poco tiempo, la situación tuvo inevitablemente que sincerarse con el monumental fracaso de una experiencia que tanto deslumbró al Pío Miranda de la conocida obra teatral de Cabrujas.

Importa volver a una obra decisiva como la de François Furet, “El pasado de una ilusión” (FCE, México, 1995), cuyo examen de la idea comunista en la centuria pasada tampoco conoce de la debida, sobria y coherente refutación de una feligresía que, en el rentable ejercicio del poder, orgullosamente ágrafa, es alérgica a cualquier interpelación. Esencialmente proveniente de la época en la que se produjo la referida transición gorbachoviana,  aprendió a evadir el fracaso y, hábilmente, escondida su más profunda convicción  ideológica, escudándose en el movimiento estudiantil, ecológico o indígena, fraguó la estafa política que todos padecemos, pasando ilesa por debajo de la más sutil polémica.

Atravesamos  las incidencias de una V Internacional que, decretada por Chávez Frías, ha degenerado en un fetichismo asombroso y deplorable, aferrado a la dictadura cubana, arteramente superviviente a la caída de la Unión Soviética de la cual fue destacada sucursal en el Caribe.  El bolchevismo de ocasión, exhibido por Maduro Moros, creyendo encarnarlo aún más con la impudicia de una festividad centenaria, nos convierte en prisioneros de un insólito anacronismo que nunca pasará por un mínimo o mediano planteamiento político-cultural.

Reproducciones: Reportaje sobre los cosmonautas soviéticos, en: "Unión Soviética. Revista sociopolítica ilustrada mensual", nr. 4 / 1981; mapa de la URSS, "Unión ...", nr. 3/1981; Soviet Supremo, "Unión ...", nr.  4/ 1981; portada del libro referido de JSH. Las revistas en cuestión, se encuentran en la hemeroteca de la Academia Nacional de la Historia, las cuales ordena el archivólogo Gabriel López.
16/10/2017.
http://www.noticierodigital.com/2017/10/luis-barragan-del-insolito-anacronismo-bolchevique http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=84566 http://www.ventevenezuela.org/del-insolito-anacronismo-bolchevique-luis-barragan http://www.envenezuela1.com/content/blog/nd-luis-barrag%C3%A1n-del-ins%C3%B3lito-anacronismo-bolchevique

DEL JEFEMILITARISMO EDITORIAL

La amabilidad del sarcasmo
Luis Barragán

Pocos dudan de la extraordinaria pluma que fue Aníbal Nazoa, cuyo buen sentido de humor, varias veces sutil y, otras, lapidario, nos hizo tempranamente asiduos a sus libros y crónicas semanales. Vivenciándola, amaba intensamente la ciudad que buen espacio ocupaba en su tintero y, mortificado, desplegaba también un sectarismo político que llevó la impronta de una vieja militancia ideológica, cebándose – en uno de sus períodos culminantes – en la dupla adeco-copeyana, fuente de toda maldad.

Diferencias aparte, respecto a la interpretación que daba del momento político, nos satisfizo el espléndido juego de la ironía que, en definitiva, lo era del lenguaje. Por ello,   el mejor aporte de toda reedición está en salvaguardar algo más que la simple jerga cotidiana que supo rescatar para abordar los hechos o situaciones que lo ocuparon.

Olvidado el aniversario en medio de los duros y consabidos acontecimientos que todavía nos estremecen, circula una importante compilación: “Puerta de Caracas. Edición homenaje a los 450 años de Caracas” (Alcaldía de Caracas/ Fondo Editorial Fundarte/ Gobierno del Distrito Capital, 2º edición corregida y disminuida, Caracas, 2017).  Confesamente rebajada, versamos sobre una reedición de mediana calidad que, por un parte, no se compadece con el patrocinio de tres muy bien presupuestadas entidades públicas, y, por la otra, contrasta con la magnífica entrega digital de Mirelis  Morales Tovar -  “Caracas-en-450” - promovida por una entidad bancaria.

Inevitable, tomamos una pequeña muestra de los artículos originales de Nazoa y constatamos aciertos y errores de la nueva edición.  Por ejemplo,  respecto a las gratas expresiones que reflejan toda una época, el libro en cuestión refiere “jefecilismo” (97), mientras que el artículo originalmente publicado dice “jefecivilismo” (“La jaula de King Kong”: El Nacional, Caracas, 10/03/1978), perdiendo el dato de lo que significó esta autoridad pública décadas atrás;  dice “tarabeteando” (119), en lugar de “tabarateando” (Ibidem: 18/06/1981), traicionando un verbo que aludía a las incursiones venezolanas en el extranjero, aunque es fiel el vocablo “catajarria” (117), a su original (Ibid.: 18/06/1981).

Presumíamos que tales errores de alto octanaje que afecta el pulcro neologismo de Nazoa, se debía a los que recurrentemente propinan los programas informáticos, aunque las dudas recaen sobre la corrección misma. Simplemente, no la hubo, porque son los mismos yerros de la primera edición de 2007, siendo comprobable gracias a la sección de libros de Google y su magnífico dispositivo de búsqueda interna (https://books.google.co.ve/books/about/Puerta_de_Caracas.html?id=UhofAQAAIAAJ&redir_esc=y).

No tenemos ánimo alguno de descalificar la iniciativa oficial, una de las pocas que puede ostentar, pero es necesario recalcar la inmensa responsabilidad de un Estado que, en el siglo anterior, hizo sus mejores esfuerzos por ediciones muy cuidadosas de obras que importaron y todavía importan a las sucesivas generaciones de venezolanos. Más aún, una  materia delicada, cuando se trata del habla susceptible de posteriores distorsiones que tienden a desdibujarnos social e históricamente.

Por lo demás, un régimen que, en más de una década, acumuló importantes recursos para publicar hasta veinte millones de libros, beneficiado por mil millonarios créditos adicionales para adquirir imprentas, tinta y papel, nada más en un lustro,  exhibe muy pocos títulos que prontamente ingresan al “basurero ideológico”, por citar una feliz sentencia del entonces diputado Homero Ruíz al ventilar el asunto dos o tres años atrás en la Asamblea Nacional. Quizá esa maquinaria de impresión está en ruinas, quizá se encuentra agotada tras los gigantescos tirajes de propaganda monopartidista, pero lo cierto es que ni una comisión parlamentaria puede chequearlo y ya no está Aníbal Nazoa para comentarlo, como seguramente lo hubiese hecho con la amabilidad del sarcasmo.

(*) Textos referidos de Aníbal Nazoa: https://lbarragan.blogspot.com/2017/10/nazoadas.html
Fotografía: Puerta de Caracas, La  Pastora, 1930. Tomada de: http://mariafsigillo.blogspot.com/2012/08/las-puertas-de-caracas.html
15/10/2017:
https://www.lapatilla.com/site/2017/10/15/la-amabilidad-del-sarcasmo-por-luis-barragan https://noticiasvenezuela.info/2017/10/la-amabilidad-del-sarcasmo-por-luis-barragan

HACIA UNA SOCIEDAD DE ÁGRAFOS

Por ejemplo, Houellebecq
Luis Barragán

Escasas las divisas, en medio de una pavorosa y extendida crisis humanitaria, comprendemos y justificamos que la inversión prioritaria sea en los alimentos y medicamentos tan urgidos. Empero, habrá que esperar a la transición democrática,  porque la actual dictadura privilegia el gasto militar y publicitario, como el servicio de la deuda externa, dejando el cumplimiento de sus pagos internos para la rebatiña de los más cercanos y exclusivos círculos del poder establecido.

