jueves, 19 de octubre de 2017

CUADERNO DE BITÁCORA

El día martes 17 de los corrientes, María Corina Machado fijó postura sobre los resultados electorales. Ampliamente difundida la rueda de prensa (http://www.ventevenezuela.org/machado-la-hora-una-unidad-ciudadana-derrote-los-cogollos, y https://www.lapatilla.com/site/2017/10/17/maria-corina-es-la-hora-de-una-unidad-ciudadana-que-derrote-a-los-cogollos-hay-que-asumir-responsabilidades), insistió en el desarrollo de una política alternativa. No tenemos tiempos, incluso, de referirnos a la reflexión que hizo la dirección de Vente Venezuela, los matices de una importante discusión. Sin embargo, es necesario reivindicar una postura válida en la materia que no deja de señalar importantes derroteros: https://www.youtube.com/watch?v=kUUjR3qmXpE

Tiempo atrás, tuvimos ocasión de visitar - en varias ocasiones - a los magistrados por entonces refugiados en la embajada de Chile. Comprensible prudencia, no publicamos las fotografías. Apenas, lo hacemos con dos de ellas, porque ya se ha idifundido - también con amplitud - una historia que tiene sus bemoles.

Después de una también ingrata discusión en el grupo de WhatsApp de la bancada opositora en la Asamblea Nacional, en la que dos o tres diputados hicieron burla de la propuesta, algo intrascendente, cierto, planteamos la necesidad de nombrar a los nuevos rectores del CNE (https://www.lapatilla.com/site/2017/10/19/diputado-omar-gonzalez-la-an-debe-nombrar-los-cinco-rectores-del-cne-ya). La misma fue aprobada por unanimidad en la plenaria de hoy (http://www.ventevenezuela.org/aprobada-propuesta-fraccion-vente-venezuela-iniciar-designacion-los-cinco-rectores-del-cne).

No da tiempo de un más amplio comentario de cada una de estas vicisitudes, por lo que simplemente, a los fines de su archivación, dejamos el registro fotográfico a la mano de la rueda de prensa de MCM, las fotografías con los magistrados tomadas en la embajada de Chile y la que hoy se nos tomó en el hemiciclo.

martes, 17 de octubre de 2017

"CONTI ... MÁS"

Érase el deber de pedir y dar una explicación
Guido Sosola

Es por estos tiempos que prevalece la costumbre de no dar explicación alguna de nuestros actos, imitando la conducta de quienes nos gobiernan y aspiran a gobernarnos. Día tras días, ocurren numerosos eventos que no encuentran responsable alguno y si se trata del Estado, con mayor y prepotente razón calla, desde el semáforo de una esquina que  repara inútilmente – entreteniéndose - por varias ocasiones, para darle una insólita continuidad al caos, hasta la detención de un disidente que, en el mejor de los casos, le postergan las audiencias.

Puede ocurrirle cualquier cosa al ciudadano común o intensificarse el patrullaje policial, evidentemente con fines de control político, pues, no disminuye la delincuencia común, o cualesquiera otros operativos que nos sorprendan, y quedamos a la merced de las adivinanzas. No hay periodistas que, en una libérrima rueda de prensa, pueda preguntarle al señor ministro y, menos, a sus jerarcas superiores, sobre tal o cual decisión, evento o situación, dejando las conjeturas al aire, con resignada espera por otros hechos que las multipliquen ad infinitum.

Puede ostentarse cualquier responsabilidad pública, pero el concejal o el diputado no deben preguntar nada al alcalde o al presidente de la corporación legislativa, pues, tampoco éstos sienten la obligación de dar respuestas, como no las da el propio presidente de la República. No es otro el aprendizaje de casi dos décadas, porque no hay libertad de prensa ni de medios para indagar y publicar la más elemental vicisitud, ni tenemos  el riesgo de una interpelación parlamentaria que se traduzca en un elevado costo político.

Érase el deber de dar una explicación, por mayo de 1948, pues, al culminar la sesión, por lo demás, nocturna de la Cámara de Diputados, agentes de seguridad lanzaron sendos artefactos lacrimógenos a un grupo de parlamentarios de la oposición. La prensa de la época (que la había, aunque a todo riesgo),  reseña al gobernador López Gallegos, del Distrito Federal, respondiéndole al diputado Rafael Caldera, uno de los agredidos.

