lunes, 11 de febrero de 2013

REIVINDICACIÓN VERBAL

De la jubolisación necesaria
Luis Barragán


Anestesia de corta duración, transcurridos los días de carnaval, volveremos a la realidad de la dramática devaluación desasistida de otras medidas que reorienten la política económica del terco rentismo que nos agobia.  Y la solución gubernamental no será la de corregir y enderezarse, sino la de crispar los ánimos a propósito del allanamiento a las inmunidades parlamentarias que pretende.

Observado con anterioridad,  materia de potestad disciplinaria, derivada de la Constitución de 1999 que desmejoró a la institución en comparación con la de 1961, la inmunidad parlamentaria corre la suerte que determine el PSUV o, mejor, su cúpula dirigencial. Sin embargo, en esta ocasión, deseamos llamar la atención sobre el lenguaje empleado en la sesión de la Asamblea Nacional que sirvió de escenario a la denuncia.

Cierto, nada nuevo bajo el sol, el denunciante y su dócil bancada, hicieron gala de un lenguaje descalificador, arrogante y temerario en sus señalamientos, impotente frente al que serenamente exhibió la oposición.  Únicamente, la deserción de un tal Núñez  y la votación mayoritaria, dijo barrer todos los improperios, falacias, insultos y guapetonerías prodigadas en un hemiciclo que, seguramente, nunca supo de la obscenidad como una reiterada herramienta dizque  parlamentaria.

Bastará la lectura pausada del Diario de Debates correspondiente, si es que se atreven a publicarlo algún día, para apreciar la diferencia del lenguaje empleado y de los contundentes alegatos esgrimidos por Miguel Ángel Rodríguez o Richard Mardo, por ejemplo.  Hicieron señalamientos concretos, cuerdos,  frontales y aplomados (la mora en el Proyecto de Ley de Anticorrupción, PDVAL, casos de Wilson, Aponte Aponte y Mackle, etc.), ante los epítetos, simples enunciados, y pretendidas pruebas del oficialismo, incluyendo voces como “mariquiando” (por los papeles expuestos ante las cámaras, por la oposición), o “geriundo” (por oriundo).

Revisando la vieja prensa caraqueña, casualmente nos encontramos el aviso publicitario de un producto llamado “Jubol” para la limpieza intestinal,  jaquecas, agruras, enteritis,  hemorroides, etc. (El Nuevo Diario, 21/02/1916). No sabemos si efectivamente se hizo parte del habla citadina de entonces, pues, además de preguntar si se tenía la lengua sucia, recomendaba “jubolizarse” .

El lenguaje parlamentario necesita de una jubolización integral, sin renunciar en modo alguno a la riqueza del planteamiento coloquial como siempre aspiraron  los reglamentos de Interior y de Debates habidos, en la sección llamada “régimen parlamentario”. Reclamamos precisión, transparencia, y soltura en el uso del idioma, capaz de transmitir y hacerse argumental, cosa que no podrá hacerlo la jerga obscena, simplificadora, malsonante, ofensiva, limitada y perezosa.

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