jueves, 30 de mayo de 2013

CAZA DE CITAS

"Una parte no pequeña de lo que suceda en el futuro de nuestra vida cotidiana depende de la anchura de banda que podamos utilizar en las telecomunicaciones"

Juan Luis Cebrián

("La red", Punto de Lectura, Barcelona, 2000: 260)

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Pedro Pablo Aguilar y el caso Marta Sosa. El Nacional, Caracas, 16/05/1969.
- Rodolfo Serradas. "LLanto y renuncias en COPEI produce designación de líderes juveniles". El Mundo, Caracas, 01/11/65.
- Simón Sáez Mérida. "La izquierda y la política universitaria". El Nuevo Venezolano, Caracas, 03/07/81.
- Abdón Vivas Terán. "Los partidos políticos". El Diario de Caracas, 16/04/86.
- Pedro Rojas. "Las patotas se defienden". Momento, Caracas, nr. 573 del 09/07/67.

Fotografía: Reseña. El Nacional, Caracas, 31/10/1966.

Nota LB: Un reto para los historiadores y politólogos el de examinar la trayectoria de las juventudes políticas en Venezuela, incluída la manifestación típica de los sesenta, las "patotas" (si de la representación social y canalización de la inconformidad, nos referimos).  Alianza Popular Independiente (API), fue un partido fundado por José Ángel Ciliberto, quien después regresó a Acción Democrática y fue, además, ministro de Jaime Lusinchi. ¿Era natural contar con una entidad juvenil del partido? Parece que estaba en la estructura narrativa de las cosas.

TIEMPOS DE JUVENTUD

Tres notas pueden deducirse de esta fotografía: 1) la propia existencia de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), como institución estable del partido; 2) la identidad demócrata-cristiana, allende la frontera; 3) la paciente formación del relevo político, lo que frecuentemente evita la improvisación.  Con la vista puesta en el país de hoy, emergiendo el régimen dizque novedoso que le tocó abrir las puertas del siglo XXI, todavía asistimos a un grave quebrantamiento. Y esto ha significado, un no menos grave retroceso que obligará a refundar la política en Venezuela (y quien dice política, dice política democrática), con el correspondiente relacionamiento y la obligada redimensión del compromiso ético.

LB

Fotografía: Con su venia, tomada del Facebook de Gehard Cartay, quien escribió: "Una vieja foto de mi archivo personal: Rafael Llorens del Toro, Gehard Cartay Ramírez, Ramón Guillermo Aveledo y José Miguel Fritis, de la Juventud Demócrata Cristiana de Chile, cenando en el restaurant 'El Pollo Dorado', en Santiago de Chile. Agosto de 1972".

RESEÑA

SOL DE MARGAITA, 28 de mayo de 2013 
Entre gripe y suciedades
Es aconsejable que uno de los dos libros sea una novela, para dejar que los personajes con su mundo de ficción se apoderen de nuestro ánimo y activen esos mecanismos ocultos o ignorados, que son recursos para la sobrevivencia dentro de la realidad que nos circunda.
Rafael Di Prisco

Para quien disponga de la posibilidad de mantener la lectura como refugio de un mínimo equilibrio emocional que le permita neutralizar la violencia de la vida cotidiana, sobre todo en estos angustiosos días de depredación socialista, además de la prensa diaria -que para algunos puede ser hasta motivo de mayores conflictos- es aconsejable hacer un esfuerzo para poder leer, por lo menos, dos libros diferentes en relativa simultaneidad; es decir, un libro se podría destinar para su lectura durante horas del día, mientras el otro se reserva para las noches, en ese lapso previo a conciliar el sueño, y luego llenar el tiempo de insomnio, que siempre fastidia a partir de cierta edad, ¿verdad? No es difícil, y es una práctica que ayuda mucho.
Es aconsejable que uno de los dos libros sea una novela, para dejar que los personajes con su mundo de ficción se apoderen de nuestro ánimo y activen esos mecanismos ocultos o ignorados, que son recursos para la sobrevivencia dentro de la realidad que nos circunda. Eso, como una cuestión previa de carácter general. Luego, cada quien escoge sus autores y los libros que le llamen la atención.
Otro refugio válido -más a la mano, y de mayor riqueza sentimental, tal vez- es la música, bien sea popular, folclórica o clásica. No es necesario que sea el barroco del divino Vivaldi, inclusive en la voz de la Bartoli, el complaciente Mozart o cualquier otro de los grandes del romanticismo como Beethoven, Tchaikovsky o hasta un nocturno de Chopin. Puede ser cualquier canción, una melodía cualquiera, por ejemplo, algunos de esos lacrimosos boleros de los viejos tiempos que cantan al despecho, en la interpretación de Manzanero, Sadel, el Trío Los Panchos o el buenmozo y seductor Luis Miguel, a menos que usted sea uno de esos nostálgicos empedernidos que prefiere la vieja versión de Pedro Vargas.
Lo que sea, pero lo importante es no dejarse arrastrar ni salpicar por la maloliente marea de los vientos “silvadores” ni permitir que la angustia por el desabastecimiento de “papel tualé” se convierta  en peligrosa depresión y completa pérdida de la fe en la democracia. Ahora se comprende mejor la preocupación del señor ministro en importar rápidamente el “papel tualé” porque posiblemente temía por las consecuencias del conocimiento público de la escandalosa conversación entre el vocero revolucionario y el agente cubano.
Por lo que a mí se refiere, ya estoy inmerso en mis dos libros: Permítanme contarles, de Paulina Gamus y La carta esférica de Arturo Pérez Reverte. Aunque publicado hace cinco años, se me había escapado en el inevitable pequeño desorden de mi cueva, escondido entre otros libros de la estantería; y como en todas las novelas del afamado escritor español uno no puede sustraerse a la enorme atracción personal que ejercen personajes y trama. En esta oportunidad, Coy -que así se llama el personaje masculino central, marinero sin barco, pero con título de primer oficial de marina mercante, con experiencia también de buceo en profundidades hasta de cuarenta metros- se está preparando lentamente para sumergirse en las aguas del Mediterráneo, en la búsqueda de no se sabe todavía muy bien lo que el otro personaje principal, -una atractiva mujer, por supuesto- quiere sacar de las profundidades marinas. Voy aproximadamente por la mitad del libro de 590 páginas, pero ya se sugiere que en el fondo del mar puede haber una caja llena de esmeraldas colombianas “tan grandes como una nuez”, que en 1767 un bergantín de la Compañía de Jesús traía desde el Nuevo Mundo para emplear en una oscura negociación con la corona española; pero los cañones de un navío pirata se interpusieron en el camino y lo hicieron naufragar frente a las costas andaluzas.
Entonces, ¡a meterse dentro de la escafandra de Coy! El otro procedimiento para ampararse de las malolientes salpicaduras, es haber desarrollado piel de paquidermo, para lo cual se necesitan muchos años. Y como ahora viene también la amenaza de “gripe china”, pues, a ¡cuidarse!, tanto de la podredumbre como de la gripe.

OTRA RESEÑA

Crítica Contemporánea, Caracas, nr. 01 de 1960

¿CUÁL ABSOLUCIÓN DE LA HISTORIA?