Bastará con revisar la prensa de los años ’60 del ‘XX para constatar, por ejemplo, que el temido “ministro-policía”, Carlos Andrés Pérez, concurría al Congreso para contestarle, incluso, al senador o diputado que lo sabía comprometido con la subversión. Algo  que iba más allá de la democracia formal tan frecuentemente denunciada, hubo interpelaciones y otros actos de comparecencia inevitables en el foro parlamentario e, incluso, en el estrado judicial: en todo caso, a la entrada o a la salida, estaba el reportero atento, especializado en la fuente, como otros de sus colegas cubrían a la misma hora un incidente automotor, un malentendido deportivo, una emergencia hospitalaria o un súbito aumento en el mercado municipal de víveres.

La dictadura no está para satisfacer la inquietud siquiera de sus más cercanos y expresos seguidores, pero algo debía responder, como lo hizo, cuando se produjo el gigantesco incendio de la refinería de Amuay en febrero de 1950. Todavía hay quienes esperan alguna palabra ante la tragedia de Amuay,  de mediados de 2012, ya olvidada – a pesar de su gravedad – por la sucesión de otros acontecimientos similares que desembocan también en una crisis humanitaria resuelta  por una huera consigna: guerra económica.

Lo hizo por pudor en 1950, como personalmente Pedro Estrada se veía forzado a declararle a los periódicos, por censurados que estuviesen, en el transcurso de la década. Habituado a la evasión que facilita el uso intensivo del Twitter, raras veces Nicolás Maduro trata de justificar decisiones que sólo las decreta y festeja entre los suyos, con la debida televisación: los integrantes de la Asamblea Nacional ya olvidaron que, meses atrás, fueron secuestrados y agredidos, durante cinco o seis horas, sin que hubiese un gobernador López Gallegos que se apersonara para responderles, pues, Maduro, en un acto marcial, sólo dijo extrañarse. Entonces, al deber de dar explicaciones, se une otro quizá más importante: pedirlas. “Conti mil veces más”, cuando hoy el problema es un CNE al que debe exigírsele y un CNE que debe dar la respuesta que se le pide, porque la tal constituyente ,,, nada que ver.
18/10/2017:
https://www.lapatilla.com/site/2017/10/18/guido-sosola-erase-el-deber-de-pedir-y-dar-una-explicacion

domingo, 15 de octubre de 2017

CAZA DE CITAS

"La novedad de aquella época no son tanto las ideas: Tocqueville señala que éstas vienen de lejos. Lo nuevo está en la multiplicación social de su elaboración, en la difusión que tienen, en la acogida que reciben, en la función que cumplen"

François Furet

("Pensar la Revolución Francesa" Ediciones Petrel, Barcelona, 1980: 201)

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Arturo Uslar Braum. "Betancourt y Uslar Pietri". El Nacioal, Caracas, 20/10/1965.
- Alberto Krygier. "Las ciencias de la complejidad". El Nacional, 19/06/92.
- Ramón González Paredes. "Andrés Maurois, novelista". El Universal, Caracas, 03/11/64.
- Marco Aurelio Vila. "Cataluña y la Venezuela de 1713". El Nacional, 11/09/52.
- Mariano Picón-Salas. "Existencialismo". El Nacional, 10/12/50.

Reproducción: Rómulo Betancourt encabeza el acto de finalización de cursos en la Escuela Militar de Venezuela. Revista de las Fuerzas Armadas, Caracas, vol. 3, nr. 4 de 1947.

UN CENTENARIO UTILITARIO

Del  insólito anacronismo bolchevique
Luis Barragán

Muchísima tinta, literal, digital y filmográfica, ha corrido sobre la revolución bolchevique de octubre de 1917, de hacer caso al calendario juliano de la Rusia de entonces, correspondiente a noviembre de acuerdo al gregoriano. Lo cierto es que, significativo y trascendente, arribamos a un centenario que, no faltaba más, Nicolás Maduro ya ha anunciado que lo celebrará por “todo lo alto” (http://www.noticierodigital.com/2017/10/maduro-celebraremos-por-todo-lo-alto-los-100-de-la-revolucion-bolchevique), a sabiendas, por una parte, que los venezolanos no estamos para festejo alguno, desgarrados  por una crisis sobre la cual él y todo el régimen que representa, son responsables; y, en contraste con las viejas generaciones de marxistas del patio, por otra,  lo caracteriza una demoledora y supina ignorancia sobre ésta y otras materias que los cursillos cubanos no subsanaron, ni podían subsanar.