Frecuentemente, hurgamos las redes sociales para imponernos de las más recientes entregas de las casas editoriales que ya no vienen a Venezuela, maravillados por las alternativas reseñadas. Imposibilitada la lectura impresa o digital de las mejores novelas y ensayos que ofertan, impedidos de los dólares o euros que la permitan, más de las veces apostamos por el préstamo benevolente de una persona amiga o por la cortazariana reconstrucción de los textos más o menos desperdigados, recreándonos con los capítulos intermedios o finales, a la espera de los introductorios que algún día aparezcan.

Aceptemos, la situación nos llena de impotencia e indignación, porque nunca antes o, por lo menos, desde que el petróleo anegó al país, pasamos por una situación semejante, compartiendo cada vez más la deplorable condición de un lector cubano. Muy poca certeza tenemos ya de leer “4 3 2 1” del estadounidense Paul Auster o “La ola detenida” del venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, ejemplificando – apenas  - los títulos más recientes, sintiendo las imperceptibles angosturas de un universo que tan injustamente se apaga. 

Las nuevas generaciones tienden a creer que las carestías siempre  fueron tales, excepto para una minoría de ladrones que negaba el pan y la letra, legitimando así a la actual por el camino de la resignación. Pocos logran percatarse del país que, apenas, décadas atrás, tenía sus anaqueles llenos con productos – además – de diferentes marcas y con grandes legiones de jóvenes venezolanos cursando estudios regulares en el extranjero, gracias al programa de becas de Fundayacucho.

Un país también de novedades editoriales, importadas y exportadas, que estimulaban la universalización de los debates que, frecuentemente, alcanzaba cierta profundidad en los medios. Es evidente el contraste con la situación actual que, a lo sumo, nos tiene como lejanos espectadores envanecidos por la sola noticia recibida.

En días pasados, el archivólogo Gabriel López sacó del  fondo de la colección hemerográfica de la Academia Nacional de la Historia que trata de ordenar, a pesar de todas las limitaciones, algunos ejemplares de la revista Exceso (Caracas) de la que, por cierto, no fuímos asiduos. Nos sorprendió la cuidadosa crónica sobre Michel Houellebecq, suscrita por Graciela Speranza y, faltando poco, con una ilustración figurativa de Weil, que brindó la edición nr. 128 de marzo de 2000.

El autor  que muy difícilmente puede verse hoy en nuestras vitrinas, cuya obra goza de una justificada fama, añadida la referida al ascenso de un musulmán moderado a la presidencia de la República Francesa en 2022, ayer nos resultaba – sencillamente – familiar.  Precisamente, casi veinte años atrás, “Las partículas elementales”, su segunda novela, llamaba la atención entre nosotros, pudiendo leerse con toda  naturalidad y comodidad,  como no ocurre ahora con “Sumisión”, la última, publicada en 2015, u  otros de los géneros que ha cultivado, ya traducidos: nada casual, bajo esta prolongada dictadura.

CRISIS HUMANITARIA

Por ejemplo, Cayito y José
Luis Barragán

En una etapa no tan remota, la televisión local abrió las puertas de los hogares a una variedad de personas que también explicaban nuestra cotidianidad. Puede decirse, se sentaban en nuestra mesa a la hora del almuerzo y, ya en la noche,  en el sofá, nos entretenían e informaban, cerrando el espacio noticioso  con los hechos deportivos e internacionales, más la predicción del tiempo.

Cayito Aponte y José Visconti, fueron huéspedes recurrentes en casa. El uno,  extraordinario comediante y cantante lírico, mientras que, el otro, no menos extraordinario periodista que hizo de los eventos deportivos  ocasión para transmitir un terco mensaje de optimismo y cordialidad. Sin embargo, ahora vuelven a escena, a través de las redes sociales, pues, hospitalizados, respectivamente urgen de una intervención quirúrgica y de unas pastillas para la hipertensión arterial.

Significativo, la trayectoria de ambos cubre, incluso, el período dilapidador de las grandes bonanzas petroleras que emboscaron a Venezuela, pero siempre fueron personas serias, meritorias, respetadas y también comedidas ante el éxito alcanzado. Y, ahora, se encuentran en tan difícil trance, como el resto de la ciudadanía, amasados justos y pecadores respirando el  precipicio, entrampados en esta otra etapa saudita, la del siglo XXI aturdido por el grosero populismo y derroche gubernamental.

Identificados por las circunstancias, seguramente previsivos, la crisis de varios años acabó con los ahorros de toda una vida e, hipoteca aparte, no lograrán vender el apartamento o la casa, adquiridos con sacrificio y transparencia, para cubrir emergencia. Aquí ya nadie compra ni vende con facilidad un inmueble, pues, sumado el arrendamiento, el socialismo en curso desconoce de facto el derecho de propiedad privada, estremecida dramáticamente la economía que no autoriza la más modesta y limpia transacción.

Tratándose de dos personas tan prestigiosas y reconocidas, arrinconadas por momentos tan duros, nos es difícil indagar en torno a la situación de los ciudadanos comunes y anónimos que, por cierto, desesperan y desesperamos por unas pastillas – las de la tensión – de una modesta marca y precio que, devoradas por el mercado negro que afianza su cotizada escasez con el ya natural aliento y complicidad del régimen, nos condena a una injusta realidad. Por ello, rechazado el descalabro como hábito, debemos superar esta dictadura: así de sencillo.

LA ASTRONÓMICA DISTANCIA

De un breve saldo cultural: 1945 y 1999
Luis Barragán

Arribando a su 72º aniversario, la llamada Revolución de Octubre de 1945 sigue gravitando entre nosotros. Inicialmente creído como un golpe de Estado encabezado por López Contreras, resultó algo más allá que una escaramuza exitosa de las tantas que tejieron al país.

Hechos definitivamente históricos, añadida la tal Revolución Bolivariana, aunque insistan en darles una actualidad política que  no tienen, excepto se trate de la búsqueda de una identidad perdida, surgieron bajo el pretexto de – por lo menos – tres circunstancias:  la de atender la emergencia social y la de evitar una guerra civil, celebrando una Asamblea Nacional Constituyente.

El más modesto ejercicio, nos lleva a un dramático contraste: por una parte,  a partir de 1945, el relevante aumento de los ingresos   fiscales se tradujo en una mejoría de las realidades sociales, mientras que, comenzando en 1999, con el crecimiento fabuloso de los ingresos petroleros, esas realidades que muy poco alivio tuvieron,  a la postre se agravaron haciendose dramáticamente crónicas; por otra, la radicalización de las pugnas partidistas, pretendiendo Acción Democrática abusar de su hegemonía, produjo el golpe de 1948, y en todo el siglo XXI la pugnacidad y la hegemonía se han prolongado, con traición de la propia alternancia democrática del poder; luego, ambas experiencias pasaron por sendas asambleas constituyentes, la una de significativa dinámica que trascendió el propio ámbito político,   y  la otra, asfixiantemente dominada por el oficialismo, ya sabe del propio constituyente que violenta la Constitución que promovió. Sin embargo, colocamos nuestro acento en la faceta cultural de ambos regímenes.

En efecto, Venezuela empezó a encontrarse consigo misma y sus tradiciones, gracias al esfuerzo de Juan Liscano y su celebérrimo festival, por  lo demás, contando con élites políticas de una sentida inquietud intelectual, como la de los años ’40 del ‘XX. Esforzados en superar el positivismo dominante, convertido en activa ideología, se hizo muy vivo el debate plural en torno a nuestros valores y sus manifestaciones, añadida la vanguardia o las pretensiones de vanguardia artística que surgieron durante el Trienio.

Comparativamente, la presente centuria desmiente toda búsqueda y discusión de esos valores y sus expresiones, trastocados en una obscena propaganda ideológica que sortea el desastre burocrático-cultural generado, apelando al enfermizo populismo que caricaturiza los logros de los años ’40 que, en el fondo, permanecen como si fuesen una promesa incumplida después de más de medio siglo.  Una larga e inauditable gestión caracteriza a un siglo que se dijo prometedor, prevaleciendo la censura y ahogada toda creación artística, pues, ni siquiera hubo esbozo de un distinto fenómeno cultural como abundaron en décadas muy anteriores.