El falso historiador
Hermann Alvino  

Aclaremos primero algunos conceptos: Fidel no es un héroe latinoamericano que se enfrentó al imperio gringo, él es solo un dictadorzuelo astuto y cruel que supo engañar a mucha gente, que chuleó a los soviéticos durante décadas sin ningún beneficio para su pueblo, y que ahora chulea a los venezolanos, porque éstos tienen un régimen que los ha traicionado desde el primer dia.
Tampoco el Ché es un héroe; él solo fue otro que también realizó su traición particular, como fue cargarse su juramento de médico, para asesinar en vez de salvar vidas. Olvídense de sus gestos heroicos, porque él también fue un tonto a que se dejó engañar por Fidel. Y olvídense también de sus escritos, pues son famosos gracias solamente la propaganda marxista. No valen nada.
Ni tampoco Stalin fue un héroe, ni padre de la patria; él fue uno de los tres mayores asesinos de la Historia, quién además de sufría delirios persecutorios con los que se cargaba a todo lo que se moviese durante en esos momentos particulares. Un borracho además, cuya obra literaria es basurita, aunque la estudien los ñángaras y chavistas criollos, lo cual no da una idea de su preparación.
Mucho menos lo fue Mao, pues él también está en el podio de los asesinos (el tercero que falta es Hitler, y todos concordamos en que tampoco fue un héroe). Mao fue un tipejo al que le gustaba la buena vida y las jovencitas, obtenidas, claro está, como dación al amo feudal. Arruinó a su pueblo con sus saltos ideológicos, sembró el terror, y corrompió a tal punto las instituciones que su país aun no logra salir de esa plaga.
Tampoco fueron héroes Ghedaffi, ni Perón, ni Pinochet, ni Pérez Jiménez, ni Ortega, ni los miembros de la dinastía coreana Kim, ni Khomeini, ni mucho menos dictadorzuelos como Mugabe. Aunque es cierto que todos han dominado a sus respectivos pueblos, y varios llegaron al poder expulsando dictadores -para luego sustituirlos- o expulsando fuerzas invasoras. Pero cierto es también que hubiesen podido gobernar sabiamente para darle paz y prosperidad a sus pueblos, porque el poder para hacerlo lo tenían, y hasta hubiesen podido sembrar las bases para un futuro con instituciones sólidas, no personalistas, abiertas a la libertad y a la justicia por el bien de sus ciudadanos.
En cambio se dedicaron a matar, a gozar de dinero malhabido, a desarrollar al limite sus perversiones, y a destruir el espíritu de sus súbditos. Y casualmente, todos ellos han sido admirados por Chávez, Maduro, o Cabello; y varios de ellos han sido premiados con el máximo honor patrio cual es la espada del Libertador. Menuda gentuza con la que el régimen ha asociado al país, teniendo tantos héroes de verdad, tanto del intelecto como de la guerra, del espíritu como de la acción, como por ejemplo Mandela.
La lista de héroes de mentira es infinita, porque basta que algún imbécil esgrima la hoz y el martillo para que de inmediato el aparato de propaganda global se ponga en marcha para inventarle virtudes al tonto de turno. Pero eso es culpa del Occidente perezoso que se olvidó del combate cultural gracias a la buena vida que tuvo a partir de 1945, para así dejar el terreno libre a todo tonto izquierdoso que presuma de editor o crítico.
Y ha sido esa misma maquinaria propagadora de la falsedad la que ha vendido la idea de que Chávez es un héroe, un libertador de los pobres, cuando la realidad es que ese indivíduo, mientras gozaba de la buena vida con dinero ajeno, se dedicó a desplegar todo su resentimiento hacia sus adversarios, reales e imaginarios, mientras arruinaba a su país por varias generaciones tanto en lo material como en lo espiritual.
No, Chávez no fue un héroe, a pesar de lo que predique la intelectualidad de izquierdas tanto en Venezuela como en esa Europa cargada de izquierdosos cínicos e hipócritas, que exaltan autócratas y asesinos de países donde ellos mismos no vivirían ni si les pagasen generosamente todos los gastos. Chávez por lo demás no fue engañado por Fidel como lo fue el Ché, sino que él sabía muy bien lo que estaba haciendo cuando le abrió la puerta a los cubanos: disponer de una guardia personal que le garantizase su seguridad personal a cambio de permitirle mano suelta con las riquezas del país a los invasores. Y eso no es ser héroe sino traidor a su patria, categoría que también tienen quienes están al frente del régimen en la actualidad.
Con todo, esos apologetas de la mentira obviamente se empeñan en presentárnoslo como lo que no es, y su última muestra propagandística la tenemos en la loquera que inventó el encargado de La Casa de las Primeras Letras, una casa remodelada desde una estructura del Siglo XVIII, entre las esquinas de Veroes a Jesuitas, donde Simón Rodríguez daba clases y donde asístía el niño Bolívar.
En la exposición de dicha sede se puede ver una copia digitalizada del Acta de Independencia de Venezuela, a la que se le ha añadido la firma de Chávez como representante de la Provincia de Barinas. El ultraje -al menos en el ejemplar digitalizado- lo justifica porque “consideramos a Hugo Chávez como otro prócer de la independencia, otro hombre que luchó por la independencia de Venezuela y merece como cualquier otro venezolano tener su firma allí”.
Hay que destacar además de que el jalabolas encargado de la Casa de las Primeras Letras ha tenido el detalle de poner la firma en rojo.
Parece una broma, pero es cierto. Solo nos queda agradecer a la providencia que haya hecho nacer a Chávez en estos tiempos, porque aun pagando todos nosotros el precio de su desastre como autócrata, al menos nos consolamos sabiendo que si hubiese combatido en las guerras de independencia, las habría perdido por lo mal militar que fue, y que tal vez ni Bolívar hubiese podido compensar tanta incompetencia, al punto que no nos habría podido independizar. Peor aun, los libros de Historia tal vez relatarían cómo aquel Chávez negoció con una potencia extranjera, Francia por ejemplo, o la misma Gran Bretaña, y ¿por qué no? la misma España para que, a cambio de darle mano suelta en sus dominios de cuatrero, obtuviese seguridad, para consolidarse como el títere de turno. Algo que seguramente relatarán los libros de Historia del futuro al contar su negocio con Cuba.
Para más señas, el encargado del ultraje se llama Alejandro López, "historiador". Su acción claramente nos imposibilita adquirir alguna de sus obras, porque éstas seguramente serán tan inexactas como su conducta, una conducta cuya impunidad solo es posible en este régimen de bárbaros.
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/15359-el-falso-historiador
Composición gráfica: http://gustavoguillenzulia.blogspot.com/2012/09/de-simulacro-en-simulacro-por-douglas.html

miércoles, 29 de mayo de 2013

SOCALIÑAS

EL PAÍS, Madrid, 28 de mayo de 2013
LA CUARTA PÁGINA
Abajo no está arriba, ni arriba está abajo
Quienes dirigen el mundo han acabado por robarnos el juicio y las palabras. Se divierten con ellas y nos subvierten su significado. Esta tergiversación de ideas, sujetos y verbos impregna todo lo que tocamos
José María Izquierdo 