Obviamente, por ligera o densa que sea, cada quien puede tener y tiene una perspectiva y convicción sobre tamaño hecho histórico, influida la nuestra por obras como las de Isaac Deutscher, incluida la extraordinaria versión humorística de Daniele Panebarco. Asunto distinto es manipular el acontecimiento, banalizando sus consecuencias, como ocurre – ahora – en la era de Putin, asimilado a la pasada grandeza imperial que cultiva tan cuidadamente,  por contradictoria que sea su naturaleza.

Manipulación que constatamos con la lectura de la magistral tesis de Jonathan Benavides (“Cambios y continuidades de la política exterior de Rusia en el período 1945-2015”, UCV, Caracas, 2015), defendida y aprobada con honores, también atestiguada por el suscrito en la sesión realizada por la otrora mayoría oficialista en la Asamblea Nacional el mismo año,  a la que nos vimos obligados a responder más allá de una huera complacencia aniversaria del fin de la segunda guerra mundial (https://www.youtube.com/watch?v=XQccTBfwrR8).  Y es que, cuando la actual dictadura venezolana pretende emparrandarse con la fecha, intentando contrarrestar cualquier reflexión crítica sobre una experiencia amarga y hasta innecesaria, pero de un formidable impacto e influencia universal, simplemente se vale de un anacronismo para ocultar sus tensiones, intenciones y pretensiones, intentando confundir aún más a los escasos seguidores con banderas de una extemporaneidad harto evidente.

La Unión Soviética, derivación postrera del mítico asalto al Palacio de Invierno, a nuestro juicio, tuvo un importante aunque lento impacto en nuestro país, pendientes los estudios más pormenorizados sobre un legado documental y hemerográfico que ojalá sobreviva, precisamente, a esta dictadura pulverizadora de bibliotecas, tomando en cuenta sugerencias como las de Jesús Sanoja Hernández (a modo de ilustración, “La revolución soviética en nuestra prensa”: El Nacional, Caracas, 15/11/1981). Bastará con examinar el mismo historial del PCV para verificar lo lejos que llegó la devoción y confianza hacia el modelo implantado, el culto por sus líderes y el más temido que temerario intento de reeditarlo acá, en el duro contexto de la guerra fría, hasta que la invasión de Checoeslovaquia en 1968 les agüó la fiesta, propiciando un intenso debate en las filas del marxismo-leninismo del patio, hoy deliberadamente olvidado.

Nuestra generación supo y vivió la transición que impulsó Gorbachov en la década de los ’80 del `XX, derrumbado – además – el sistema satelital soviético de la Europa Oriental, pues, tras cada misil con ojiva nuclear dispuesto por el poderoso complejo industrial-militar (por lo menos, Eisenhower pudo alertar sobre la indebida influencia en su país),  sobraba el testimonio de hambre y precariedad de un pueblo sojuzgado. Materializada su versión, Sanoja Hernández también cantará a las realizaciones del llamado socialismo desarrollado (“60 años de la URSS y su impacto en el proceso político venezolano”, Cantaclaro, Caracas, 1983), sin adivinar que, a la vuelta de muy poco tiempo, la situación tuvo inevitablemente que sincerarse con el monumental fracaso de una experiencia que tanto deslumbró al Pío Miranda de la conocida obra teatral de Cabrujas.

Importa volver a una obra decisiva como la de François Furet, “El pasado de una ilusión” (FCE, México, 1995), cuyo examen de la idea comunista en la centuria pasada tampoco conoce de la debida, sobria y coherente refutación de una feligresía que, en el rentable ejercicio del poder, orgullosamente ágrafa, es alérgica a cualquier interpelación. Esencialmente proveniente de la época en la que se produjo la referida transición gorbachoviana,  aprendió a evadir el fracaso y, hábilmente, escondida su más profunda convicción  ideológica, escudándose en el movimiento estudiantil, ecológico o indígena, fraguó la estafa política que todos padecemos, pasando ilesa por debajo de la más sutil polémica.

Atravesamos  las incidencias de una V Internacional que, decretada por Chávez Frías, ha degenerado en un fetichismo asombroso y deplorable, aferrado a la dictadura cubana, arteramente superviviente a la caída de la Unión Soviética de la cual fue destacada sucursal en el Caribe.  El bolchevismo de ocasión, exhibido por Maduro Moros, creyendo encarnarlo aún más con la impudicia de una festividad centenaria, nos convierte en prisioneros de un insólito anacronismo que nunca pasará por un mínimo o mediano planteamiento político-cultural.

