lunes, 8 de agosto de 2011

CORAJE


San Mateo, 14: 22-33

Interactuando en lo posible, como acostumbra, ahora aventajado por el empleo de otros medios, glosando a José Antonio Pagola, el Padre Numa Molina (SJ) señaló que Mateo nos invita a entender a las comunidades cristianas primitivas que también experimentaban la crisis de la persecución, entre otros problemas. Asunto no sólo histórico, sino que arroja una lección: después de la tempestad, queda Jesús.

Hoy, son muchos los vientos contrarios (enfermedades, accidente inesperado, perder el trabajo, etc.). Cada uno encuentra el suyo. De acuerdo al pasaje, Jesús no está en la barca. ¿Lo está en la nuestra?, ¿lo hemos echado? Nunca tenemos tiempo para El. La oración no es de curas y monjitas. Es de cristianos. Por ello, la tormenta nos agarra descuidados, sin timonel o capitán.

Los discípulos no lo reconocen, están aterrados. Siempre queremos encontrar a Jesús del modo que hemos imaginado, aunque El se nos muestra de otro modo, el más inesperado y contradictorio. Nos cuesta descubrirlo en un hecho histórico, en algún acontecimiento. Dios habla desde ahí.

El miedo no lo provoca la tempestad, sino la incapacidad para verlo. Miedo a que nos confronta, nos exija, haga salir de los esquemas. Nos cuesta verlo desde otros ámbitos, nos asusta desde un terremoto o desde El Rodeo o la violencia de los barrios. Nos habla, grita, convoca a una misión, a un apostolado.

La Iglesia que somos todos, puede atravesar y ha atravesado tempestades a lo largo de la historia. Dios habla, pero nuestro corazón no lo halla. Es admirable la expresión de Pedro: mándame ir a ti. Actitud arriesgada, la necesitamos. Y es Pedro que un día saca veinte puntos, mientras el otro es raspado.

La crisis es el momento para hacer la experiencia de la fuerza de Dios, donde el cristiano se levanta y crece. Es una experiencia de Jesús, no de las devociones humanas, de las tradiciones, pues, así pasamos la vida yendo a visitar a la Vírgen de Betania, por ejemplo, que no es malo: debemos ir más al fondo, hacernos adultos en la fe como el que toma la hostia en la mano para comulgar.

"Ven" no es un llamado a sus discípulos, sacerdotes o religiosas, sino a todos. Necesitamos de sus manos para hacernos presentes en medio de la gente. LLamado diferente y original que debemos escuchar todos en tiempos de tempestad. Guiados por su Espíritu favorable, sin miedo.

El problema no es el de la progresiva secularización de las sociedades modernas, ni el final de la sociedad de los cristianos, sino el miedo a Jesús. Fundamental: escuchar el signo de los tiempos. Ahí, donde tenemos miedo perdemos nuestra fe.

Martialay, Lacasta y Mary

De acuerdo a nuestros apuntes (10/08/08), Roberto Martialay (SJ) indica que Jesús se queda solo, buscando la soledad con Dios, amor al silencio irrenunciable para estar con El aún después de una jornada agotadora; simbolismo y enseñanza: cena y soledad después con Dios, reparto del pan que es un hecho colectivo aceptando la prueba de la soledad; Pedro se anticipa a la Pasión de Jesús; ausencia de Jesús es una prueba, pero no los ha abandonado; simbolismo e historia. Para el Padre Alvaro Lacasta (SJ), la fe no es teórica, conceptual o ritual, sino compromiso de vida: sobria, sencilla, desconcertante; Jesús tiene consciencia del camino que lo conduce de Belén a El Calvario; ora para reforzar el designio de vida, no dar marcha atrás; la Gracia de Dios no va a ser barata; Pedro se había hundido en la fe que no es un simple mensaje, sino ha de validarse con los hechos (concluyendo la Misa, leyó la plegaria de los tripulantes del Apolo XIII). Fr. Mark Mary (EWTN), habló de una relación de amor y no de odio; miedo paralizante, admiración de la audacia de Pedro, deseo de servirle; época de miedos, temores, fracasos: buscamos de todo, menos a Dios.

Ilustración: Nathan Simpson, "Jesus Walking on Water" (2004)


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