Vemos a José K. inmerso en un trabajo que ahora conoceremos, más concentrado y afanoso que nunca, sin prestar atención a su emisora de siempre, rumor de fondo en su costroso transistor. Ha optado por quedarse en la mesa de la cocina —única, por otra parte— en el muy modesto tabuco en el que agota sus años de vejez. Íngrimo en su rincón, alejado de ruidos externos perturbadores, nuestro hombre avanza en su labor. José K., impactado por esta vuelta al siglo XX, o quizá al XIX, o al XVIII, o incluso al XVII o el XVI, a los que nos lleva el ministro Wert y su vuelta a la asignatura de religión, ha decidido preparar un esquema para un próximo libro sobre la materia que se podría dar, por ejemplo, en todos los centros de la Comunidad Autónoma de Madrid.
Ya lleva pensados algunos capítulos. Tal que la Historia del Vaticano. Ha quedado para más adelante la descripción sobre algunas fruslerías recientes como la del banco Ambrosiano y el ahorcamiento de Roberto Calvi, que se ha quedado enredado José K. en aquellos memorables días en los que los cardenales, directamente, se asesinaban los unos a los otros mientras ponían al frente de la Iglesia a hijos, hijas, queridas y mantenidos. Otro capítulo entretenido podría tratar sobre la Santa Inquisición, métodos y utensilios de tortura, tan eficaces para arrancar senos, romper brazos o arrancar jirones de carne con el misericordioso fin de salvaguardar la fe verdadera: los aplastacabezas, la bota española, el cepo, la cuna de Judas, la silla del interrogatorio, el potro. Por último, está pensando en cómo explicar con detalle el impúdico apoyo de la jerarquía católica a la mugrienta cruzada de Francisco Franco, aquel glorioso general que tras fusilar a miles de españoles entraba en las catedrales bajo palio y al que los cardenales rendían pleitesía medieval. ¡Claro que es conveniente que nuestros infantes estudien tan piadosas gestas!
La sintonía del boletín informativo le saca de su ensimismamiento, cual perro de Pavlov, y presta oídos a la actualidad. En mala hora lo hiciera, que otra vez se le revuelven los higadillos y la pajarilla se le arrebola por los adentros. Porque quienes dirigen el mundo han acabado por robarnos, además, el juicio y hasta las palabras. Se divierten con ellas y nos subvierten su significado para que justicia siempre sea lo que les beneficia a ellos y delito lo que a ellos les perjudica. La misma piedra es una joya cuando sale de sus manos, y un simple pedrusco cuando llega a las tuyas. De su lado los campos feraces, del nuestro el barbecho. La culpa, finalmente, como el fracaso, son siempre nuestros, que la recompensa y el éxito siempre premian a los suyos.
José K. quiere que la asignatura de religión incluya la Inquisición y el apoyo a Franco
De Wert y la asignatura de Religión, verbigracia, hablábamos. ¿Es una muestra de arcaico y retrógrado clericalismo esa imposición? No, en absoluto. Es anticlericalismo rancio y añoso oponerse a ella. ¿Queda claro? Este malabarismo de conceptos, esta tergiversación de ideas, sujetos, verbos y predicados impregnan todo lo que tocamos. ¡Cómo será de obvio y manifiesto el hurto, la ratería, el latrocinio, que hasta una princesa —¡una princesa, allá en las alturas!— se ha dado cuenta de la existencia de tanto vampiro!
Insta José K. a seguir el razonamiento de Slavoj Žižek a propósito de la condena en Rusia a las Pussy Riot: “Hay dos tipos de cinismo, el cinismo amargo de los oprimidos que desenmascara la hipocresía de aquellos en el poder, y el cinismo de los propios opresores que violan abiertamente sus propios principios proclamados”. ¿Piden ustedes muestras? Con gusto. Fíjense qué enorme violencia la de esas decenas de ciudadanos que se acercan —solo se acercan— a la vivienda del señor ministro de Justicia a pegarle cuatro gritos y enseñarle unas pancartas. Intolerable, claro: una terrible coacción a la libertad del ministro y de su familia. Por contra, cuánta paz encierra la decisión de Alberto Ruiz-Gallardón de negar a la madre que haga lo que crea conveniente con su vientre. Qué ausente de violencia se muestra la decisión del ministro y todo el Gobierno de obligar a esa madre a convivir —ya sea un día o 30 años— con un ser no querido, haya nacido o no con tal o cual enfermedad. ¿Esos católicos que tanto presumen de amar y respetar al prójimo, por qué obligan —sí, obligan con la violencia de la ley— a tener que aceptar sus creencias sobre algo tan alejado de las competencias de los obispos como la biología? Porque el adusto Antonio María Rouco Varela no parece ser un experto investigador de zigotos, mórulas, blástulas y embriones.
¿Cómo es posible que luzcan como grandes genios de las finanzas esos egresados de carísimas escuelas de negocios, que día sí y otro también inventan productos financieros a cuál más complejo para que los bancos que les pagan —con obscena generosidad— puedan engañar más y mejor a sus usuarios y guapear sus socaliñas? ¿Por qué la culpa es del incauto endeudado que se pringó de por vida, se pregunta José K. al borde de la apoplejía, y no del delincuente que vendía basura envuelta en papel dorado? Loado y listísimo quien vendió engaños; culpable, malquisto y bobón quien los compró. Con gran dolor ha observado nuestro hombre que los segundos andan ahora rebuscando yogures caducados en las basuras de los supermercados, mientras los primeros siguen mandando, dirigiendo y ordenando la circulación. Y además, insultan a los más angustiados y empobrecidos: manirrotos, les dicen. Imprudentes, les afean.
Lucen como genios de las finanzas quienes inventan productos para engañar a los usuarios
Así llegamos a que los jubilados sean unos insensatos que ponen en peligro el equilibrio financiero del mundo occidental porque piden, gentuza insolidaria, que no les bajen su ya magra pensión o, al menos, que se ajusten a la subida del IPC. Pero en cambio, qué injusto y disolvente —cosas de rojos irredentos— exigir, supongamos, una tasa a las operaciones financieras, una décima de más en las Sicav, o un mayor control fiscal a las grandes fortunas. ¿Qué tal si apretamos un poco las desorbitadas ganancias de ciertos empresarios textiles —espejos de emprendedores— que hacen blusitas en edificios infectos de Bangladesh? Ya sabe José K., ya, que es muy feo decir estas cosas. Una grosería, una muestra de intemperancia. Lo que le asombra es que sea mucho peor denunciar el crimen que cometerlo. Porque los culpables, no hay más que tener ojos, son quienes promueven o mantienen con su acción o falta de ella, tantas y tantas injusticias. Y no, en absoluto, los damnificados por ellas o quienes, adoloridos, claman contra tanta infamia.
Y ahora, en medio de todos estos desmanes, surge un doloroso trabajo extra, que hay que ver lo acongojados que están Gobiernos y banqueros porque acaban de descubrir que en el mundo existen, qué sorpresa, ciertos lugares de nombres encantadores donde unos desaprensivos depositan miles de millones de euros, sin pagar por ellos ni un céntimo en impuestos ni cosa que se le asemeje. Los llaman, qué bonito, paraísos fiscales. Y es allí donde al parecer, los pobres del mundo guardan sus ahorros. ¡Cuánto trabajador, cuánto pequeño empresario, cuánto autónomo esconde sus miles de millones en las islas Jersey, por citar una simpática localización! Avariciosos y canallas que privan a sus conciudadanos de unos impuestos que permitirían, por lo menos, acabar con la pobreza.
Porque quién va a creer —anatema— que son esos mismos banqueros y esos mismos gobernantes que tanto sufren —pobres— y que tanto se preocupan por nosotros, los culpables de esa infamia, de esa indecencia cósmica. Oh, no, de ninguna manera, se dice José K., sonrisa de hiena, que anoche, antes de poner término al detallado libro para Wert, había echado un vistazo, una vez más, a su muy querida Alicia:
—Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca.
—Oh, eso no lo puedes evitar. Aquí todos estamos locos. Yo estoy loco. Tú estás loca.
-—¿Cómo sabes que yo estoy loca?
—Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí.
(Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll)

Ilustración: Enrique Flores.

martes, 28 de mayo de 2013

LECTORANTES

CAZA DE CITAS

PEQUEÑO CUADERNO DE CINÉMA

DIFÍCIL CARAQUEÑIDAD

Nixon caraqueño
Ox Armand


El martes 13 de enero de 1958, Richard M. Nixon, vicepresidente de Estados Unidos, vino a Venezuela. Fue una de las experiencias más amargas o gratas de las que recordemos en América Latina, según la perspectiva que asumamos. De acuerdo a las crónicas de entonces, el ambiente de la ciudad capital era de una constante movilización popular en resguardo de la transición democrática alcanzada, luego de la caída de Pérez Jiménez entre el 21 y 23 de enero próximo pasado. Gozando de un irrefutable prestigio, los partidos políticos canalizan la renaciente ciudadanía como hoy no pueden, ni siquiera los medios de comunicación que desesperan por sustituirlos. Los edificios públicos, como el Palacio Blanco, desamurallado, más importante que el propio Miraflores, tiene sus altavoces a la vista a sabiendas que hay proyectiles que llegan igual o más lejos que los de  pólvora.  Nacía otra experiencia política.