Dependiendo todo de la  maquinaria publicitaria de esta franca dictadura que nos orienta definitivamente hacia una sociedad ágrafa y conformista, extremando el culto a la personalidad, no existe nada equivalente – por lo  menos – a la Nueva Trova Cubana. Ese “hombre nuevo” que la consigna proclama, lo vimos con la injusta represión delatada también por la rapiña sistemática o desesperada de sus agresores, en el presente año.

Pendiente una mejor aproximación al país de mediados del ‘XX, por ejemplo, se extendió el joropo y “Doña Bárbara”  nutrió el imaginario social que ya había logrado impactar, bajo otros regímenes anteriores, radicalizado artificialmente durante la dictadura posterior, la de Pérez Jiménez, quien – Semanas de la Patria, aparte – trató de compensar la influencia de Gallegos con la contratación de “La catira” de Cela. No percibimos todavía que, por decisiva que fuese la presencia militar en la Junta Revolucionaria de Gobierno, la sociedad fuese espiritualmente militarizada: apenas, rindiendo tributo al 18 de Octubre,  hallamos marchas como la de Horacio Corredor Z. (Revista de las Fuerzas Armadas, Caracas, nr. 12 de 06/1947), cuyas partituras – puede decirse – son inéditas, pues, hay – en más de setenta años – incontables generaciones de venezolanos que las desconocen.

Huelga comentar sobre la militarización que hoy nos agobia, volviendo a sus orígenes marciales “Patria querida” que compuso Heriberto Maluenga para el batallón blindado “Bravos de Apure” en los ’70 del ‘XX.  Cantada públicamente por Chávez Frías, luego de 2012 se convirtió en un motivo regular de las movilizaciones electorales (http://www.correodelorinoco.gob.ve/hace-73-anos-nacio-compositor-%E2%80%9Cpatria-querida%E2%80%9D-heriberto-maluenga), gozando ahora  de una mayor divulgación como marcha militar.

Breve saldo cultural, una revolución de vocación civilista, con fortísimo componente militar,  y una revolución de vocación militarista que atrapó a incautos en el mundo civil, ofrecen un magnífico filón para la investigación en términos de política y realización cultural. Por supuesto, media una distancia astronómica entre Liscano y Farruco Sesto, emblemas irrefutables de lo que aconteció después de 1945 y de 1999.

16/10/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31060-1945-1999


Revista de las Fuerzas Armadas, Caracas, nr. 12 de 06/1947.

LA BUENA NOTICIA DE HOY

Evangelio Dominical: Boda
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el 28° Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A, correspondiente al domingo 15 de octubre de 2017.  La lectura es tomada del Evangelio según San Mateo 22, 1-14
"Conviden a la boda a todos los que encuentren"
¿A quién no le gusta ir a una boda?
A todos nos encanta. Curiosamente, Jesús también estuvo al menos en una boda, en la famosa boda de Caná. Y varias veces explicó con parábolas que su Reino era una boda. Se ve que le gustaba ver a todo el mundo feliz y contento.
Pero hoy cuenta la parábola de una boda con tropiezos en la organización de la fiesta. Y se la cuenta a los principales sacerdotes y fariseos de su pueblo allí presentes.
La parábola de la boda de hoy es de un príncipe. Su padre, el rey, envía invitaciones a muchas personalidades con mucho tiempo de anticipación. Una vez que el banquete está listo, el anfitrión manda de nuevo un recordatorio unos días antes.
Pero los invitados "no quisieron venir" (v. 3). No se excusan, sino que simplemente "uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos."
El rey manda matar a los ofensores y quemar su ciudad (v. 7), proclama como indignos a los primeros invitados (v. 8), y envía de nuevo a más siervos que inviten a la boda "a los que pasan por los cruces de los caminos..., a todos los que encuentren".
Los siervos reúnen a todos los que hallan "malos y buenos: y la boda se llenó de convidados" (v. 10). Todos alegres y con traje de fiesta, excepto uno. El rey le pregunta:
- "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?"
El otro se calla, y el rey manda echarlo fuera.
¿Qué simboliza esta parábola?
Hay una boda del Hijo de Dios con la humanidad, con la Iglesia, con cada uno de nosotros. Dios nos ama. Dios quiere nuestra felicidad por encima de todo. Y nos organiza un gran banquete.
Precisamente en la Primera Lectura de hoy, el profeta Isaías describe el futuro del pueblo de Dios como una gran comida preparada por Dios para su familia; una comida llena de risas, seguridad y abundancia. Y toda la familia está reunida en torno a la misma mesa. Es el banquete mesiánico, que es la expresión de la felicidad completa, que Dios promete a su pueblo y que constituye la meta de todo hombre y mujer.
Y Dios Padre invita una y otra vez a su pueblo elegido a participar en la celebración de la boda. Pero Israel maltrató y mató a los profetas y mensajeros.
Jesús sigue invitando a los jefes de los judíos de su tiempo, que escuchan su parábola.
Jesús me envía a mí también invitaciones por muchos conductos: por medio de los profetas, las circunstancias de mi historia, otras personas...
Lo curioso es que quienes no quisieron aceptar la invitación del rey, no eran pecadores, no estaban ocupados en actividades pecaminosas, sino que tenían ocupaciones decentes: fincas, negocios... Pero uno se fue a su finca, otro a sus negocios..
También a nosotros a veces lo que nos aleja del reino de Dios no es el pecado, sino las preocupaciones de la vida. No está mal estar ocupado con el trabajo, pero que esto no impida venir a Misa, no impida asistir a una celebración del Señor.
A veces no encontramos tiempo ni fortaleza para asistir a reuniones y hacer retiros, evangelizar, dar catecismo, visitar enfermos y necesitados.
Como muchos de estos invitados no vienen a la boda, le dice a sus mensajeros: "Salgan a los caminos e inviten a todos los que encuentren. Muchos son los llamados y pocos los escogidos". Ojalá que al final me decida a participar en el banquete, vistiendo mi mejor ropa y gozando durante toda la fiesta. Éste es el ejemplo que debo seguir.
Es más, me puedo convertir, con la gracia de Dios, en un mensajero que invita a otros, y hace que "la casa se llene" de invitados para satisfacción y alegría del Padre y del Hijo, y para gozo y felicidad de todos los comensales.
¿Qué significa el vestido de boda?
Una boda no es simplemente para comer y curiosear, sino para compartir en la alegría común. Uno está allí feliz y dichoso.
Si uno estuviera con cara triste, daría da la impresión de que uno está físicamente presente, pero se tiene el pensamiento en otra cosa; se está en la fiesta, pero no con espíritu de fiesta. En ese caso es mejor no estar en ella, pues la estropea y perjudica a otros.
En esta boda de la parábola estamos alegres por estar en la presencia de Dios, el rey de la creación, ante su majestad y porque Él nos ama y nos hace felices.
Por eso le damos a Él nuestro mejor comportamiento, nuestra mejor voz, nuestra mejor actitud, nuestra mejor ropa, nuestro mejor edificio. Cualquier cosa que nos ayude a honrar a Dios. A mayor gloria de Dios.
Si acepto la invitación, es para estar a tono en ella. Nos arreglamos y nos ponemos lo más elegantes posible para el momento. El vestido que lleve forma parte de la fiesta.
De hecho, la ropa en el Nuevo Testamento ha tenido varias simbologías: el vestido bautismal de Cristo (Gálatas 3:27), estar vestido del hombre nuevo creado según Dios (Efesios 4:24; Colosenses 3:10), vestirse con la compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia de quien pertenece al reino (Colosenses 3:12).
San Agustín pensó que el vestido simbolizaba la caridad cristiana (1 Corintios 13).
En general, se refiere a las buenas obras, a hacer la voluntad del Padre.
¿Cuál es la Buena Noticia de hoy?
1.Dios es rico en amor. Él nos organiza un gran banquete y una fiesta de bodas.
En la Escritura la imagen del banquete y de la comida, se repite muchas veces para comunicarnos que Dios quiere compartir con nosotros su amor y su alegría.
2.Dios invita a todos, a "todas las gentes", "todas las naciones", "toda la tierra".
Sólo quedan fuera los que no quieren entrar, los que no aceptan la invitación, los muy ocupados en sus negocios para escuchar al Señor.
3.El Reino de Dios está siempre de fiesta. Es la boda de su Hijo, y boda es igual a amor, alegría, familia, reunión, comida, vino, música, el encuentro cálido de seres humanos.
La casa de Dios no es sitio para caras serias. Es un sitio para celebrar, para disfrutar en compañía. La alegría es imprescindible.
4.Dios nos ha hecho de tal manera que necesitamos comer, pero las comidas son en compañía de otros. Son elementos de unión con los otros.
La comida en la mesa de la amistad es mucho más que llenar el tanque del cuerpo. Es el momento de compartir y conectar con los demás. No hay celebración sin mesa y comida. Y no debería haber un día sin mesa y comida compartida juntos, en familia.

