sábado, 18 de noviembre de 2017

BATIBURRILLO

En la muerte de Guacarán
Tomás Straka

En aquel tiempo –finales de los años 80s y con ellos de los sueños de la modernidad venezolana- el Gustavo Herrera era un liceo que aún mantenía muchas de su viejas glorias: se podía escoger el deporte a practicar en educación física (incluyendo natación), había cursos de fotografía, con laboratorios para revelado; alumnos europeos de intercambio (en mi salón tocó una belga); se practicaba el más completo policlasisimo, de modo que conmigo estudiaba la hija de un diputado y la de la bedel, un motorizado y un par de niñas ricas; y un montón de inmigrantes provenientes de los lugares de América Latina a los que hoy van los venezolanos, pero desde los que entonces se buscaba refugio acá (en mi salón había, que me acuerde, dos cubanas, una argentina, una uruguaya, una mexicana, una ecuatoriana, que era mormona o algo así y se la pasaba hablando de su novio gringo; y un par de colombianas). También era un liceo en el que existía un nutrido grupo de muchachos que sólo soñaban con sacar notas altísimas para entrar a la Simón Bolívar y de allí saltar a PDVSA o a una de las muchísimas transnacionales que estaban en Caracas; en muchos casos (no, claro, todos) eran jóvenes cuyas referencias estaban únicamente en los Estados Unidos (creo que ahí fue cuando decidí no oír música en inglés, lo que cumplí por muchos años) y que básicamente se sentían superiores al resto de los mortales. Por supuesto, a muy pocos les interesaba la política, el arte o cualquier cosa más o menos intelectual. En la desaparición de aquella realidad de los 80s que hoy suena idílica, esta actitud estúpida de la clase media jugó un papel muy importante. A aquella educación privilegiadísima la veíamos como algo normal y sentíamos más bien menosprecio de quienes la hacían posible (hablo de los políticos y funcionarios), la mayor parte por sifrinos y unos cuantos por comunistas, o algo parecido.
Era el Gustavo Herrera un liceo sólo para los dos últimos grados del bachillerato, en el que confluían muchachos de un montón de sitios; pero en el 85 u 86 se cerró un liceo que quedaba, creo, por Sebucán, el Andrés Mata, y sus alumnos fueron enviados al Gustavo. Así comenzaron a abrirse secciones de 1° a 3er año, unos “carajitos”, vistos por encima del hombro por quienes teníamos ya camisa beige. Entre esos nuevos alumnos estaba Adrián Guacarán. Aún era una celebridad, porque todos recordábamos su imagen cantándole al Papa. Era un estudiante pésimo, aunque no mal tipo. Sobrevivía cantando en un liceo en el que más o menos había que quemarse las pestañas, ya que se le disculpaban cosas porque no había acto en el que no participara. Al liceo nos venían a dar conferencias, llegaban invitados, y para esas ocasiones siempre estaba Guacarán. No fuimos amigos, pero sí lo traté en la etapa en la que cultivé la amistad de los peores alumnos del liceo. No sé si graduó. Tal vez se fue para uno de esos colegios privados para malos estudiantes que había por montones… porque sí, era una época en la que nos reíamos de los que se iban a un privado y no aguantaban el trote de un buen Liceo Público. Una vez, años más tarde, vi en la televisión que estaba de vendedor en un mercado.
Guacarán acaba de morir. Y de morir, según se cuenta, por una complicación renal a la que nuestro desastre del sistema de salud no tuvo cómo responder. En su momento, su canto fue expresión de una Venezuela exultante, aunque ya en declive. Lo conocí en el último trecho de esos años, en aquel liceo que hoy suena de maravilla. Por eso, de algún modo, con él se cierra completamente ese ciclo para mí. El niño de la esperanza muere en el marasmo de la desesperanza.
Todos tenemos culpa en alguna proporción. Es en esa clave, y no en la plañidera de ¡qué vaina este país! ¡Cómo nos jodió el chavismo!, como debemos verlo. Especialmente si se trata de alguno de los que entonces eran “apolíticos” (así se hacían llamar) y ahora, muy probablemente, está dando consejos de ciudadanía desde el exterior. No hay que ver su muerte desde la superioridad, sino desde nuestro fracaso. No el de los más pobres, o los chavistas, que también lo ha sido; sino desde nuestro propio, estruendoso, enorme fracaso. Tal vez al reconocerlo hallaremos un camino para dejar de fracasar.

Fuente:
https://www.facebook.com/tomas.straka.9659/posts/10155319130244296

miércoles, 15 de noviembre de 2017

McMADURO

¿Qué son los Consejos Productivos de los Trabajadores anunciados por Nicolás Maduro?
José Ignacio Hernández G. 

En la Gaceta Oficial del 8 de noviembre pasado fue publicado el Decreto No. 17, dictado en el marco de la “emergencia económica”, por medio del cual se crean a los “Consejos Productivos de Trabajadores”. Sin embargo, ¿qué son exactamente los CPT?

