viernes, 14 de noviembre de 2014

TIMBRES

Filatélicamente, suyo
Ox Armand


Es de suponer que la colección de estampillas postales es una necedad en la era de los correos electrónicos. Atrás quedan los viejos afanes, incluyendo una extensa bibliografía alusiva al tema. No olvidemos que, antaño, era frecuente una sección especializada en periódicos y revistas para una afición que, inadvertidamente, trepaba la especialización por las características técnicas, edición, diseño, motivo, corte, tinta, dimensión y hasta oportunidad de los sellos que adquirieron una alta cotización por sus errores. Pero también vale la suposición de los altos precios que la práctica “prehistórica” tiene, cuando es poca la atención que el gran público le dispensa. Alguien dirá que las leyes de la economía se imponen y el ejercicio sagaz del anticuario conquista una relevante importancia en países de reconocido desarrollo tecnológico.

En nuestro país de una interconectividad tan precaria, el correo postal está olvidado. E, incluso, injustificadamente, habrá quien clame por la liquidación de IPOSTEL y la aparente deslegitimación de la correspondencia y de los bultos intercambiados por el sector privado. La edición de las estampillas, a objeto de reforzar el ánimo de la burocracia respectiva, tiene por privilegiado motivo a Chávez Frías, sin que – por ahora – sepamos que el sucesor diligencie un propio sello. La cada vez más escasa correspondencia, transportada por avión y ya ni siquiera personalmente entregada por el cartero, un oficio extrañísimo y hasta del costumbrismo rural, se dirá, frente al impactantemente urbano de los días que corren, relega a la filatelia al rincón del desprecio por lo exótico que a las nuevas generaciones puede parecerle, si se entera del asunto. Sin dudas, de haber gozado IPOSTEL de una mayor importancia politica y presupuestaria, sus directivos serían grandes figuras nacionales con la sola edición de estampillas chavo-maduristas. Cosa que no ha ocurrido ni ocurrirá. Mientras tanto, ese trocito de papel engominado queda, como el Correo de Carmelitas, como un gracioso dato costumbrista y, quien sabe, como una posibilidad de los grandes coleccionistas foráneos.

Reproducción: Élite, Caracas, nr. 583 del 14/11/1936.

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