Fuente:
Cfr.
Ilustración: Julio Pacheco Rivas (2003).

CUADERNO DE BITÁCORA

"Pasaportes vencidos tendrán una prórroga de dos años", refiere la nota noticiosa (http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=84007).  Nada se dice de los problemas suscitados por la repentina e interesada anulación del documento, o de otras manipulaciones de funcionarios que a nadie responden. Por WhatsApp, Eduardo  Martínez Diaz incurrió en el ingenioso comentario: ""Me imagino q pasará lo mismo con las actas de defunción. y por decreto la gente seguirá viva por dos años más". 


Tweed difícil. Sobre todo, porque todavía hay quien buscan una rentabilidad política de los desafueros evidentes del pasado. Y olvidan los actuales. Empero, la nota actualiza un asunto mil veces diferido por el debate público para diluirse y quedar en manos de las más distorsionadas versiones. Pensemos, por ejemplo, en la tragedia de El Amparo. ¿Se hizo justicia? ¿La harían - incluso - los victimarios que hoy integran la órbita oficialista? ¿Sólo la denuncia activa y arriesgada la capitalizó un sector "progre" de la oposición de los '80? Ojalá, algún día escriban Julio César Moreno y Edgar Barrios, lo que vivieron como parlamentarios que llegaron al lugar de los hechos y alzaron su voz, por entonces.

No tuvimos ocasión de asistir al foro "caldeano", aunque hicimos el necesario esfuerzo. Al parecer, por el testimonio de amigos que acudieron, fue interesante y relevante, nada sorpresivo. La actividad actualiza dos o tres preocupaciones básicas: la conducta de esta dictadura que padecemos en relación a los asuntos limítrofes, la posible evolución del diferendo con Colombia que está tratando de solventar sus problemas internos y el olvido generalizado de una materia que, no más ayer, aguijoneaba el ánimo - sobre todo - castrense. Por lo demás, concitando la unidad nacional, así se digan de las circunstancias en las que estaba Jaime Lusinchi al recibir la noticia, éste manejo con alto sentido de responsabilidad el problema sobrevenido 30 años atrás.

Siendo las 08: 29 PM de hoy, domingo 15, reeditamos la nota bitacoriana de esta mañana para referirnos a la jornada electoral de hoy, o, mejor, uno de sus aspectos. Ya fijamos nuestra hipótesis el día 12 de los corrientes (http://lbarragan.blogspot.com/2017/10/bloqueos.html), y todavía es demasiado temprano para verificarla. Empero, llama poderosamente la atención la reaparición estelar de Ramón Guillermo Aveledo y las distintas, como encontradas, reacciones que suscita. Esta rápida captura del Twitter, así lo ejemplifica. Acuerdo y desacuerdo, devoción y arrechera, se juntan con la rueda de prensa que él encabezara. A la vez, cual chivo expiatorio, digamos, preventivo, María Corina Machado recibe el injusto ataque de sus adversarios y enemigos, declarados o no, como el que, pasando por un análisis, miserablemente se ceba sobre la valiente referencia opositora (a la mano, el texto de un tal Stelling Cróquer: https://www.facebook.com/alberto01). !Qué tristeza de análisis! !Cuán descalificador es! Serán los hechos los que hablen al pasar el fulgor de las luces de bengala. En un mismo día, dos personas repiten esa suerte de círculo vicioso del maniqueismo.
(LB)

PROTECCIÓN

Una nota de Ramon Alberto Rivero Blanco

Hace 30 años, una pelusa, ya pasaron 30 años.... Nelson Delgado Peña, Pablo Amaíz y el que esto escribe protegíamos a CAP en su caminata a unas elecciones democráticas en Venezuela... Muchos hombres de bién también lo acompañaron... recuerdo a Campos Silva, Coromoto, Rocco, Soto, Murphy, Depablos, Homero Márquez, Sánchez Zamora, el Coyote, Narvaez, Pepe, Tabares, Tom, Marín, Sung, Salazar, Granados, Cortico, el Muñeco, Esteller, Cheo, Molina, Erasmo, Da Silva, Peñuela, Jackson y tantos otros que no me vienen ahorita a la memoria...

Fuente:
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10154748405500706&set=pcb.10154748417800706&type=3&theater

Breve nota LB: Comentado en anteriores oportunidades, el aporte de RARB, fruto de sus pacientes investigaciones y registros,nos parece invaluable en relación a la historia política venezolana y, en particular, a la de la Armada. Por lo general, no le coloca marcas de agua a sus importantes hallazgos, aunque nos parece recomendable que lo haga, respondiéndonos que son innumerables sus archivos, creyendo más relevante compartirlos.

Las gráficas en cuestión, seleccionadas dos, referidas a momentos de la vida pública del presidente Pérez y al desempeño de un personal leal, contribuyen a la reflexión histórica, evitando que desaparezcan para facilitar - así - las recurrentes e interesadas distorsiones.  Evitando extendernos, por lo menos, el contraste luce harto evidente: ayer se sabía de los profesionales de seguridad que no temían exhibirse y revelar sus identidades, mientras hoy nadie puede indagar al respecto y, mucho menos, expresar sus dudas sobre la nacionalidad misma de quienes velan por  los más altos personeros gubernamentales.

NOTAS ESEQUIBANAS


El Nacional, Caracas, 17/06/1981.


El Nacional, Caracas, 18/04/1981.


El Nacional, Caracas, 13/04/1981.

viernes, 13 de octubre de 2017

NAZOADAS


El Nacional, Caracas, 10/03/1978.


El Nacional, Caracas, 09/04/1981.


EN DOS TIEMPOS

EL UNIVERSAL, Caracas, 19 de diciembre de 2012
¿Delitos Electorales?
Alberto Arteaga Sánchez
Una y otra vez, por parte de voceros del CNE o de representantes de otros poderes públicos, se hace referencia a los "delitos electorales" que, inclusive, se cuantifican y se alude a operativos y movilización de funcionarios que intervendrían en caso de su comisión. 

Lo que no se precisa es la normativa que consagra esos delitos, limitándose las autoridades, después de la elección, a un vago recuento de algunas irregularidades o aislados detenidos por algún altercado o por la curiosa "ingestión" de un comprobante del voto. 

Todo parece indicar que, en definitiva, el comportamiento general de la ciudadanía es respetuoso de las reglas impuestas y difundidas, al menos en cuanto al acto mismo de la votación. 

Sin duda, operamos bajo la creencia de la previsión de normas penales que en realidad no existen y no le damos la más mínima importancia a conductas que afectan el proceso comicial y que si se encuentran previstas en las leyes venezolanas. 