Reproducciones: Reportaje sobre los cosmonautas soviéticos, en: "Unión Soviética. Revista sociopolítica ilustrada mensual", nr. 4 / 1981; mapa de la URSS, "Unión ...", nr. 3/1981; Soviet Supremo, "Unión ...", nr.  4/ 1981; portada del libro referido de JSH. Las revistas en cuestión, se encuentran en la hemeroteca de la Academia Nacional de la Historia, las cuales ordena el archivólogo Gabriel López.
16/10/2017.
http://www.noticierodigital.com/2017/10/luis-barragan-del-insolito-anacronismo-bolchevique http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=84566 http://www.ventevenezuela.org/del-insolito-anacronismo-bolchevique-luis-barragan http://www.envenezuela1.com/content/blog/nd-luis-barrag%C3%A1n-del-ins%C3%B3lito-anacronismo-bolchevique

DEL JEFEMILITARISMO EDITORIAL

La amabilidad del sarcasmo
Luis Barragán

Pocos dudan de la extraordinaria pluma que fue Aníbal Nazoa, cuyo buen sentido de humor, varias veces sutil y, otras, lapidario, nos hizo tempranamente asiduos a sus libros y crónicas semanales. Vivenciándola, amaba intensamente la ciudad que buen espacio ocupaba en su tintero y, mortificado, desplegaba también un sectarismo político que llevó la impronta de una vieja militancia ideológica, cebándose – en uno de sus períodos culminantes – en la dupla adeco-copeyana, fuente de toda maldad.

Diferencias aparte, respecto a la interpretación que daba del momento político, nos satisfizo el espléndido juego de la ironía que, en definitiva, lo era del lenguaje. Por ello,   el mejor aporte de toda reedición está en salvaguardar algo más que la simple jerga cotidiana que supo rescatar para abordar los hechos o situaciones que lo ocuparon.

Olvidado el aniversario en medio de los duros y consabidos acontecimientos que todavía nos estremecen, circula una importante compilación: “Puerta de Caracas. Edición homenaje a los 450 años de Caracas” (Alcaldía de Caracas/ Fondo Editorial Fundarte/ Gobierno del Distrito Capital, 2º edición corregida y disminuida, Caracas, 2017).  Confesamente rebajada, versamos sobre una reedición de mediana calidad que, por un parte, no se compadece con el patrocinio de tres muy bien presupuestadas entidades públicas, y, por la otra, contrasta con la magnífica entrega digital de Mirelis  Morales Tovar -  “Caracas-en-450” - promovida por una entidad bancaria.

Inevitable, tomamos una pequeña muestra de los artículos originales de Nazoa y constatamos aciertos y errores de la nueva edición.  Por ejemplo,  respecto a las gratas expresiones que reflejan toda una época, el libro en cuestión refiere “jefecilismo” (97), mientras que el artículo originalmente publicado dice “jefecivilismo” (“La jaula de King Kong”: El Nacional, Caracas, 10/03/1978), perdiendo el dato de lo que significó esta autoridad pública décadas atrás;  dice “tarabeteando” (119), en lugar de “tabarateando” (Ibidem: 18/06/1981), traicionando un verbo que aludía a las incursiones venezolanas en el extranjero, aunque es fiel el vocablo “catajarria” (117), a su original (Ibid.: 18/06/1981).

Presumíamos que tales errores de alto octanaje que afecta el pulcro neologismo de Nazoa, se debía a los que recurrentemente propinan los programas informáticos, aunque las dudas recaen sobre la corrección misma. Simplemente, no la hubo, porque son los mismos yerros de la primera edición de 2007, siendo comprobable gracias a la sección de libros de Google y su magnífico dispositivo de búsqueda interna (https://books.google.co.ve/books/about/Puerta_de_Caracas.html?id=UhofAQAAIAAJ&redir_esc=y).

No tenemos ánimo alguno de descalificar la iniciativa oficial, una de las pocas que puede ostentar, pero es necesario recalcar la inmensa responsabilidad de un Estado que, en el siglo anterior, hizo sus mejores esfuerzos por ediciones muy cuidadosas de obras que importaron y todavía importan a las sucesivas generaciones de venezolanos. Más aún, una  materia delicada, cuando se trata del habla susceptible de posteriores distorsiones que tienden a desdibujarnos social e históricamente.