Mal trago pasó Nixon. Por poco lo matan y no porque él lo haya dicho, pues, a más de cincuenta años de los sucesos, parece de sentido común que las masas exaltadas no iban a estrechar su mano con sobrada cordialidad.  El vicepresidente optó entre hacer sus diligencias electorales en Washington, importantes en ese momento, o viajar. Anduvo por Montevideo, Buenos Aires, La Asunción, La Paz y Lima, cumpliendo un itinerario de tranquilidad y confort en unos países, mientras que en otros recibía el repudio del estudiantado por todo aquello del imperialismo, etc.  En Maiquetía lo esperó el canciller Oscar García Velutini y también una muchedumbre que lo ofende, rechaza, repudia, agresivamente junto a la lkuvia de escupitazos. A duras penas se trasladan en Caracas, siendo golpeado el automóvil y los vidrios, abalanzada la turba. Logran escapar, simplificado el protocolo, y en el Panteón Nacional no sólo estuvieron a punto de voltear el carro, sino que hasta la ofrenda floral fue pulverizada por los que buscaban lincharlo.

Medio siglo después, pretendemos una consideración más serena.  En 1958, estaba viva la conspiración de los intereses que nucleó el régimen perezjimenista y, de hecho, el 22 de julio y el 7 de septiembre,  hubo sendos y muy serias intentonas golpistas.  El apoyo que le brindó Estados Unidos, constituyó la explicación más cercana y cónsona con la perspectiva de un PCV fortísimo en Caracas. Hubo mucho de verdad, por la presencia de las atragantadoras transnacionales petroleras, pero también de burdo maniqueísmo. Además, como le explicó el canciller venezolano, referido por Nixon en su “Seis crisis” (Ediciones G.P., Barcelona, 1967),  “los venezolanos han carecido de libertad durante tanto tiempo (…) que ahora tratan de expresarse con mayor energía que la que debiera”. Pero – igualmente – el gobierno provisorio de Wolfgang Larrazábal, de un pluralismo político importante, demostró demasiada candidez y no adoptó las medidas correspondientes o evaluó la situación para postergar la visita. Ese gobierno pudo haber caído, así de simple. Y la agresión contra Nixon demostró que no sería fácil con tamaña demostración de movilización y voluntad de lucha, pero también que las actuaciones del PCV nos ponía en el peligro de una invasión (tropas aerotransportadas desde Puerto Rico estaban listas, si algo serio le pasaba a Nixon). Una política demasiado temeraria, provocadora, irresponsable que llegará a tratar de emular la revolución cubana.  Agreguemos que, de un lado, los comunistas en los hechos pedían la nacionalización del petróleo que programáticamente no contemplaban, y la derecha económica reiniciar y ampliar la política de las concesiones, pero – hoy – pocos advierten la solución del centro democrático: no más concesiones e iniciar un proceso de nacionalización lento, pero seguro, nada más y nada menos que creando la OPEP. Cosas veredes, Sancho.

Antes de la traducción castellana, añadidas las fotografías por entonces inéditas del evento, Antonio Márquez Mata hizo referencias al libro de Nixon y su versión obviamente muy bien trabajada (Élite, Caracas, nr. 1965 del 25/05/1963). Olvidó aludir el contexto del que se sirvió: la crisis clásica que implica el peligro físico donde importa no la bravura (SIC), sino la habilidad para superar el temor personal, enfrentar mejor el peligro y borrar todo rencor.  Perdió casi estúpidamente después, la carrera presidencial con Kennedy (ambos, en desigual proporción, beneficiarios de la vieja cacería de Alger Hiss, y la gobernación de California. Volvió exitosamente como mandatario estadounidense, pisando Pekín y Moscú. No pasó factura a Venezuela, por cierto.  Aunque se creerá que ésta es una nota panegírica sobre el estadista que, valga la curiosidad, cuando se hizo caraqueño por un día tan amargo, se hizo acompañar del coronel  Vernon Walters como su traductor, muy después un importantísimo diplomático.

Que se juzgue la visita de Nixon a Venezuela todavía con los anteojos de la época de la guerra fría, zanjada la diferencia entre el mundo capitalista y socialista, es de una sandez sin límites. Por ejemplo, Pepe Rodríguez Rojas para Aporrea llega a comparar esa visita con la muy celebrada que hizo Fidel Castro a nuestro país. Y en un blog del Círculo Bolivariano Fabricio Ojeda la festeja, como si esa demostración de violencia hubiese sido completamente espontánea y la propia muerte del visitante no hubiese traído consecuencias tan impredecibles como innecesarias. El problema es ya histórico, por favor, y no esa necedad política de vocación arqueológica. Pero también nos ofrece una veta interesantísima de investigación: la pusilanimidad de la  junta presidida por Larrazábal. Se es voluntaria e involuntariamente pusilánime, apretando las más variadas circunstancias y tendencias. Fue también una junta naturalmente temerosa, complaciente y demagógica que, a confesión de García Velutini, no tomó las precauciones que sí adoptó Betancourt cuando vino Kennedy. Y de esto tomó nota, con exactitud, Nixon.

Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/15337-nixon-caraqueno
Fotografías: Ya datadas, revista Élite Caracas; portada de Life, tomada de la red; y portada del libro.

lunes, 27 de mayo de 2013

CAZA DE CITAS

"... La protesta deviene así en el único modo posible de comunicación en un sistema hermético e inmovilista"

Carlos Castillo del Pino

("La incomunicación", Ediciones Península, Barcelona, 1979: 151)

CIVILIDADES

Centenarios de Vicente y Cecilia
Luis Barragán


La civilidad que también construyó patria, no puede pasar por debajo de la mesa. Le correspondería al Estado promover a los grandes protagonistas de nuestro historial republicano, pero – confiscado – incurre interesadamente en el olvido cuando no, distorsiona ese pasado que hizo posible lo que realmente tenemos de presente: nuestra propia existencia e identidad.

Vicente Gerbasi, el gran poeta de Canoabo, cumplirá cien años de nacido el venidero 2 de junio, como nos lo ha recordado recientemente el amigo Abraham Quintero en su magnífico blog.  E, incluso, cuando el carabobeño se atrevió a promover el libro venezolano en el México de finales de los treinta,  llevándonos a reinterpretar sus versos más célebres (http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=799633),  intentamos explicarnos la situación inédita de la casi desesperada migración de los venezolanos al exterior.

Cecilia Martínez, la extraordinaria comunicadora y pionera de la industria de la radio y la televisión en Venezuela, arribará a los cien años en noviembre de este año. Por fortuna, todavía está entre nosotros y acercarse a su testimonio de vida, realmente vivida, con sus miles de vicisitudes, es hacerlo con el país que fuimos y que también quisimos que fuese.