De una parte, se impone resaltar que la Ley Vigente de Procesos Electorales de 2009, no contempla delitos electorales sino ilícitos administrativos dejando a una ley especial que no se ha decretado, como lo dispone el artículo 228 de ese instrumento legal, la regulación de la materia que sí se encontraba prevista en la derogada Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. 

Por lo tanto, desapareció el capítulo de los delitos electorales y no se ha discutido ni aprobado una ley que los contemple. 

Pero esto no obsta a que si se puedan aplicar otras normas vigentes contempladas en el Código Penal o en leyes especiales, como la Ley contra la Corrupción, por hechos concernientes a un proceso electoral. 

Ciertamente no están previstas ahora conductas específicas como el daño a las máquinas, el voto doble o el voto por un muerto o los atentados contra la libertad y secreto del voto, que antes se encontraban tipificados en la ley derogada, lo que obliga a aplicar las normas genéricas del Código Penal, cuando ello sea procedente, pero sí se encuentran previstos de manera clara y precisa hechos graves que afectan el proceso electoral y que caen bajo la Ley contra la Corrupción, como es el caso del favorecimiento electoral (artículo 68) o la utilización de recursos del Estado para fines proselitistas que sencillamente es una forma de peculado o de desvío de fondos públicos para fines particulares. Estas conductas, frente a las cuales los poderes públicos se hacen la vista gorda, constituyen hechos graves, inclusive considerados imprescriptibles por la ley especial, calificados como de lesa patria y amenazados con graves sanciones. 

Me parece extremadamente positivo el comportamiento cívico de la mayoría de los ciudadanos en el acto de votar y el cuidado del CNE y de los restantes poderes públicos por preservar el orden de los comicios; pero igualmente me parece extremadamente grave que otras conductas que sin duda afectan seriamente la trasparencia del proceso, la igualdad de los participantes, el respeto a la voluntad popular y la salvaguarda de los intereses del Estado, sencillamente no solo quedan sin sanción alguna, sino que ni siquiera merecen un asomo de investigación. 

Fuente:

EL NACIONAL, Caracas, 09 de octubre de 2017
¿Delitos electorales?
Alberto Arteaga Sánchez

El sufragio es un derecho que celosamente debemos cuidar en un sistema democrático, no solo en su materialidad, sino como forma de expresión libre de la voluntad ciudadana que se pronuncia así por quienes deben ejercer el mandato de servir en los cargos públicos.

La ley, por ello, se cuida de garantizarlo y con sobradas razones sanciona, incluso penalmente, conductas que desvirtúan su ejercicio libre, sobre todo ante perversiones y desviaciones propias de quienes detentan el poder y se aferran a este, en franco desconocimiento de las exigencias de un sistema de libertades.

Por ello, las normas que rigen los procesos electorales castigan las conductas que vulneran la transparencia de una elección, ante prácticas ilícitas que impiden el voto, pretenden desvirtuar su libre ejercicio o afectan las condiciones de igualdad, secreto y respeto absoluto a la voluntad de quien ejerce el derecho al sufragio.

La Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política de 1998 contenía una prolija enumeración de “delitos electorales” contemplados en una sección específica de ese instrumento normativo, además de la referencia a faltas o hechos punibles menos graves e ilícitos administrativos. Allí se preveían expresamente, entre otros, las conductas del voto doble, el voto por un fallecido o la obstaculización de la instalación o funcionamiento de una mesa. La vigente Ley Orgánica de Procesos Electorales de 2009 omitió la referencia a los delitos electorales, limitándose a los ilícitos administrativos y en el artículo 228 dispone que lo concerniente a los delitos y faltas electorales no previstos en el texto de la ley será objeto de regulación mediante ley especial “que no se ha dictado”, aunque ello no impide que se apliquen las normas generales del código penal u otras leyes vigentes, en la medida en que sean pertinentes o que los hechos encuadren en sus previsiones.

En particular, el decreto por el cual se reformó la Ley contra la Corrupción, de 2014, sanciona con pena de uno a tres años de prisión al funcionario público que abusando de sus funciones utilice su cargo para favorecer o perjudicar electoralmente a un candidato, grupo, partido o movimiento político (art. 70), norma groseramente violada, desacatada e ignorada sin que intervenga el Ministerio Público, a pesar de que el instrumento que la establece dispone que la comisión de los delitos que prevé esta ley se consideren de “lesa patria”.

Vemos, pues, cómo, de una parte, en la esquizofrenia nacional, unos delitos desaparecen, sin ley que ahora los establezca de manera expresa y otros aparecen descritos en forma precisa en leyes vigentes aunque, con valor simplemente simbólico. Para seguir con el mismo ejemplo, funcionarios públicos que solo están al servicio del Estado y no una de parcialidad política, como reza la Constitución, se sirven de su cargo para perpetrar evidentes acciones de favorecimiento electoral, ante los ojos de toda la colectividad, una vez más, víctima del abuso del poder.

Fuente:
Ilustración: Dumont, tomada de la red. 

FISIÓN

EL PAIS, Madrid, 17 de septiembre de 2017
PIEDRA DE TOQUE
La bomba de Kim Jong-un
Mario Vargas Llosa
 
Hijo y nieto de tiranos, tirano él mismo y especialista en el asesinato de familiares, nadie se preocupó demasiado cuando el joven gordinflón y algo payaso Kim Jong-un (tiene ahora 33 años y pesa 130 kilos) tomó el poder en Corea del Norte. Sin embargo, en la actualidad, el mundo reconoce que quien parecía nada más que un pequeño sátrapa mozalbete y malcriado ha materializado el sueño de su abuelo, Kim Il-sung, fundador de la dinastía y de Corea del Norte, pues tiene en sus manos la llave de una catástrofe nuclear de dimensiones apocalípticas que podría retroceder el planeta a la edad de las cavernas o, pura y simplemente, desaparecer en él toda forma de vida. Sin dejar de temblar, hay que quitarse el sombrero: ¡vaya macabra proeza!

Cuando en octubre de 2006 Corea del Norte llevó a cabo su primera prueba nuclear nadie le hizo mucho caso y los científicos occidentales ningunearon aquel experimento ridiculizándolo: tener bombas atómicas estaba fuera del alcance de esa satrapía miserable y hambrienta. Y, en todo caso, si las cosas se ponían serias, China y Rusia, más realistas que su perrito faldero norcoreano, lo pondrían en vereda. En aquella época todavía hubiera sido posible parar en seco a Kim Jong-un mediante una acción militar limitada que pusiera fin a sus sueños de convertir a su país en una potencia nuclear y sirviera de escarmiento preventivo al “Brillante Camarada”, como llaman los norcoreanos al amo del país.

Hoy día ya no es posible aquella acción militar, por más que el presidente Trump haya amenazado a Corea del Norte con “una furia y un fuego jamás vistos en el mundo”. Y no lo es por la sencilla razón de que, en primer lugar, aquella acción ya no sería “limitada” sino de gran envergadura —lo que significa miles de muertos—, y, en segundo, porque la respuesta de Kim Jong-un podría causar otra matanza gigantesca en los propios Estados Unidos, o en Corea del Sur y Japón, y quién sabe si desatar una guerra generalizada en la que todo el siniestro polvorín nuclear en que está convertido el mundo entraría en actividad. Perecerían así millones de personas.

Esta perspectiva parecerá absurda y exagerada a mucha gente racional y sensata, que está a años luz de ese joven extremista que goza de poderes absolutos en su desdichado país, y al que, probablemente, la condición de dios viviente a que ha sido elevado por la adulación y el sometimiento de sus veinticinco millones de vasallos hace vivir una enajenación narcisista demencial que lo induce a creer aquello de lo que alardea: que la minúscula Corea del Norte, dueña ahora de una bomba varias veces más poderosa que las que se abatieron sobre Hiroshima y Nagasaki, puede, si lo quiere, herir de muerte a Estados Unidos. Podrá no desaparecerlo, pero sí infligirle daños monumentales si es verdad que su bomba de hidrógeno es capaz de ser acoplada a uno de esos misiles que, por lo visto, ya podrían alcanzar las costas norteamericanas.

