jueves, 26 de julio de 2012

GRANIZADO INSOMNE

EL NACIONAL, 27 de Septiembre de 2002
Granizada... ¡y no la del martes!
Jesús Sanoja Hernández

Un poeta, para muchos el mayor de nuestro siglo XX, escribió en la revista Elite una serie de pensamientos (o aforismos o qué sé yo) con el título de “Granizada”, de los cuales me atrevo a reproducir, con sana intención, cinco. Ahí van para que, desde lejos, regresen con toda su sabiduría: 1. La fama no es sino el voto de la muchedumbre; 2. La historia no sirve sino para aumentar el odio entre los hombres; 3. La democracia es la aristocracia de la capacidad; 4. Las señoras son los alguaciles de la burguesía dogmática y panzuda; y 5. La libertad no es sino el cumplimiento de la ley dictada en interés general.
Ni una palabra sobre Venezuela hay en esas citas, pues Ramos Sucre, que no era político, historiador o cosa parecida, sino un empedernido de la universalidad, intentaba con este quinteto de pensamientos apresar realidades históricas más propias de la civilización occidental que de un país cuya tradición cesarista estudió, a su manera, Vallenilla Lanz. Pero conviene, para entender paradójicamente a nuestro país en su etapa posterior al gomecismo, citar cinco frases cuya validez está en discusión, pese la importancia que en su momento tuvieron.
Y ahí van, textual o casi textualmente: 1. AD gobernará cien años; 2. La calle será, primero y fundamentalmente, de la fuerza pública; 3. En Venezuela no habrá más golpe de Estado; 4. La última palabra parecen tenerla indecisamente, el campo, la calle y la fuerza, es decir, nuestro infortunio cívico–militar... ¡Viva la Revolución!; y 5. Fue un vacío que se generó en el país con motivo del estallido popular del 27 de febrero. Vacío de liderazgo (...) y vacío de poder.
Estas expresiones tienen padres y no atino a recordar si la primera la lanzó Valmore Rodríguez o si otro jerarca adeco cuya borrachera verbal provenía de intoxicación mesiánica: que la llamada Revolución de Octubre le concedía al “partido del pueblo” el derecho golpista de conducir al país durante una centuria. La segunda la pronunció con voz atiplada pero verbo encendido, el presidente Betancourt a raíz de la fracasada invasión de Castro León, luego complementada al presentar su mensaje anual al Congreso (29 de abril de 1960) con esta perla: “Es falaz y demagógico la tesis de que la calle es del pueblo”. La tercera la soltó el ministro de Defensa de Leoni, general Ramón Florencio Gómez, en tramo de feroz lucha antiguerrillera, sin eco en los cuarteles ni entonces ni a lo largo del quinquenio en que se mantuvo en el cargo. La cuarta la escribió Castro Leiva, un pensador de excepción, en marzo de 1999, cuando Chávez llevaba algo más de uno de los 21 años de mandato que tantas veces nos ha prometido. Y la quinta el vicepresidente Rangel cuando era Cicerón, o Catilina al decir de los desesperados perecistas ya históricamente perecidos.
¿Gobernó acaso AD un siglo? No, ni lo podrá gobernar así tome el poder mañana mismo y sobreviva hasta el 2045. AD cogobernó los tres años comprendidos entre 1945 y 1948, cuando la misma logia que actuó como asociada principal de la octubrada le dio la patada histórica. Gobernó completo los quinquenios de Betancourt, Leoni, Pérez I, Lusinchi y el incompleto de Pérez II. En total, pues, poco más de 27 años, superando en meses el récord de Juan Vicente Gómez.
¿Fueron del pueblo las calles, lo son ahora, lo serán mañana? Betancourt cumplió sus palabras y el ejemplo fue seguido por Leoni y Caldera en los primeros tiempos de sus gobiernos, que resultaron más largos durante el mandato del guayanés. Luego, las calles sirvieron de escenario para las caravanas y jolgorios del mal llamado puntofijismo, hasta que el Caracazo rompió los cristales del museo de la democracia. Y ahora la calle tiene dueños por todos lados: los círculos bolivarianos y la sociedad civil (unos con su nicho en el centro y el oeste, la otra con el este, en la Plaza Francia y la Plaza de la Meritocracia, si de Caracas se trata, porque en el interior el fenómeno también es miméticamente incontenible).
Cierto que no hubo intento de golpe de Estado entre 1965, cuando hizo su predicción Ramón Florencio, y 1992, cuando los comacates y los del 27N se quedaron con la boca amarga y con la cárcel como hospedaje, un lustro después de la misteriosa “noche de las tanquetas”. Mas, también es verdad que el 11 A (vacío de poder o golpe de Estado, póngalo como quieran) no fue, y probablemente no será, el último episodio de la historia bolivariana.
¿Estamos en las puertas del “infortunio cívico–militar” o ya cruzamos el umbral? ¿Hay vacío de liderazgo o vacío de poder? Estas dos preguntas, implícitas en las visiones y antevisiones de Castro Leiva y José Vicente Rangel, trataré de responderlas, si es que la astrología me ayuda, el próximo viernes. Y mientras el día llega, Ramos Sucre me advertirá, desde ultratumba, que esta democracia no es ni por asomo aristocracia de la capacidad: no lo es ni en quienes gobiernan ni en quienes ejercen la profesión de opositores.

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