domingo, 9 de junio de 2013

RECONSTITUIRSE

Constituyente y fuerza armada
Juan José Monsant

En Venezuela se comienza a hablar sobre la convocatoria a una Constituyente como única vía legal que resta para rescatar el respeto a la pluralidad, el Estado de Derecho y la sensatez económica en la administración de los bienes de la nación. Veamos, el artículo 347 de la Constitución parte del principio de que el pueblo soberano es el depositario del poder constituyente originario, capaz de convocar una Asamblea Nacional Constituyente para transformar el Estado y crear un nuevo ordenamiento jurídico; para ello bastaría solo la convocatoria, de por lo menos, el 15% del electorado inscrito. Sobre esta iniciativa no existe acción alguna que se pueda oponer, así de clara es la Constitución. A menos que las fuerzas armadas con su poder arbitrario de fuego lo impida, pero ya se estarían colocando fuera de la ley nacional e internacional.
Se intuye que a lo menos firmaría la solicitud el doble del número de electores que exige la Constitución; posiblemente más, dado el desencanto acelerado de aquello que se llamó alguna vez revolución bolivariana, hoy teñida de inmensas fortunas mal habidas, ineptitud para administrar, inseguridad ciudadana, control de los medios de comunicación y represión a la libre expresión de las ideas mediante el aparato judicial y policial.
La otra opción es la rebelión civil. Pero francamente no es viable aunque sí legítima, por el derecho natural que asiste al hombre a rebelarse ante la tiranía.
No es el ejército venezolano los guerreros de Masada, ni el pueblo de Numancia que optó por el suicidio colectivo antes que entregarse a la fuerza invasora del romano Escipión; tampoco el bravío guaraní bajo el mando del general Solano López que fuere prácticamente extinguido bajo el poder de fuego de Brasil, Argentina y Uruguay en la Guerra de la Triple Alianza, mucho menos el ejército polaco masacrado en su totalidad por las tropas invasoras de Hitler en 1939. Esas inmolaciones fueron amor a su historia, por su dignidad individual, su pueblo y especificidad nacional, muy lejos de entregas sumisas a cambio de 30 monedas, llámense dólares, uso indiscriminado del poder o ideología comunista.
Pero sí podría darse el caso que en Venezuela, así como aconteció en Nicaragua, El Salvador, Panamá y otrora en Costa Rica, las fuerzas armadas, o lo que va quedando de ellas, opten por inclinarse por instinto de conservación o dignidad profesional, hacia una salida legal que garantice la instauración del Estado de Derecho de manera incruenta, para el disfrute del sistema democrático
Desmenbradas las instituciones del Estado, desaparecida la independencia de los poderes republicanos, abandonados los servicios públicos, entregados los organismos de seguridad, identificación, registros, notarías, salud, educación, puertos y aeropuertos al invitado régimen de los hermanos Castro; introducida la desconfianza y división entre los pueblos de América, la lucha de clases y la extorsión, sin posibilidad de una primavera al estilo libanés, hay que pensar definitivamente en la convocatoria a una Constituyente que transforme el actual caos jurídico, administrativo y moral para relanzar los objetivos del Estado cónsonos con la dignidad del hombre, el orden democrático, la solidaridad y la transparencia y control de los actos públicos.

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