La racionalidad y la sensatez llevaron a los países occidentales a responder al desafío nuclear norcoreano con sanciones, que, aprobadas por las Naciones Unidas, han ido aumentado en consonancia con los experimentos nucleares de Pyongyang, sin llegar, sin embargo, por la oposición de Rusia y China, a los extremos que quería Estados Unidos. En todo caso, convendría reconocer la verdad: esas sanciones, por duras que sean, no servirán absolutamente para nada. En vez de obligar al líder estalinista a dar marcha atrás le permitirán, como las sanciones económicas de Estados Unidos a Cuba, que, al igual que lo hacía Fidel Castro, responsabilice a Washington y al resto de países occidentales de la penuria económica que sus políticas estatistas y colectivistas han acarreado a su nación. Pues, gran paradoja, las sanciones sólo son eficaces contra sistemas abiertos, donde hay una opinión pública que, afectada por aquellas, reacciona y presiona a su Gobierno para que negocie y haga concesiones. Pero, contra una dictadura vertical, cerrada a piedra y lodo contra toda actividad cívica independiente, como es Corea del Norte, las sanciones —que, por otra parte, jamás llegan a materializarse por completo, pues abundan los Gobiernos que las violan, además de los contrabandistas— no afectan a la cúpula ni a la nomenclatura totalitaria, sólo al pueblo que tiene que apretarse cada vez más el cinturón.
 
Quienes creen que las sanciones pueden amansar a Kim Jong-un citan el ejemplo de Irán: ¿acaso allí no funcionaron? Sí, es verdad, las sanciones hicieron tanto daño económico y social al régimen de los ayatolás, que la jerarquía se vio obligada a negociar y poner fin a sus experimentos nucleares a cambio de que las sanciones fueran levantadas. Aunque se trate en ambos casos de dictaduras, la iraní está lejos de ser un régimen unipersonal, dependiente exclusivamente de un sátrapa. Irán tiene una estructura dictatorial religiosa que permite una acción cívica, dentro, claro está, de los parámetros rígidos de obediencia a la “legalidad” emanada del propio sistema. En el mismo régimen hay diferencias, a veces grandes, y una acción cívica es capaz de manifestarse.

Si las cosas son así ¿qué cabe hacer? ¿Mirar a otro lado y, por lo menos los creyentes, rezar a los dioses que las cosas no vayan a peor, es decir, que un error o accidente no ponga en marcha el mecanismo de destrucción que podría generar una guerra atómica? Esto es, en cierto modo, lo que está ocurriendo. Basta ver la prensa. Si lo que está en juego es, nada más y nada menos, la posibilidad de un cataclismo planetario, el tema debería seguir ocupando las primeras planas y los comentarios centrales en el mundo de las comunicaciones. El experimento de una bomba de hidrógeno ocupa uno o dos días las primeras planas de los diarios y las televisiones; luego pasa a tercer o cuarto lugar y, por fin, un ominoso silencio cae sobre el asunto, que sólo lo resucitará con un nuevo experimento —sería el séptimo—, que acarrearía nuevas sanciones, etcétera.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? En muchísimos sentidos el mundo ha ido mejorando en las últimas décadas, dando pasos gigantescos en los campos de la educación, de los derechos humanos, de la salud, de las oportunidades, de la libertad, dejando atrás las peores formas de la barbarie que a lo largo de tantos siglos causaron sufrimientos atroces a la mayor parte de la humanidad. Para una mayoría de seres humanos, el mundo es hoy menos cruel y más vivible. Y, sin embargo, jamás ha estado la humanidad tan amenazada de extinción como en esta era de prodigiosos descubrimientos tecnológicos y donde la democracia —el régimen menos inhumano de todos los que se conocen— ha dejado atrás y poco menos que desaparecido a los mayores enemigos que la amenazaban: el fascismo y el comunismo.

No tengo ninguna respuesta a esa pregunta que formulo con un sabor de ceniza en la boca. Y temo mucho que nadie tenga una respuesta convincente sobre por qué hemos llegado a una situación en la que un pobre diablo seguramente inculto, de inteligencia primaria, que en las pantallas parece una caricatura de sí mismo, haya sido capaz de llegar a tener en sus manos la decisión de que la civilización siga existiendo o se extinga en un aquelarre de violencia.

Fuente:
Ilustración: Fernando Vicente.

HUELLA

EL NACIONAL, Caracas, 18 de septiembre de 2017
Alberto Krygier, humano y humanista
Atanasio Alegre
 
Es posible que una de las ventajas de escribir en un país donde se lee poco, sea encontrar lectores que cuando les gusta algo, traten de estar más cerca del autor, en el sentido de saber qué le movió a escribir algo que les haya resultado placentero. En cierto modo esto es lo que me ocurrió con una de las columnas de los sábados de Alberto Krygier en El Nacional hace algunos años. Me sorprendió el tema, en primer lugar, al exponer con la precisión con que lo hizo, la teoría de Popper sobre la falsación aplicada a la situación venezolana. Cuando pregunté a un colega si sabía quién era Krygier, me habló de la empresa Krygier y Asociados y como resumen afirmó que Alberto Krygier, como su presidente y fundador, se había convertido en un empresario de empresarios.

Pudo suceder que en alguna de mis conferencias en la Unión Israelita de Caracas o en el primer Congreso de Cultura Judía Latinoamericana que coordiné, nos estrecháramos la mano, pero hasta ahí. De modo que hasta 2003 no vine a entrar en contacto con Alberto Krygier y lo que ha sido para mí mucho más confortante, haber gozado de su mistad (SIC). Contaré cómo sucedió. Fue ese año de 2003, vencidas las vacaciones escolares, cuando el rabino Pynchas Brener decidió poner en marcha la Fundación Conciencia Activa, creando con el mismo nombre la revista que vendría a ser la expresión de los propósitos de la fundación: Conciencia Activa 21. El epígrafe de la misma rezaba: Ética y valores en un mundo globalizado. Dos contrafuertes de apoyo para la convivencia venezolana que, en vista de lo que comenzaba a suceder, amenazaban con ser derruidos a la larga, como así ha sido. Pues bien, entre los miembros de la junta directiva de la fundación y, en consecuencia, con un ojo abierto sobre la trayectoria de la revista, figuró hasta la extinción de ambas, la de la fundación y la de la revista, Alberto Krygier, once años después. Haber dirigido Conciencia Activa 21 durante todo el tiempo de su existencia fue, personalmente, un gran honor.

Sobre la marcha de la revista y dado mi aprecio por la preparación –digamos filosófica de Kygier– no fue poca la ayuda que de él recibí en cada número. De manera que media hora antes de las reuniones de los jueves, Krygier se adelantaba al resto de los miembros de la junta directiva y en ese tiempo considerábamos temas y problemas inherentes a su publicación.

Generalmente, se suele pedir consejo y seguirlo, a gente que sabe más que uno. Y este fue el caso de mi relación intelectual con Alberto. De tal manera que era un hombre que no necesitaba abrir la boca para que se notara su autoridad donde debía ejercerla. Su silencio frente a una actuación o frente a un escrito ya era de por sí elocuente. A ello hay que añadir la humildad, teñida de una discreción que viene a ser la del maestro que mientras más sabe, más trata de ocultarse personalmente detrás de su obra. Alguna vez, en confianza, llegué a preguntarle:

—¿Cómo has podido triunfar en un mundo como en el que te has movido, transformando la agresividad del oficio en un asunto de cortesía?