Lo ideal es que el Estado que cuenta con mayores recursos que la sociedad sojuzgada, promueva ambas trayectorias de inequívoca venezolanidad, pero todos sabemos que su actual  dirección únicamente está interesada en propagandizar sus intereses, así deba falsear, adulterar o reinventar la historia. Por ello, la llamada sociedad civil, o lo que queda de ella, ha de ser agotar sus mejores esfuerzos para que las nuevas generaciones sepan de Vicente y Cecilia (de quien, por cierto, todavía guardamos una de las varias entrevistas radiales que nos hizo en los tiempos de la militancia juvenil, en la radio).

Lo apropiado es que el parlamento plural, irreductiblemente plural, manifieste con sentido de amplitud los aludidos centenarios, acordando su celebración, pero  la mayoría oficialista sólo se ocupa de recordar las fechas nada excepcionales que les sirvan a su augusto aparato ideologizador. Por lo demás, quien suscribe, planteó oportunamente los centenarios de Guillermo Meneses y FedoraAlemán (en vida), esperando aún que la Asamblea Nacional los materialice.

Preferimos que el pueblo venezolano asuma al poeta y a la comunicadora, pues diligenciar los homenajes que la Asamblea Nacional puede asumir, constituye una experiencia también ingrata, aunque no sorprendería que, reparando en las fechas, sin previo aviso, intenten expropiarlos para impulsar un acuerdo según sus conveniencias. Por lo pronto, felices cumpleaños: seguimos con los versos de Gerbasi y la voz de Martínez.


Fotografía: Momento, Caracas, nr. 185 del 29/01/60
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2013/05/centenarios-de-vicente-y-cecilia/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=969122

domingo, 26 de mayo de 2013

A PRUEBA DE REALIDADES

De la prensa IVA
Luis Barragán


Consabido, el periodismo impreso ha sufrido cambios. Además de la competencia impuesta por los medios digitales que procura imitar en el diseño y la diagramación, añadido un propio portal, la comercialización lo lleva hacia un horizonte de franqueza: la publicidad es el soporte fundamental, más que la compra individual de sus acostumbrados lectores.

Entre varios, hubo un diario caraqueño que se ufanaba de no vender sus espacios, como “La Esfera” de los treinta del pasado siglo. Claro está, luego no tardó en sintonizar con las realidades.

Los impresos de distribución gratuita constituyen una vieja novedad en los días que corren, pues, valiéndonos del oxímoron,  tienen una ya larga trayectoria en otros países, mientras que es relativamente reciente en el nuestro. Sin embargo, no tratamos de una fácil empresa.

Un periódico o revista gratuita, como ocurre en la red de redes, debe competir con otros medios … igualmente gratuitos, para captar a los lectores (y estratos sociales), capaces de generar la confianza de la industria de la publicidad que, por cierto,  ayuda a mantener los precios  todavía accesibles de los impresos no gratuitos.  El atractivo no ha de radicar sólo en la presentación, apostando por una determinada estética,  sino en los contenidos que satisfagan la demanda realmente detectada y aprovechada. Por consiguiente, aunque lo parezca, el éxito no está garantizado.

En las últimas décadas, por ejemplo, desaparecieron diarios no gratuitos que, en su momento, gozaron de un inmenso prestigio, aunque – por variadas razones – llegada la crisis, intentaron e intentan la gratuita colocación de sus ejemplares, amén de la infopista, diluyéndose lentamente hasta desaparecer o resistir gracias a la marca que desespera por el inversionista que no llega.

Atestiguamos otros fenómenos de la gratuidad en los últimos años, ya que el régimen prevaleciente en Venezuela hizo de los impresos una formidable herramienta de proselitismo al igual que un favor, incluso,  para sus más ilustrados seguidores.  Algunos meritorios, es necesario reconocerlo, como “Cuestiones”,  la multiplicidad de diarios, semanarios y quincenarios, en constante reclamo de publicidad oficial, apareciendo otra modalidad de negocios,  hizo inevitable la distinción con los medios estrictamente comunitarios y produjo  la reducción de los favores.

De rango ministerial o viceministerial,  los órganos de información, propaganda y publicidad del Ejecutivo Nacional supieron de un reordenamiento que los llevó a la recomendación y creación de sendas fundaciones que le ayudaran en el esfuerzo de difundir las posturas oficiales, compitiendo - subrayemos – deslealmente con el sector privado, sumando al social que ha pretendido prefabricar.

Ya no bastaba con privilegiar a “Últimas Noticias”, aún cuando sospechamos por un instante  que “Vea”, fundado por un adepto al gobierno nacional, como Guillermo García Ponce, pudo ser el vocero oficioso por excelencia del régimen, quizá parecido a lo que fue “El Nuevo Diario” para Juan Vicente Gómez o “El Heraldo” para Marcos Pérez Jiménez. Al fin y al cabo, firmas mercantiles, el camino más expedito y fiable ha sido el de promover un periódico de corte leninista, como el de la Alcaldía de Caracas, o – a través de una fundación –  ensayar con un tabloide un poco más equilibrado y de precio simbólico, posiblemente destinados a diferentes segmentos sociales.

El caso está en que “Ciudad Caracas” y “Correo del Orinoco”  los paga el Estado, siendo indiferentes al mercado. Vale decir, no importa que centenares de miles de ejemplares queden fríos o que el papel sirva inmediatamente para otros menesteres, ya hartos  del enfermizo culto a la personalidad presidencial que los releva de todo debate, porque somos los venezolanos los que subsidiamos esos medios.

Y no se diga que es exclusivamente el ingreso petrolero, porque el presupuesto público se afianza - en un elevado porcentaje -  en nuestros impuestos. Sin distingos políticos o de otra naturaleza, todos los venezolanos los sostenemos a través del imperceptible y regresivo impuesto al valor agregado (IVA) de cada día, por lo que decimos merecer un poco más de sentido pluralista en sus líneas editoriales.

Recordamos que, al discutirse en la Asamblea Nacional la solicitud de un crédito adicional para “Correo del Orinoco”, la respuesta oficialista fue  la del  desparpajo de su aprobación con total evasión de los argumentos de la oposición. Y, aunque reconocemos que intenta un poco más de equilibrio informativo, por lo menos, en las reseñas de las sesiones parlamentarias donde nombra a los opositores, ya que “Ciudad Caracas” únicamente lo hace para denigrarlos,  presagiamos que ambos medios y sus recursos, seguirán en las misma manos en el supuesto de una salida del llamado “chavismo” del poder, ya que – privatizados – no es nada fortuita la fórmula empleada de una fundación.

Hemos visto,  hay una prensa gratuita inmoralmente a prueba de las realidades. No compite, se impone gracias a nuestros diarios tributos.

Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/15314-de-la-prensa-iva

VERSIÓN PARA LA PRENSA ESCRITA

El allanamiento de 1961
Luis Barragán


Únicamente, el espíritu revanchista y manipulador del actual oficialismo, podrá apelar a los allanamientos de la inmunidad parlamentaria de los que presume sus legítimos antecesores, en la década de los sesenta. Excepto los razonamientos jurídicos, poca o ninguna familiaridad guardan con las circunstancias presentes, por lo que incurriría en un anacronismo político que diga concederle alguna autoridad moral.

Por ejemplo, el primer allanamiento ocurrido bajo la por entonces novísima Constitución de 1961, afectó al diputado suplente Teodoro Petkoff.  Además de las tres sesiones de la Cámara de Diputados que comportó, las requeridas por la Comisión Permanente de Política Interior y la de la Comisión Delegada del Congreso de la República, más de veinte horas acumularon los oradores para exponer sus alegatos, nunca limitados de tiempo, con la presencia de sus partidarios en las barras y la de la prensa libérrima,  en el hemiciclo y demás instalaciones del Capitolio Federal, entre julio y agosto del citado año.

