lunes, 21 de junio de 2010

El reciente libro de Monasterios

EL NACIONAL - Sábado 19 de Junio de 2010 Papel Literario/2
La transgresión como método creativo
ANTONIO CONSTANTE

Estoy sorprendido y temeroso por este compromiso aceptado a la ligera sin tener ninguna licencia que me autorice a honrar y --no-- a deshonrar este libro tan importante y además de tan impecable edición. No me queda entonces sino seguir con esta agradable responsabilidad.

Al celebre columnista humorístico norteamericano, Art Buchwald, le fue solicitado en más de una ocasión un artículo sobre el tema de la pornografía, nunca llegó a hacerlo y explicó el porqué: "Cuando voy a escribir sobre un tema, me documento exhaustivamente para hablar con propiedad y conocimiento, igual quise hacerlo con el tema de la pornografía, y siempre se me ha presentado el problema que nunca he podido resolver, y es que al sumergirme en las distintas fuentes del mundo del porno, acabo masturbándome y agotado, y por lo tanto se me quitan las ganas de escribir sobre el tema".

Al yo querer hacer lo mismo --es decir documentarme--, me encuentro con que toda la documentación que necesito está superlativamente contenida en libro de Rubén Monasterios; exhaustiva, profunda, precisa y abundante. No hay que recurrir a Wikipedia, ni a la Enciclopedia británica, ni al Jardín perfumado, ni a Los 120 días de Sodoma, del divino marqués, tampoco al Dr. Kinsey fisgón estadístico, ni al imposible Kamasutra, ni ha esos manuales --tipo hágalo usted mismo-- como La mujer sensual o El hombre sensual y mucho menos a Cosmopolitan o Penthouse; todo está aquí, en este esplendido libro que es un compendio de las pulsiones eróticas y sus múltiples variantes.

A los voyeurs, que nos acompañan y están hojeando el libro con furtivas miradas, entre la falsa distracción y el interés académico y la impaciencia por los placeres que les deparará la lectura, les sugiero a ellos --los voyeurs--, y a los de otras ramas relacionadas con el tema, que empiecen por el índice y allí encontrarán las señalizaciones para dar rápidamente con los capítulos dedicados a las íntimas desviaciones de cada quien.

Lo erótico y lo pornográfico, es un libro de ensayos, un amplio estudio, una obra definitiva sobre el tema, es el vademecum para explorar territorios desconocidos a los comunes mortales y se agrega a la vasta obra de nuestro homenajeado. Este trabajo es una decantación de una obra extensa sobre el tema que el autor iniciara hace décadas, cuando hablar de pornografía era peligroso además de políticamente incorrecto.

Títulos como El encanto de la mujer madura, El pájaro insaciable, El beso, Rosa luciferina, junto con estudios sobre el cómic pornográfico, textos de teatro específicamente porno, amen de una consistente cantidad de ensayos sobre la especialidad que son sólo algunas de las obras que pertenecen a un caudal más rico y abundante y que llevan a este fascinante trabajo.

El sello. La marca de fábrica de su obra en general, siempre ha partido de la transgresión como método creativo.

Nada más transgresor que hurgar intimidades y Rubén no se hace rogar, lo hace con naturalidad y desparpajo, sus escritos son de amplio consumo, es decir, grandes éxitos que tienen la trascendencia sociológica de rasgar ese velo espeso que envolvió y envuelve los territorios prohibidos de lecturas contraindicadas por la moral y las buenas costumbres.

El poliédrico Monasterios es autor de una notable obra que abarca desde tratados científicos hasta literatura erótica. Es autor, actor y crítico de teatro, y si cubrimos las tablas con linóleo nos encontramos con un Rubén bailarín incomprendido. Esta injusta incomprensión lo movió a ser también crítico, en venganza por los "favores no recibidos" en el arte de la danza. Siguiendo con su musa favorita, Terpsícore, e inspirado por ella se presenta también como cantante de indefinible tesitura y de vocalizaciones alternativas a cualquier escuela de canto.

Humorista de trazos gráficos de calidad (hay que recordar que es un apasionado del cómic) y también escritor humorístico de personalísima y venenosa pluma, que es capaz de desbordarse hasta feudos rabelasianos.

Cronista cultural radiofónico desempleado y muy añorado. Marino como Simbad, libertino y bon vivant convencido e irredimible. Es decir, es un tipo de ambiciones renacentistas o, para decirlo en criollo, es un hombre viajado.

No se diga más; con Rubén de capitán nos sentimos como si estuviéramos abordando un silencioso velero que nos conducirá como peregrinos laicos por la geografía de la sexualidad humana, con la sensación de ser pasajeros de un maravillo crucero que navega en dos corrientes: la específicamente científica a la que Rubén le da el hermoso título de "El amor a la luz de la ciencia"; allí nos presenta a la oligarquía del pensamiento científico, como el insigne Kraft-Ebing, quien como maestro en asuntos de perversiones, nos muestra su catálogo de fetichismo, sadismo y masoquismo. A Sigmund Freud quien se nos aparece en sueños utilizando como mediums a un conspicuo coro de argentinos que bajo el manto del doctor vienés se nos une y nos psicoanaliza. Al alquimista --onírico-- agnóstico, Carl Gustav Jung, y a tantos otros entrometidos que se introducen en nuestras alcobas deslizándose hacia la psiquis humana tratando de descifrar el complejo comportamiento erótico del hombre.