—He tenido suerte de rodearme de buena gente.

Cosa que así pudo haber sido, pero tal vez saber elegir es uno de los logros más importantes de un hombre de empresa, y si me apuran un poco, el de cualquier actividad en la que se necesite la colaboración de los demás. Y eso fue también Alberto Krygier, un hombre que supo elegir –elegir, es siempre elegir entre contrarios– y él no solo lo hacía, sino que el éxito residió en su capacidad para ayudar a los demás a hacerlo sin que el afectado lo notara, de la misma manera que uno lleva el brazo derecho sin sentirlo. Y esto es lo que le convirtió en un hombre de criterio.

Me referí a la huella que fue dejando por donde quiera que pasó: por los centros de estudio en los que fue profesor, dentro y fuera de Venezuela, algo que supuso en sus años de juventud una exquisita formación, tanto en Cuba de donde procedía, como en otras universidades norteamericanas y donde tal vez germinó ese liderazgo como líder universitario, reflejo del que ejerció en la comunidad israelita de Caracas. Algunas veces, al tratar de traducir el término, tan de moda en el lenguaje alemán actual –el vocablo Gelassenheit– cuya traducción como serenidad en español no lo dice todo, he pensado en que tal vez estaría mejor la palabra sofrosine, en desuso hoy por su fuerte sabor a griego clásico. Es una palabra que, además, de hacer un guiño a la sabiduría, quien posee la sofrosine no puede por menos de comunicarla como sabiduría. Cuando aparecieron sus dos obras: Cultura corporativa y La década sin nombre, que recogen la larga labor de Krygier como articulista y ensayista, mayormente, durante toda su permanencia en Venezuela, apunté en los dos prólogos que se trataba de eso: sabiduría comunicable, que convertían, en consecuencia, a su autor en el humanista humano que fue, con los suyos y con quienes tuvimos la fortuna de estar, de una forma o de otra, a su lado.

Pero ya Láquesis, una vez más volvió a abrir, este infausto 10 de julio del año que corre, los portones de la muerte para que Alberto Krygier penetrara en la sombra del más allá donde todo acaece y de lo que nada se sabe, dejando abierto ese terrible interrogante de qué es lo que perdimos con su ausencia.

Fuente:

CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

EL UNIVERSAL, Caracas, 11 de octubre de 2017
Utopías y distopías
Alfredo Toro Hardy

La revolución tecnológica que pronto lo transformará todo ha recibido diversos nombres. The Economist la bautizó como la nueva explosión cámbrica, aludiendo al momento en que quinientos millones de años atrás, las formas primarias de vida aparecieron en el planeta. Klaus Schwab la llama la Cuarta Revolución Industrial. Sea cual sea el nombre que se le dé, su significado reside en el avance exponencial que la impulsa.

Para entender este último concepto, identificado con la duplicación de su capacidad en cortos períodos de tiempo, leamos lo dicho por Ray Kurzweil uno de los padres de la Inteligencia Artificial: “La secuencia del genoma humano se inició en 1990 cuando se pudo pasar revista a una diez milésima parte de éste, llevándolo a dos diez milésimas partes al año siguiente. Dicha secuencia llegó a 1 por ciento luego de 7 años y medio de iniciado el proyecto. Muchos dijeron en ese momento que se trataba de un fracaso pues a ese ritmo pasarían 700 años antes de concluirlo. Lo que no se daban cuenta es que ese 1 por ciento sólo tenía que duplicarse 7 veces para llegar a 100 por ciento y dado que la secuencia se duplicaba cada año, el proyecto genoma pudo concluir 7 años después” (Leia Parker, Silicon Valley Business Journal, September 6, 2016).

Algo similar ocurre con la tecnología solar. Según refiere Kurzweil en la entrevista anterior, ésta representa sólo 2 por ciento de la energía del mundo, razón por la cual es vista como insignificante. Lo que la gente no toma en cuenta es que a una duplicación de su capacidad cada dos años, como es el caso, 2 por ciento está apenas a 6 duplicaciones de distancia de 100 por ciento. Es decir dentro de 12 años el mundo podría estar en capacidad de suplir la totalidad de sus necesidades energéticas por vía del sol.

Esta capacidad de abrir horizontes inéditos al costo de una incertidumbre también inédita entusiasma y espanta. No en balde en el Foro Económico de Davos de 2016, los debates sobre la Cuarta Revolución Industrial fueron encuadrados bajo la dualidad “utopía” o “distopía”. La noción de utopía, valga recordarlo, fue acuñada por Tomás Moro en el siglo XVI y se identifica con una sociedad perfecta. La de distopía, proveniente de John Stuart Mill en el siglo XIX, evoca la idea de una sociedad opresiva en la que el ser humano se ve acorralado. Ejemplo clásico de un libro utópico, siglos antes de que el concepto mismo fuese inventado, es la República de Platón. Ya en tiempos recientes una amplia literatura nos presenta ejemplos de sociedades distópicas. Un Nuevo Mundo Feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury caen allí.

Entre los que visualizan la revolución tecnológica bajo la óptica de la utopía se encuentran Ray Kurzweil así como la institución académica por él creada, la Singularity University. Para éstos los grandes avances que se avecinan en áreas tan diversas como lucha contra las enfermedades, energía limpia o ciudades inteligentes permiten avizorar un futuro cargado de esperanza. Otro tanto señala Kevin Kelly en su obra The Inevitable, para quien nos encontramos a una década de la cura del cáncer o de la eliminación de los accidentes de tránsito. Peter Diamandis y Steven Kotler en su obra Abundance nos hablan de un mundo caracterizado por la abundancia. También eso cree el connotado futurólogo Jeremy Rifkin. Según éste el mundo avanza hacia una aldea comunal global de energía abundante y costos insignificantes, en la que el ser humano verá potenciada su capacidad creativa.

Los que identifican la revolución tecnológica y particularmente la Inteligencia Artificial bajo la distopía, son también figuras de mucho peso. Entre ellos Stephen Hawking uno de los mayores científicos de nuestro tiempo, Elon Musk pionero del automóvil sin chofer y de la nueva tecnología espacial y el propio Bill Gates. Para éstos el riesgo reside en que el ser humano no logre controlar sus propias creaciones y quede sometido a la dictadura de las máquinas. Se trata de una visión cónsona con 2001 Odisea en el Espacio, Terminator o Matrix. Sin llegar tan lejos, Martin Ford en Rise of the Robots o Yuval Noah Harari en Homo Deus visualizan a una sociedad signada por la exclusión, el desempleo y la regresión social. En ella una pequeña camada de billonarios, en control de la tecnología, vive aislada. El símil sería aquí con una película protagonizada por Matt Damon hace un par de años: Eliseum.

Lo cierto es que la Cuarta Revolución Industrial no puede pintarse en blanco y negro. La cura del cáncer, por ejemplo, deberá colocarse en la balanza con un desempleo masivo y estructural. Lo único que sí constituiría un peligro absoluto y no redimible sería la posibilidad de que las máquinas, al igual que el Skynet de Terminator, tomasen el control del planeta. No en balde en una famosa carta abierta de marzo de 2014, firmada ya por más de ocho mil científicos y empresarios de la tecnología del más alto nivel, se hace un llamado a no dejar que la tecnología salga del control humano.

Fuente:
Ilustración: Dumont.

jueves, 12 de octubre de 2017

VIEJA (Y SORPRENDENTE) CRÓNICA

Exceso, Caracas, nr. 128 de  marzo de 2017.

