lunes, 21 de marzo de 2016

LUMINOSIDAD DEL VERBO

(Des) confianza en la palabra
Luis Barragán


Una sociedad que no habla libérrimamente, temerosa de la menor persecución y castigo, está condenada a la descomposición. La palabra simulada, la que esconde razones y emociones, ideas y vivencias, no es palabra.

Abrumada de silencios que las estridencias ocasionales traicionan, el poder establecido golpea a la sociedad que lo reconoce y acata por su desconfianza en la argumentación coherente y fundamentada. Sembrada esa desconfianza, se envalentona frente a la mudez y el miedo de una ciudadanía que la desea como un mero dato estadístico de provecho político y crematístico.

Poder político que ha pretendido aniquilar el verbo, prefiriendo impartir las órdenes por señales y, a lo sumo, con los escasos caracteres impuestos en las redes sociales, es el que desconfía de cualquier tentativa de motivación, de explicación, de razonamiento, de comprensión. Ni siquiera la Gaceta Oficial es portadora de una noticia razonada, sino simple y tardía formalidad para las decisiones ya tomadas y ejecutadas.

Por ello, entendemos – por ejemplo – la pesadez e intolerancia que la academia suscita en el gobierno nacional, porque no se entienden las universidades sin la  palabra. Y, además, a propósito de la Semana Mayor,  el púlpito – otro ejemplo - que sea capaz de generar una pedagogía del entendimiento, por lo menos, con las homilías dominicales, es letal para los gobernantes.

Creyentes o no, acercarse a una misa católica, como al oficio de las otras creencias organizadas, ilustra la indispensable confianza que la palabra puede generar cuando es pronunciada con la sobriedad y hasta el humor que la acreditan, susceptible de la reflexión y polémica. El régimen nos prefiere mudos, repetidores de consignas,  propagandísticos y obedientes, por lo que sospecha de toda disertación que sea tal, incluyendo, la del Cristo liberador.

Intervención: Patricia Van Dalen.


21/03/2016

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