Y en contraste, flotando en rumbo paralelo nos dirigimos a la corriente hedonística, que Rubén le da otro magnífico titulo "De la sexología a la ficción amorosa en alas de la imaginación", pensamos entonces en los grandes artistas que a través de sus obras nos invitan a circunnavegar los sinuosos parajes del cuerpo y del espíritu con sus creaciones.

Asomados al puente de ese imaginario crucero que viene a ser esta Opus Mirabilis, vamos de puerto en puerto, navegando por ensenadas y armoniosos promontorios, bordeando costas sensuales, y afrontando los mares tempestuosos de las aberraciones, prosiguiendo por estelas que son como caminos que se borran continuamente, hasta desembocar extasiados en un mar de olores y sensaciones que nos conducen a la mejor de las tierra prometidas.

Vamos descubriendo los lupanares de Pompeya y su explícita exposición de ilimitada y muy creativa pornografía. Los griegos y su liberación sexual ante litteram, claramente ilustrada en su cerámica donde podemos de manos de Dionisos ver mujeres, hombres, animales, efebos, dioses todos juntos en la misma fiesta. Las miniaturas árabes contenidas en Las mil y una noche, que describen minuciosamente, su gran invento erótico: el harem, lugar de perfumes e inciensos en el que se practica el intercambio de parejas con un solo hombre y muchas mujeres. ¡Oh la grandeza árabe! La pintura gótica siempre dedicada a lo divino celestial y a veces subrepticiamente terrenal --véase la portada de este libro--, o si quieren algo más hardcore miren en la página 341 a un cabrón sodomizando a una mujer, escultura en el portal de una iglesia. El orígen del mundo", el inquietante primer plano del famoso cuadro de Courbet, sobre el Big Bang originado por un coito superlativo que dio inicio a la humanidad, pintura que dice más que cien sesiones con el mismísimo Freud.

El gran Bernini desmintiendo la frigidez del mármol, para mostrarnos en esa extraordinaria escultura que ilustra El éxtasis de Santa Teresa la imagen de un divino y celestial orgasmo.

Y siguiendo por nuestros cauces mentales, nos topamos con el puritanismo victoriano, mediante el acceso a una imponente literatura erótica por extensión y calidad. Período casto y puro en la superficie y extremadamente gozoso en los aposentos de la clases altas, valga el ejemplo del llamado "vicio inglés", o sea la flagelación, especialidad muy apreciada por los aristocráticos nalgatorios británicos, al igual que la sodomía y otras delicadezas.

Todo y más contiene este libro y no podía faltar el ingrediente activo del arte de pecar: la censura. Como uno de los ejemplos, el autor menciona al maestro Verdi y sus vicisitudes con la censura en el estreno de La Traviata. La glorificación de una escort de alto calibre era un tema osado e indigesto para exhibirlo en un teatro frecuentado por la burguesía veneciana; eran los días de la dominación austríaca en Italia, ahora, en cambio, con el dominio actual de Berlusconi, las escorts tienen el paraíso asegurado, gracias a que el cavaliere es un gran degustador de esas costosas delicias.

Cuán tormentoso ha sido el amarse. Siempre se han interpuesto entre los humanos restricciones de toda clase, las guerras, las diferencias sociales, las diferencias étnicas y sobre todas las religiosas; valga el ejemplo de la religión católica en cuanto a la persecución de los placeres de la carne humana; como ejemplo máximo hay que citar a la Santa Inquisición que la apreciaba mucho. La iglesia se empeñó con mucha dedicación en la misión de preservar la virtud de los demás, mientras ellos se gratificaban intra-muros como los frailes y monjas de El decamerón y extra muros como Los cuentos de Canterbury. Y así de pecado en pecado llegamos hasta nuestros días, con el enorme escándalo de los curas pedófilos, que en épocas anteriores hubiera producido un cisma mayor que el de Lutero.

Parafraseando a la Summa Teologica de Santo Tomás, el autor sugiere que algún día se debería emprender la tarea de hacer una "Summa Erotológica", pero yo creo, sin duda, que en su dimensión esta es una "Summa Erotólogica" extensa aunque comprimida y esencial.

Es mérito inmenso del doctor Monasterios, haber logrado una síntesis perfecta en una gama de temas que se desarrollan en un arco de tiempo muy extenso que abarca todas las épocas con sus particularidades geográficas, históricas y antropológicas.

En resumen, este libro tiene tres rara virtudes: La de ser elogiado por los entendidos en la materia La de ser alabado por los curiosos en la materia Y la de ser glorificado por los practicantes en la materia.

La travesía por el imperio de los sentidos está por concluir, leyendo y observando hemos aprendido mucho en el recorrido por los infinitos caminos de la sensualidad y sus variantes, nos hemos deleitado con los frutos prohibidos que dos o más cuerpos pueden ofrecer, aún a sabiendas de que Omne animal post coitum est triste.

Estas palabras tenían el doble propósito de rendirle homenaje al Monasterios autor y al Rubén amigo entrañable de toda una vida.

Espero haberlo logrado, si así no fuera busco el perdón con el último verso de "El Infinito" de Leopardi: "Y naufragar en este mar me es dulce".

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