Originalmente, un juzgado de primera instancia en lo penal planteó el desafuero de Gustavo Machado, Domingo Alberto Rangel y Petkoff, desestimando la Corte Suprema de Justicia en Sala Político-Administrativa Accidental la solicitud en relación al primero de los mencionados. Desde el principio, en la Cámara de Diputados, solamente estuvo planteado el nombre de Petkoff, por los hechos investigados que -  además -  tuvieron características insurreccionales, de octubre y noviembre de 1960.

Negada su participación en los eventos específicamente acaecidos en la Ciudad Universitaria de Caracas, tuvo ocasión Petkoff de ejercer extensamente su defensa en la Comisión de Política Interior y en la plenaria de la Cámara. Sobrevino el receso parlamentario y le correspondió a la Delegada allanarlo, tras una larga y respetuosa discusión que, por graves que fuese la coyuntura, nunca pisó el terreno de la obscenidad.

Efectivamente allanado, el juez Navarro Dona no le dictó inmediatamente el auto de detención. Se dirá que no halló elementos que lo autorizaran, pero también que no hubo una fijación del gobierno para acechar, perseguir y castigar a Petkoff, en atención al juego político que impuso una dosis importante de paciencia. Valga acotar, la detención se produjo en enero de 1962, por motivos diferentes.

La polémica sobre el primer desafuero realizado bajo la novísima Constitución de 1961, reporta algunas características de la institución protectora del parlamento: el acuerdo ha de ser razonado, coherente y fundado; implica una suspensión y no pérdida de la investidura, en beneficio del órgano del Poder Público; al aprobarlo, la cámara no prejuzga;  ella no cuenta con competencias judiciales, imponiéndose la oportunidad política; el antejuicio evita toda confabulación o conspiración.  No bastará con la sola voluntad allanadora del partido de gobierno, sino que las distintas relaciones y condiciones políticas le imponen un paciente ejercicio de la razón confrontada, incluso, de naturaleza estrictamente jurídica, a pesar de las apremiantes circunstancias, que reivindican la existencia de los órganos deliberantes.

Reiteramos, se trata de un hecho histórico que no autoriza moralmente al revanchismo hoy en boga, a objeto de esconder otras realidades del poder.  E insistimos en ello, preventivamente, para desnudar las insanas intenciones de esta hora tan difícil para el país.

HECHO HISTÓRICO, ANACRONISMO POLÍTICO


1961:  inmediaciones de un allanamiento

 Luis Barragán

Interesan las más o menos remotas vicisitudes del parlamento venezolano, aunque ciertos escolares de la política actual tiendan a despreciar la experiencia acumulada, creyéndola desechable en nombre de la buena suerte que los acompaña. Importa, específicamente, una revisión del primer allanamiento a la inmunidad que se hizo bajo la Constitución de 1961, intentando esbozar una lección necesaria para la coyuntura actual: la materia tiene un fundamental carácter histórico, pero – convertida en un anacronismo político  - tiende a ocultar más las verdades de los abusos insurreccionales que de los represivos.

El país soportó una recurrente alteración del orden público, agravándose en los meses de octubre y noviembre de 1960 que condujo a la apertura de una averiguación penal por un tribunal de instancia que solicitó la suspensión de las prerrogativas constitucionales de los diputados Gustavo Machado, Domingo Alberto Rangel y Teodoro Petkoff.  Admitida para Rangel y Petkoff, la Corte Suprema de Justicia hizo el trámite correspondiente y, previo Informe de la Comisión Permanente de Política Interior, considerado por la Cámara de Diputados, finalmente, el desafuero lo  aprobó la Comisión Delegada del Congreso de la República a mediados de 1961, suponiendo el diputado Omar Rumbos que las futuras generaciones únicamente verían con “bastante extrañeza” el auto de la Sala Político-Administrativa Accidental.

En fecha 06/07/1961, las cámaras prorrogan sus sesiones por quince días y, recibidas las actuaciones del Máximo Tribunal, la Comisión de Política Interior invita el 07/07/61 a Rangel y a Petkoff a exponer sus razones, como en efecto ocurrirá tres días más tarde.  Vencida la prórroga parlamentaria, la Comisión Delegada sesiona en fecha 02/08/61 (Acta nr. 3), ausentes los congresistas Francisco Faraco, Gustavo Machado y Jesús María Casal Montbrun,  por casi ocho horas, para abstenerse de levantar los fueros parlamentarios de Rangel, señalado como responsable sendas editoriales del semanario “Izquierda” de octubre de 1960, autorizando así el enjuiciamiento de Petkoff por los  distintos delitos ocurridos en la Ciudad Universitaria en los meses señalados, junto a otras 70 personas detenidas.

La doble comisión

La Cámara de Diputados consideró largamente la materia en dos ocasiones: en fecha 17/07/61  (Acta nr. 61), por cuatro y media horas; y en fecha 19/07/61 (Acta nr. 64),  por cinco y media horas, quedando pendiente la sesión extraordinaria para una definitiva decisión del cuerpo. Ésta la adoptará la Comisión Delegada en fecha 02/08/61, como apuntamos, encontrándose en receso reglamentario la Cámara del Senado y la de Diputados.

 En la Delegada, el diputado Ignacio Luis Arcaya llamará la atención en torno a una decisión previamente adoptada por los comandos partidistas que no está vinculada con la ética parlamentaria y, por lo demás, haciéndolo inútil, concluye en el costo económico que acarrea el Congreso para la nación. Tomamos nota del alegato, pues, si bien es cierto que cuenta con un carácter político que ha comprometido a las instancias parlamentarias y extraparlamentarias, añadida la opinión pública, no menos lo es que el tratamiento o desarrollo  en profundidad del problema, ha podido desembocar en una situación distinta, como  ocurrió.

El diputado Gonzalo Barrios, presidente de la Comisión de Política Interior, había expresado que la oposición no variaría la decisión adoptada por la coalición gubernamental, mayoritaria en el Congreso.  Prosiguiendo con la reseña periodística (El Nacional, Caracas, 11/07/61),  añadió que no pretendía función judicial alguna (aclaratorias, interrogaciones ni actuaciones), a pesar de la invitación formulada a los dos diputados afectados, por lo que manifestó el diputado Rangel: “¿Es decir – preguntó alzando la voz – que Petkoff y Gustavo Machado y yo  somos unos delincuentes y asesinos, y que si promovemos una manifestación es para robar y para quemar autobuses?”.

Descartado Machado, los parlamentarios del PCV y MIR hicieron sus alegatos ante la Comisión Permanente, en la que el diputado Arístides Calvani Silva distinguió entre inmunidad e inviolabilidad, estimando que el allanamiento no representaba una capitis diminutio;  los diputados Fabricio Ojeda y Luis Miquilena, indicando la necesidad de conocer más a fondo los hechos; o el diputado Manuel Vicente Ledesma, considerando que no podía violentarse el secreto sumarial, ni solicitar otras actuaciones, insistiendo el diputado Rangel en la descalificación de los integrantes de la Corte Suprema.

 El diputado Pedro Ortega Díaz recordó que, por el allanamiento del diputado Antonio Pulido Villafañe, COPEI solicitó una mayor investigación de los hechos en 1948, y, en lo misma sesión de la Comisión Delegada, el diputado Godofredo González también reiteró lo dicho en la Comisión de Política Interior, al ratificar que el parlamento no cuenta con competencias judiciales,  aclarando que el diputado Pulido Villafañe no había sido escuchado por comisión alguna.

