martes, 24 de abril de 2012

CUESTIONES DEL SOCIALISMO RENTÍSTICO

Ley del Trabajo y revolución
Luis Barragán

El proceso político que vivimos por más de una década, y no otro sobrevenido a propósito de las dolencias presidenciales que digan – ahora - radicalizarlo, es el que contextualiza la intención de renovar las relaciones de trabajo en Venezuela.  El socialismo rentístico, la otra cara de nuestras bonanzas (añadido el sistemático endeudamiento público),  no permitirá innovación alguna en el particular campo del derecho del trabajo, a menos que aceptemos como tales los eufemismos sociologizantes que esconden una clara perspectiva de la seguridad y defensa que se traduce, en última instancia, en las angustiosas tareas de preservación del poder.

Curiosidad aparte, la de presumir el debate en torno a un proyecto que demasiados pocos conocen, el borrador que subrepticiamente circula no reporta ninguna novedad respecto al salario o el despido, concebidos como cuota de la riqueza nacional a distribuir justamente o suspensión de un hecho social, a modo de ejemplo.  La generosa abstracción enmascara el monopolio que ejercerá el Estado, el único patrón a la vista aunque diga no reconocerse como tal, siendo el más igual de todos los trabajadores iguales, sumada la excesiva dependencia con los precios que pueda alcanzar el petróleo en los mercados internacionales – sencillamente -  para financiarlos.

Los trabajadores tendrán que garantizar nuestra independencia política y soberanía económica, responsabilizándolos de la producción agropecuaria que las políticas oficiales ha  pedevalizado, mientras la llamada “administración del proceso social del trabajo” adquirirá dimensiones tales que sólo la soportarán las armas. Rápida conclusión, a sabiendas de la doctrina jurídica y de la propia técnica legislativa del chavezato, capaces de mezclar y contaminar las más disímiles materias,  los objetivos primordiales a alcanzar se resumen en la militarización efectiva del trabajo en Venezuela y el financiamiento del gasto ordinario de un gobierno – comprobado está – improvisado y despilfarrador.

De trastocar profundamente las relaciones de trabajo, si fuere el caso, la crisis tendría consecuencias impredecibles debido a la quiebra de la producción nacional que ha elevado las importaciones en más de 700% en los últimos años, la galopante desindustrialización que nos aqueja, y – convengamos – la dislocación de los sectores sociales que constituyen el eje del régimen. El inédito capitalismo financiero que realizamos, favorecidos deslealmente unos pocos frente a otros competidores que claman por una más desinteresada apertura que los ponga en solfa con aquellos llamados a la exitosa exportación, según el texto soterrado que también se presta a una flexibilidad caprichosa, promete una dislocación que inexorablemente golpeará a los actuales grupos de poder de alianzas ya inciertas, por las aludidas dolencias.

De modo que, suponemos, el Proyecto de Ley Orgánica Socialista del Trabajo o Ley del Proceso Social del Trabajo, escapando aquél de la habilitación legislativa que puede caricaturizar a éste,  tendrá una superior vocación por la estridencia que por la venturosa refundación de las relaciones de trabajo, sobre las cuales no hay ni habrá teoría revolucionaria que la avale. Al parecer, el fenómeno está inscrito en nuestro historial republicano, de acuerdo a lo  señalado por Robert Paul Matheus: "Los ataques contra la propiedad, visto por conservadores como prueba de una revolución social, de hecho no eran más que una acción política contra una minoría de privilegiados. Los ricos eran asediados, no tanto por la posición dominante que ocupaban en la sociedad, sino por su filiación política" (*).

Colegimos que, gracias a la dramática coyuntura decretada por las inocultables como irremediables pugnas intestinas del oficialismo, la legislación laboral apuntará – en todo caso -  al reacomodo de las fuerzas y corrientes que se benefician del Estado Rentista.  Empero, ausente un mínimo y deseable control político, muy  quizá todo se vaya de las manos.

(*) "Violencia rural en Venezuela, 1840-1858: antecedentes socio-económicos de la Guerra Federal", Monte Avila Editores, Caracas, 1977: 113.

Fuente:
EL SOL DE MARGARITA, Porlamar, 24 de Abril de 2012
Fotografía: Juan Pablo Garza (El Nacional, Caracas, 08 de Junio de 2009) 

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