BLOQUEOS

De la crisis institucional  en  dictadura
Luis Barragán

Asistimos a una crisis institucional del régimen que aspira a su definitiva consolidación como una dictadura – no redundamos – irrefutable que cuente con el reconocimiento de la comunidad internacional, por el mínimo y suficiente cumplimiento de ciertas formalidades democráticas, pues, al fin y al cabo, Cuba tiene las suyas, y – a la vez – le permita diligenciar  los recursos financieros que les son tan indispensables para su mera supervivencia: acceso al mercado de las armas, publicidad gubernamental y puntual cumplimiento del servicio de la deuda externa. Y es que, como ocurre con toda dictadura que ha transitado la etapa bonapartista (*), tarde o temprano tendrá que afrontar el caos social y económico que ha generado y agravado, agotado como una herramienta favorable a sus objetivos tácticos.

Significa zanjar las diferencias, negociando y pactando una convivencia estable, entre las distintas e inevitables corrientes internas del poder establecido, procurado el definitivo del dominio del madurismo que ejerce el mandato real de una tal constituyente ideada como un instrumento algo más que complementario. Se abre paso el potencial relevo de los venideros años, capaz de relegar al ya viejo sector militar del PSUV,  olvidado el que soportó al MVR-200, hoy concedidos determinados poderes de negociación  a quienes, años atrás, desempeñaban roles secundarios.

Relevo que pasa del solo dominio de los resortes ministeriales, velando por una retaguardia burocrática, que ahora se exige como vanguardia política, añadido el pronto regreso al poder, emulando más al sandinismo que al peronismo, en el caso de cualquier eventualidad. Luego, la crisis es la del reacomodo al interior de una tripulación que amplía la cabina para el relegamiento de los otrora copilotos, como sucedió con Luis Alfonso Dávila y sucederá con Diosdado Cabello, ya expulsados Jorge Giordani o Héctor Navarro, so pretexto de una carta de navegación vedada a la discusión.

Además, sin que la hipótesis  implique  desmotivación alguna, pretendiendo  aleccionarnos respecto a la capacidad de incurrir en un masivo e impune fraude, como acaeció el consabido 30 de julio, el relevo dice ostentar un poder originario a través de la tal constituyente, aplaudiendo la faena de los comicios regionales reducidos a la única selección de los gobernadores, luego de empujar a una oposición que decidió concurrirlos inconsultamente. Negada la MUD como una instancia de colegiación, celebradas luego unas  primarias de un curioso carácter censitario, sectores de la oposición probarán suerte en unas elecciones sesgadas, semicompetitivas y, por consiguiente, de resultados no garantizados.

La dictadura que, por siempre, se ha dicho participativa y protagónica, ensaya una modalidad de coexistencia de las propias tendencias que la informan, pues, no ha existido jamás un tránsito inocente por el poder, deseándolas regladas por la tal constituyente que también espera por los recursos que afanosamente buscan en el exterior, aspirando a competirlos gracias a la sobrevenida facultad de sancionar el presupuesto público nacional. Dándole algún piso social, surge el nuevo clientelismo a la sombra de las cajas del CLAP, curioso soviet de  los días que transcurren, afincado más en una modalidad de negocios y de la violencia que en su fuerza y eficiencia movilizadora.

La necesidad es la de mantener un conflicto de distintas intensidades, con los adversarios reales o imaginarios trastocados en el enemigo común del antiguo populismo de movilización, sumados los lacayos del imperialismo; asestarle un duro golpe a la unidad opositora, soslayando la vigencia y consumación de los resultados del plebiscito del 16 de julio próximo pasado; y, a la vez, minimizar los riesgos de una creciente deslegitimación, convidándola a unos comicios que acredite una diplomacia que no cuenta, precisamente, con agentes de una comprobada destreza política.

El reto de la dictadura está en lograr su aceptación resignada, comprometida a no expandirse como la cubana posterior a los ’70 del ‘XX, porque – objetivamente – Maduro Moros dista demasiado de Chávez Frías,  ya no dispone de los recursos petroleros que sorteó en el continente, ni el respaldo militante de los gobiernos de Brasil o Argentina, excepto pise más a fondo el terreno delictivo de la comercialización de las armas, las drogas, la manipulación financiera o el terrorismo mismo. Esa resignación tiene una menor significación interna, revalidada por la feroz censura y represión, aguijoneando las rivalidades de una oposición que ayuda a la superior aglutinación política y, acaso, cohesión social de los sectores oficialistas en una forzada y permanente tregua.

La tal constituyente, cual soviet supremo, multitudinario e inoperante, le confiere al relevo una mejor posición para afianzar la fusión PSUV-Estado, reforzando la esfera ministerial, compacta y presupuestada, cuya promesa es la de moldear una institucionalidad en la que quepan todos los afectos. Nada fácil la fusión definitiva, habida cuenta del rol estelar de la corporación castrense, debilitada la petrolera con sus tecnócratas de ocasión, es de suponer que la encabezará – hasta nuevo aviso – Maduro Moros ad infinitum, junto a sus inmediatos colaboradores o elegidos llamados – de plantearse – a la sucesión, forzando a sus más cercanos seguidores a desempeñar una  influencia similar a la de unos señores feudales que sólo velan por sus intereses e, impedidos de transitar libremente el globo terráqueo para los que le sobra dinero, por su propio pellejo.

La redistribución interna de poderes dista de la que hizo Chávez Frías, heredero de las vetustas prácticas del engranaje clientelar y prebendario que supuso la aceptación e incómoda convivencia con factores o grupos sociales y económicos de presión, hasta amilanarlos sin que  jamás los reconociese como actores públicos.  El actual reparto obliga a una simplificación de las instancias de poder, dejando atrás el inútil, complejo y costo dispositivo de gobierno que bien lo ejemplifica el sistema de vicepresidencias ejecutivas, ministerios y viceministerios, protectorados y empresas diversas, fungiendo las embajadas y consulados como medios de compensación personal.

Los resultados de las próximas elecciones regionales, como de las sucesivas que la experiencia autorice, tenderán a preservar una ficción de equiparación de fuerzas, aunque se diga competitiva la dictadura sobre la cual pesa más del 90% del rechazo de la población. Pudiendo excederse más de lo que efectivamente hizo el 30 de julio, cuidó de la polarización estratégica que, insistimos, la compacta ante los adversarios que terminan confundidos, a la vez que la ayuda a maquillarse en los foros internacionales.

Bastándole la formal selección de un número conveniente de gobernadores de oposición, además, los capacitará para rivalizar con  sus referentes nacionales y, aún no seleccionados, de influirlos decisivamente, pues, saldo de la derrota, los habrá consagrados como interlocutores o líderes regionales que posiblemente probarán a la posterior ocupación de una importante alcaldía.  Desactualizada la representación, la postergación de los comicios para los legisladores regionales y concejales, no sólo asegurarán el adicional control de los futuros gobernadores y alcaldes, sino que facilitarán la emergencia de una dirigencia de la oposición local que, en aprietos, no tendrá adversarios cercanos y calificados en sus propias filas.

Aceptando la antigua jerga, poco importará la dramática separación entre el país nacional y el país político, tras avivar una polarización artificial que se traduzca en un modelo de usos múltiples: la cohabitación que, negociaciones por delante, garantice el predominio madurista y, a la vez, ofrezca garantías de supervivencia a sectores de la oposición que, por ahora, la inhabilitación administrativa ensombrece o puede ensombrecer, torpedeada por la anulación frecuente del pasaporte. El reconocimiento de la tal constituyente con el respeto provisional de la Asamblea Nacional, ofrecen una de las variadas pautas de utilidad para el poder establecido que ha sido eficaz en la administración del conflicto.

La crisis nos remite a la de la propiedad institucionalidad del oficialismo en su definitiva fusión con el Estado, siéndole indispensable una oposición que ayude a moldearla. En la era del post-bonapartismo, sabe muy bien que, salvo la pólvora, carece de los recursos materiales y simbólicos necesarios, desconfiando del soporte social que descansa en un lumpemproletariado que, como todo aquel que se precie, tiene por vocación el oportunismo y la deserción.