El caso presentó varias particularidades, pues, por una parte, el auto de la Corte indica la comisión de varios delitos cometidos en Ciudad Universitaria (homicidios, lesiones personales, porte ilícito de armas,  interrupción de la actividad universitaria, violencia, resistencia a la legítima autoridad), cuya amplitud le permite considerar al diputado Arcaya que “a los incidentes más triviales se les da un carácter extraordinario y de peligrosidad y de que se acabó el mundo y se acabó este país y ocho meses después …”; mientras la coalición gubernamental, por voz del senador Luis Beltrán Prieto Figueroa, esgrime la lentitud de la “organización judicial” y, al diferenciar entre procesabilidad y culpabilidad, estima pertinente el proceso judicial. Por otra, la propia existencia del secreto sumarial que permite dudar o confiar de las diligencias jurisdiccionales, como ocurrió algunos lustros después con el allanamiento de un parlamentario incurso en un delitos de drogas; o, acotemos,  la  circunstancia de Petkoff como diputado suplente al Congreso y, a la vez, principal de la Asamblea Legislativa del estado Miranda que llegó a presidir (Tribuna Popular, Caracas, 06/05/60), por lo que – inferimos – no fue el dirigente secundario que él mismo presumió,   sirviéndole de alegato para pedir la anulación del auto de la Corte en la sesión de la Cámara del 17/07/61 debido a su (des) incorporación, siendo fácil adivinar una coartada ilimitada.

 La oposición argüirá que parte del clima de violencia se debe a campañas como las emprendidas por la Cadena Capriles, añadiendo – por la vía del diputado Rangel -  que el desprestigio judicial está abonado por la ola de robos, sin que le extrañe que sea afectado el centinela del cuartel policial de Cotiza o de las oficinas de la Policía Técnica Judicial, y “aparezca raptado un agente por algún ladronzuelo audaz”. Pareciéndole hablar al país del siglo XXI,  agregó que las cámaras no afrontan los problemas de la inseguridad ni del desempleo, causantes de la violencia. Empero, para un adicional contraste con el presente, debemos subrayar la extensión – la rica extensión – de los debates que permitía considerar las distintas perspectivas del problema, adentrándose también en importantes conceptualizaciones, en el seno de la Comisión Permanente, en la Cámara o en la Comisión Delegada, aunque fracasó la propuesta formulada en ésta de una Subcomisión que ventilara el problema.

Inhabilitación

El diputado Jorge Dáger, en la Delegada, versó sobre el exceso de violencia incomprensible para un diputado al que le faltaban ocho días para la cesación de su inmunidad, convirtiéndose – por si fuese poco – en intérprete de la intervención del diputado Barrios, ya que – entrelíneas –  la medida tendía a proteger al PCV.  Colocaba el acento en la amenaza más sentida, la inhabilitación política del aludido partido, junto al MIR, para la cual – refirió antes el diputado Rangel -  el gobierno no tenía fuerza, aunque – con los allanamientos – buscaba ilegalizarlos, insistiendo en su llamado al diálogo. Valga la coletilla,  inhabilitación estaba en el ambiente, susceptible de las más variadas interpretaciones, como la de Ramón Antonio Villarroel: “intención de fraude electoral implícito” (El Venezolano, Caracas, 03/08/1963).

El diputado Ortega Díaz aseveró que “nosotros hemos demostrado que ese allanamiento es una agresión política del Gobierno a sus enemigos políticos de la oposición”, como respuesta al diputado Barrios, quien antes había asentado: “Pareciera que somos nosotros o es el Gobierno o la Sociedad quien ha agredido al Partido Comunista y a los que piensan más o menos en la misma tendencia”.  Será en mayo de 1962, acumuladas las más graves circunstancias, que se hará efectiva la inhabilitación de ambos partidos, sin acarrear la inmediata pérdida de las prerrogativas de sus parlamentarios, excepto Eloy Torres, sorprendido en medio de uno de los dramáticos alzamientos del quinquenio.

Originalmente planteado el allanamiento de los diputados Gustavo Machado, Domingo Alberto Rangel y Teodoro Petkoff, la Corte descarta al primero y la Cámara al segundo de los nombrados.  En su defensa, Petkoff alegará que, para finales de noviembre de 1960,  exhibiendo la constancia suscrita por el director del Clínico Universitario, presidente de la Federación Médica y militante de Acción Democrática, se encontraba hospitalizado, siendo posteriormente objeto de una intervención quirúrgica. En casa, recibe también la visita de los dirigentes estudiantiles copeyanos Luis Corona, Álvaro Páez Pumar y Adel Muhamad.

El presidente de la Cámara, diputado Rafael Caldera, le llama la atención por una expresión “indecorosa”, relacionada con el célebre dicho de Cambronne en Waterloo, revelando la habilidad discursiva que ulteriormente desarrollará el joven dirigente, quien disertará sobre el imperialismo y la defensa de Cuba; los acontecimientos que favorecían al movimiento opositor que “crecía arrolladoramente”, logrando la excarcelación de Humberto Cuenca, Héctor Pérez Marcano y Rafael José Múñoz;  hará una larga lectura de sendos documentos internos de AD; celebrará el “hermoso” símbolo de la quema del automóvil del embajador estadounidense, Teodoro Moscoso; y considerará el proceso del cual era objeto, como expresión del que atentaba contra la juventud venezolana por obra de un comando de ancianos de la Corte Suprema, con arterioesclerosis mental como los diputados Barrios y González.  Además, apuntó que no se atrevieron a juzgar al diputado Machado por la resonancia que adquiriría, diferente a la de un “dirigente de segunda categoría”.

Dos factores lucen fundamentales en la diatriba, como el proceso recreador de la Cuba revolucionaria en Venezuela, con sus evidentes y marcados impulsos insurreccionales en un clima golpista de derecha, y  el papel desarrollado por el MIR y, sobre todo, a la luz de su III Congreso, el PCV.  Los sucesos de finales de 1960,  adquieren francas características subversivas, motivando la suspensión de las garantías y su ratificación en enero de 1961, generando un extenso debate de las cámaras en sesión conjunta del 01/02/61 (Acta nr. 3), aproximadamente de doce horas: “En octubre y noviembre hubo  Rangel en la formas insurreccionales que el pueblo espontáneamente opuso contra la persecución de que era víctima y que se avivaron en esa llama todopoderosa del descontento y de las explosiones sociales aparejadas por la miseria creciente que reina en las clases mayoritarias del país”, afirmará el diputado Rangel en la ya mencionada reunión de la Comisión Delegada. Sumemos lo dicho por el diputado José Vicente Rangel en la misma sesión, respecto a la intención de inhabilitar al PCV, seguido por el MIR, hasta alcanzar a su partido, URD.
En larga entrevista concedida a Ramón Hernández (1983), Petkoff recordará los eventos semi-insurreccionales (SIC) de 1960, su actuación como presidente del Centro de Estudiantes de Economía, la movilización hasta la sede del Congreso de la República, duramente reprimida por los cabilleros adecos: “Los acontecimientos no los creamos nosotros”.  Despejando nuestra principal incógnita, comentará que, en efecto, le fue allanada la inmunidad parlamentaria, pero el juez penal Gastón Navarro Dona no le dictó inmediatamente el auto de detención, sino que lo hizo en enero de 1962, por hechos distintos.

Puede decirse que Navarro Dona no encontró suficientes elementos de culpabilidad para una inmediata aprehensión, después de julio de 1961, pero también que no hubo una fijación gubernamental por radicalizar el acecho, la persecución y castigo del dirigente, dando espacio al juego político. A modo de ilustración, sintetizada su trayectoria por Jesús Sanoja Hernández (La Razón, Caracas, 11/05/1997), Petkoff ingresará definitivamente a la lucha armada con sus más variadas y hasta espectaculares incidencias. Gustavo Machado, antes de iniciarse una de las sesiones.