Por lo demás, un régimen que, en más de una década, acumuló importantes recursos para publicar hasta veinte millones de libros, beneficiado por mil millonarios créditos adicionales para adquirir imprentas, tinta y papel, nada más en un lustro,  exhibe muy pocos títulos que prontamente ingresan al “basurero ideológico”, por citar una feliz sentencia del entonces diputado Homero Ruíz al ventilar el asunto dos o tres años atrás en la Asamblea Nacional. Quizá esa maquinaria de impresión está en ruinas, quizá se encuentra agotada tras los gigantescos tirajes de propaganda monopartidista, pero lo cierto es que ni una comisión parlamentaria puede chequearlo y ya no está Aníbal Nazoa para comentarlo, como seguramente lo hubiese hecho con la amabilidad del sarcasmo.

(*) Textos referidos de Aníbal Nazoa: https://lbarragan.blogspot.com/2017/10/nazoadas.html
Fotografía: Puerta de Caracas, La  Pastora, 1930. Tomada de: http://mariafsigillo.blogspot.com/2012/08/las-puertas-de-caracas.html
15/10/2017:
https://www.lapatilla.com/site/2017/10/15/la-amabilidad-del-sarcasmo-por-luis-barragan https://noticiasvenezuela.info/2017/10/la-amabilidad-del-sarcasmo-por-luis-barragan

HACIA UNA SOCIEDAD DE ÁGRAFOS

Por ejemplo, Houellebecq
Luis Barragán

Escasas las divisas, en medio de una pavorosa y extendida crisis humanitaria, comprendemos y justificamos que la inversión prioritaria sea en los alimentos y medicamentos tan urgidos. Empero, habrá que esperar a la transición democrática,  porque la actual dictadura privilegia el gasto militar y publicitario, como el servicio de la deuda externa, dejando el cumplimiento de sus pagos internos para la rebatiña de los más cercanos y exclusivos círculos del poder establecido.

Frecuentemente, hurgamos las redes sociales para imponernos de las más recientes entregas de las casas editoriales que ya no vienen a Venezuela, maravillados por las alternativas reseñadas. Imposibilitada la lectura impresa o digital de las mejores novelas y ensayos que ofertan, impedidos de los dólares o euros que la permitan, más de las veces apostamos por el préstamo benevolente de una persona amiga o por la cortazariana reconstrucción de los textos más o menos desperdigados, recreándonos con los capítulos intermedios o finales, a la espera de los introductorios que algún día aparezcan.

Aceptemos, la situación nos llena de impotencia e indignación, porque nunca antes o, por lo menos, desde que el petróleo anegó al país, pasamos por una situación semejante, compartiendo cada vez más la deplorable condición de un lector cubano. Muy poca certeza tenemos ya de leer “4 3 2 1” del estadounidense Paul Auster o “La ola detenida” del venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, ejemplificando – apenas  - los títulos más recientes, sintiendo las imperceptibles angosturas de un universo que tan injustamente se apaga. 

Las nuevas generaciones tienden a creer que las carestías siempre  fueron tales, excepto para una minoría de ladrones que negaba el pan y la letra, legitimando así a la actual por el camino de la resignación. Pocos logran percatarse del país que, apenas, décadas atrás, tenía sus anaqueles llenos con productos – además – de diferentes marcas y con grandes legiones de jóvenes venezolanos cursando estudios regulares en el extranjero, gracias al programa de becas de Fundayacucho.

Un país también de novedades editoriales, importadas y exportadas, que estimulaban la universalización de los debates que, frecuentemente, alcanzaba cierta profundidad en los medios. Es evidente el contraste con la situación actual que, a lo sumo, nos tiene como lejanos espectadores envanecidos por la sola noticia recibida.

En días pasados, el archivólogo Gabriel López sacó del  fondo de la colección hemerográfica de la Academia Nacional de la Historia que trata de ordenar, a pesar de todas las limitaciones, algunos ejemplares de la revista Exceso (Caracas) de la que, por cierto, no fuímos asiduos. Nos sorprendió la cuidadosa crónica sobre Michel Houellebecq, suscrita por Graciela Speranza y, faltando poco, con una ilustración figurativa de Weil, que brindó la edición nr. 128 de marzo de 2000.

El autor  que muy difícilmente puede verse hoy en nuestras vitrinas, cuya obra goza de una justificada fama, añadida la referida al ascenso de un musulmán moderado a la presidencia de la República Francesa en 2022, ayer nos resultaba – sencillamente – familiar.  Precisamente, casi veinte años atrás, “Las partículas elementales”, su segunda novela, llamaba la atención entre nosotros, pudiendo leerse con toda  naturalidad y comodidad,  como no ocurre ahora con “Sumisión”, la última, publicada en 2015, u  otros de los géneros que ha cultivado, ya traducidos: nada casual, bajo esta prolongada dictadura.