lunes, 23 de septiembre de 2013

CONTEXTUALIZACIÓN

Guerra psicológica
Luis Barragán


Proporcionalmente, las firmas encuestadoras compiten con la banca y la corrupción administrativa, en el escalafón de los grandes beneficiarios de nuestra particular democracia de sondeos. Escasean los eventos, situaciones e incidentes que no las ocupen adecuadamente, tratándose de empresas consolidadas o emergentes, estables o circunstanciales, acreditadas o improvisadas.

Obviamente, es el oficialismo el que puede hacer una constante  y pormenorizada medición que acarrea una fuerte y segura inversión que la oposición frecuentemente ha de sortear, regateando precios en períodos muy específicos que justifiquen el esfuerzo.  A veces, hay un intercambio de información variada y atrasada que ha de contentarla, confiada más en la intuición que en la exactitud científica que goza de una exigente tarifa.

Los aficionados celebran el acceso al más reciente estudio de opinión, especulando en torno a la fortaleza o debilidad de las candidaturas propuestas o pospuestas, pero no suelen reparar – como aconseja un amigo – en las denominadas tablas técnicas que le dan un sustento riguroso y veraz, ni – nos atrevemos a aseverar – en la data más o menos deplorable, negativa o perniciosa que puedan reportar.

Hay un elenco de ansiedades, frustraciones, miedos, resentimientos,  desencuentros, temores, odios, dolores,  desengaños, pavores y padecimientos,  recogidos y revelados de un modo u otro, por el trabajo de campo. Soporta cualesquiera de las campañas de afirmación, rectificación, enmienda o corrección que deseemos adelantar, aparte de un particular interés académico, pero – también – las que pretenden profundizar en nuestros desacuerdos, manipulándolos incansablemente.

No hay guerra psicológica lo suficientemente eficaz, perdurable y contundente, si no hurga en la hondura psicológica de las grandes colectividades, a objeto de alcanzar una eficiente maquinación, generadora de la incertidumbre, apocamiento, zozobra y amilanamiento que garantice la permanencia en el poder. Despersonalizados, incluso, habla de partidarios en procura de las prebendas, dádivas y favores que puedan dispensarles, y - procurando la supervivencia -  provoca la necesaria contribución para intentar quebrar la moral y la voluntad de opositores, adversarios y disidentes, cuya estigmatización y persecución aparentemente lícita, rinde un superior dividendo que la represión cruda y franca, habida cuenta que existen principios y valores democráticos básicos que se resisten.

Confiando en un viejo trabajo de Elizabeth Lira Kornfeld, compilado por la meritorísima investigadora venezolana Maritza Montero (“Acción y discurso. Problemas de Psicología Política en América Latina”, Eduven, Caracas, 1991), hallamos el enunciado de los principios que explican la masiva intervención política de la subjetividad colectiva. Por una parte, cuida del trato de los simpatizantes y militantes del gobierno, receptores de las compensaciones materiales y morales que garanticen su adhesión; por otra,  además de las campañas de opinión sobre las iniciativas y amenazas posibles, refuerza y acelera las acciones indirectas, como los rumores, las infiltraciones o la simulación de peligros, orientados a crear un clima recurrente de tensión; y, luego,  provoca una incesante confusión de la opinión pública, conjugadas las noticias falsas con las verdaderas, la ambigüedad del lenguaje respecto a coyunturas de las que ya no se sabe cuán graves realmente puedan ser, el equívoco de las posturas que apuesta a una garrafal reacción del enemigo consagrado, y que, por cierto – seguimos añadiendo matices – tienen por privilegiada ventaja el uso del Twitter, pues – según el canon – todo telegobierno que se respete no celebra una libérrima y riesgosa conferencia de prensa con periodistas y medios independientes.

“En los procedimientos de guerra psicológica – indicó Lira Kornfeld -  se utilizan las ansiedades, temores y frustraciones de las personas, hombres, mujeres y niños, transformando el peligro y la amenaza vital en una situación permanente cuyo desenlace puede ser imprevisible, ya que no hay leyes que protejan a los no combatientes”. Operando el miedo como herramienta política, deshumanizando al enemigo, buscando y reforzando una identidad moral exclusiva de los seguidores gubernamentales, visando la normalidad de las conductas agresivas de variado calibre, quebrantando hasta las lealtades afectivas y familiares,  entre otros aspectos que podemos deducir,  desde la realidad o la fantasía, asistimos a lo que la autora denomina un proceso de insegurización permanente.

Excesivamente informado, aunque siempre propenso a una peligrosa indigestión, todos los problemas que lleven a dudar y a desafiar finalmente al gobierno, añadidos paradójicamente los que resuelve, útiles para otras operaciones que los necesita vivos, debemos contextualizarlos ya no en una sucesión de “potes de humo”, porque el simple gaseo es insuficiente, sino en decidida guerra psicológica que – hasta nuevo aviso – lo releva del uso masivo de la pólvora asimétrica y de la represión cruda y torpe.

El tratamiento de los acostumbrados apagones, las devaluaciones, la incomodísima oposición parlamentaria, el desabastecimiento, la confabulación habilitante, la DEA, la tragedia de Amuay, los homicidios fuera y dentro de las cárceles, el retiro de la CIDH, o el sobrevuelo del espacio portorriqueño, se inscribe inexorablemente en una guerra que tiene por fundamento la enorme y  bien aceitada maquinaria propagandística y publicitaria del régimen.  La pólvora mediática amasa la tragedia y la comedia, dando una versión temeraria en la que los propios amasadores – prestos al suicidio político - pueden creer ciegamente.

Guerra psicológica la hubo en la dictadura chilena, complementando la sistemática agresión física y brutal de la que presuntamente está dispensada la cubana, perfeccionada aquélla como nunca antes en este lado del mundo. Empero, avanza aceleradamente en nuestro país, intentando contaminar y disolver la aludida y básica cultura democrática, angostándose la frontera respecto al conflicto sincero, decidido y frontal que ya advierten las tasas de violencia callejera que padecemos.

http://www.noticierodigital.com/2013/09/guerra-psicologica/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=989777

Fotografías: LB, av. Páez, Caracas (22/09/13).

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