Brevísimo anecdotario

Las tres reuniones de la Cámara de Diputados, agregada la que fija la sesión extraordinaria, más la de la Comisión Delegada, sin considerar la Comisión de Política Interior,  suman alrededor de 20 horas de prolongados debates en atención al final allanamiento de un diputado suplente. Orador alguno sufrió limitación de tiempo para sus intervenciones, obligando a la prórroga de las sesiones para escuchar los pormenorizados argumentos que tuvieran a bien formular, por cierto, en sintonía con los partidarios del gobierno y de la oposición que hallaban cupo en las barras.

Contrastante también con el actual parlamentarismo, por muy delicados que fuesen los señalamientos y grave la situación planteada, prevaleció la consideración personal, la serenidad,  el respeto y el reconocimiento del adversario en el hemiciclo. No hay una frase desvergonzada, soez, procaz u ofensiva, sino la atención al hecho político que exigió profundidad de los oradores, con la libérrima presencia de la prensa en cada sesión.

Gonzalo Barrios dirá de la “desesperanza existencialista” de Domingo Alberto Rangel; éste, increpará al gobierno con las generosas metáforas acostumbradas, apostando por las masas populares que liberarán a los parlamentarios eventualmente presos; o aquél afirmará que Rangel habla como si le hubiesen allanados sus fueros, pidiendo “bajar de tono, descender de la epopeya a la prosa sumarial”. Rangel publicará un extenso artículo de opinión, esgrimiendo sus razones políticas y jurídicas (El Nacional, Caracas, 11/07/1961), como era habitual en los más destacados dirigentes al cubrir tan importante, clarificadora e indelegable faceta.

La polémica sobre el primer desafuero realizado bajo la novísima Constitución de 1961, reporta algunas características de la institución protectora del parlamento: el acuerdo ha de ser razonado, coherente y fundado; implica una suspensión y no pérdida de la investidura, en beneficio del órgano del Poder Público; al aprobarlo, la cámara no prejuzga;  ella no cuenta con competencias judiciales, imponiéndose la oportunidad política; el antejuicio evita toda confabulación o conspiración.  No bastará con la sola voluntad allanadora del partido de gobierno, sino que las distintas relaciones y condiciones políticas le imponen un paciente ejercicio de la razón confrontada, incluso, de naturaleza estrictamente jurídica, a pesar de las apremiantes circunstancias, que reivindican la existencia de los órganos deliberantes.

A título de conclusión

Únicamente, el espíritu revanchista y manipulador del actual oficialismo, podrá apelar a los allanamientos de la inmunidad parlamentaria de los que presume sus legítimos antecesores, en la década de los sesenta. Excepto los razonamientos jurídicos, poca o ninguna familiaridad guardan con las circunstancias presentes, por lo que incurriría en un anacronismo político que diga concederle alguna autoridad moral.

 Por ejemplo, el primer allanamiento ocurrido bajo la por entonces novísima Constitución de 1961, afectó al diputado suplente Teodoro Petkoff.  Además de las tres sesiones de la Cámara de Diputados que comportó, las requeridas por la Comisión Permanente de Política Interior y la de la Comisión Delegada del Congreso de la República, más de veinte horas acumularon los oradores para exponer sus alegatos, nunca limitados de tiempo, con la presencia de sus partidarios en las barras y la de la prensa libérrima,  en el hemiciclo y demás instalaciones del Capitolio Federal, entre julio y agosto del citado año.

Originalmente, un juzgado de primera instancia en lo penal planteó el desafuero de Gustavo Machado, Domingo Alberto Rangel y Petkoff, desestimando la Corte Suprema de Justicia en Sala Político-Administrativa Accidental la solicitud en relación al primero de los mencionados. Desde el principio, en la Cámara de Diputados, solamente estuvo planteado el nombre de Petkoff, por los hechos investigados que -  además -  tuvieron características insurreccionales, de octubre y noviembre de 1960.

 Negada su participación en los eventos específicamente acaecidos en la Ciudad Universitaria de Caracas, tuvo ocasión Petkoff de ejercer extensamente su defensa en la Comisión de Política Interior y en la plenaria de la Cámara. Sobrevino el receso parlamentario y le correspondió a la Delegada allanarlo, tras una larga y respetuosa discusión que, por graves que fuese la coyuntura, nunca pisó el terreno de la obscenidad.

Efectivamente allanado, el juez Navarro Dona no le dictó inmediatamente el auto de detención. Se dirá que no halló elementos que lo autorizaran, pero también que no hubo una fijación del gobierno para acechar, perseguir y castigar a Petkoff, en atención al juego político que impuso una dosis importante de paciencia. Valga acotar, la detención se produjo en enero de 1962, por motivos diferentes.

Post-Data (Fotográfica): Se dirá de un acento en la defensa esgrimida por los voceros de la otrora oposición. Ciertamente, no abundamos sobre los alegatos de los voceros de la coalición gubernamental. Salvando las distancias,  esa defensa pudiera también argüirla la actual oposición, incluyendo la intención de los sucesivos allanamientos que pueden seguir después de los candidatos actualmente "fiscalizados". Reiteramos, se trata de un hecho histórico que no autoriza moralmente al revanchismo hoy en boga, a objeto de esconder otras realidades del poder.  E insistimos en ello, preventivamente, para desnudar las insanas intenciones de esta hora tan difícil para el país.

Agreguemos, en orden descendente de las fotografías, datadas ya consendas marcas de agua, que la reproducción de la fotografia originalmente publicada por El Nacional de Caracas (1961), se nos traspapeló, incluyendo el nombre del fotógrafo (¿Bajda?); en ella figuran Luis Miquilena, Teodoro Petkoff y Gustavo Machado, en la Comisión de Política Interior; la que ofrecemos, fue tomada de Deslinde de Caracas (1969).  Garrido constata con su cámara, las dificultades para conseguir el quórum del Congreso por aquellos días de julio de 1961, añadidas las fuerzas opositoras; por cierto, puede obsevarse el modo de organización de las curules en el hemiciclo de Diputados, como lo suponemos, siendo la Cámara más populosa.  Sesiona la Comisión Delegada en el Salón de los Escudos para fijar la fecha de la sesión extraordinaria, aunque habrá que indagar cuándo ypor cuánt tiempo esa Comisión se reunió en ese salón o en el Senado. Petkoff al iniciarse la sesión de allanamiento, aunque  la leyenda de Élite de Caracas lo trataba de "niño mal criado" (SIC),  Un comentario suelto de la misma revista y edición, antes citada. Concluyendo, un artículo de Herrera Oropeza de esos días, y una crónica de Jesús Sanoja Hernández, bordeando el nuevo siglo.

COMUNIDAD DE PERSONAS

San Juan, 16: 12-15


En su homilía de hoy, el Padre Roberto Martialay (SJ) señaló una encrucijada: Jesús se despide y deja  al Espíritu Santo. Panorama de conjunto: unidad y comunidad de personas.

Jesús nos ha enseñado quién es el Padre, relacionado con Él (el que me envió, todo lo que tengo es Él, Dios es como Jesús). Envía al Hijo (enviado, regresa al Padre), Hay una mutua relación entre personas distintas. Uno, el origen y el otro, el enviado. El Espíritu Santo es también persona, consuela. 

Misterio no resuelto de manera inteligible. La más cercana explicación: la familia. A imagen de Dios la creó. Pareja humana fecunda.

Ilustración: André Bordet.