Una nueva figura, que es en realidad vieja

Desde el año 2005 han aparecido, de cuando en cuando, distintas y variadas figuras propias del modelo socialista que, formalmente, comenzó a desarrollarse ese año. Al comienzo, esas figuras eran novedosas, pero con el tiempo lo que se hizo fue hacer aparecer como nuevas a varias figuras que ya habían sido experimentadas en el pasado.

Tal es el caso, precisamente, de los CPT.

En efecto, uno de los principios “fundacionales” del modelo socialista iniciado en 2005 fue la cogestión laboral, es decir, reconocer el derecho de los trabajadores a participar en la gestión de la empresa. Como parte de esa cogestión se promovió la creación de “consejos de trabajadores”, cuyo objeto era supervisar la gestión de la empresa de acuerdo con su adecuación al modelo socialista.

Estos consejos son conocidos en los regímenes totalitarios comunistas. Como dijo Pannekoek: “los consejos obreros son la forma de autogobierno que en tiempos futuros reemplazará a las formas de gobierno del viejo mundo”. Por ello, estos consejos son lo contrario al sindicato: mientras este protege derechos de los trabajadores, quienes prestan servicios bajo dependencia, los consejos de trabajadores se orientan a la colectivización de los factores de producción.

Con esta idea en mente, en 2007 —hace nueve años— el Partido Comunista de Venezuela (PCV) presentó el “Proyecto Ley Especial de los Consejos Socialistas de Trabajadores y Trabajadores”. En tal Proyecto, los Consejos fueron definidos como una organización “concebida específicamente para la participación protagónica de los trabajadores y trabajadoras en el ejercicio real y efectivo del control sobre los procesos productivos y administrativos y para ejercer la dirección de los procesos sociopolíticos en los centros de trabajo y áreas de actividad laboral en general”.

Poco se avanzó entonces. Y como ha sucedido en otros casos, de cuando en cuanto, la figura de estos consejos reaparece, siempre queriendo presentar, como nuevo, lo que en realidad es viejo.

Así sucedió, por ejemplo, en 2010, cuando esta figura fue “creada” en la Ley Orgánica del Poder Popular, y en 2012, cuando fue nuevamente “creada” en la Ley Orgánica del Trabajo, de los Trabajadores y de las Trabajadoras.

Ahora, el Decreto N° 17 “crea” a los CPT. Se trata, sin embargo, de la misma figura sobre la cual se ha venido ensayando desde el 2007.

Los CPT y la Gran Misión Abastecimiento Soberano

 En esta oportunidad, los consejos han sido regulados en el marco de la Gran Misión Abastecimiento Soberano, figura que ya analicé aquí en Prodavinci. Esto quiere decir que el objetivo principal de los CPT es promover un control, dentro de la propia empresa, sobre el abastecimiento de rubros considerados estratégicos, en los sectores de alimentación, salud, higiene personal y aseo del hogar.

Inicialmente, el Ministerio del Poder Popular para la Defensa anunció que tal control se implementaría a través del Comité Operativo de Producción Obrera (COPO). Posteriormente, se refinó la idea, al aludirse a la necesidad de crear a los CPT. Según se anunció, “estos CPT serán usados como instrumento principal de transformación económica en todas las unidades y empresas del país para llevar adelante una reproducción productiva de la mano de la clase obrera”.

En pocas palabras: los CPT son consejos obreros cuyo propósito principal es supervisar —junto al Gobierno y los CLAP— la actividad de las empresas, en el marco de la Gran Misión Abastecimiento Soberano.

Así quedó establecido en el artículo 1 del Decreto N° 17, según el cual, los CPT) “tendrán como objeto impulsar la participación de la clase obrera como sujeto protagónico, en la gestión de la actividad productiva desde las entidades de trabajo públicas y privadas, que servirán de apoyo a la Gran Misión Abastecimiento Soberano, a los fines de garantizar el acceso oportuno a bienes, alimentos, medicinas y otros productos esenciales para la vida”.

Como se crean y organizan los CPT

Copiando el modelo comunista, los CPT no son estructuras libremente creadas. Por el contrario, su creación es regulada y dirigida por el Gobierno.

Así, corresponde al Gobierno, a través del Ministerio del Trabajo, de la Defensa y del Comando Estratégico Operación de la Gran Misión, regular el funcionamiento de los CPT (artículo 5, Decreto N° 17). Igualmente, corresponde al Gobierno, por medio de los Ministerios del Trabajado, de la Defensa, de la Juventud y Deporte, de la Mujer y la Igualdad de Género, designar a todos los integrantes de los CPT (artículo 4). Con lo cual, ni los trabajadores ni los patronos participan en la creación y funcionamiento de esos consejos.

De acuerdo con el artículo 3, los CPT estarán constituidos por siete miembros, todos designados por el Gobierno. Estos miembros son: tres trabajadores de empresa; un representante por la juventud; un representante de la Unión Nacional de Mujeres, un representante de la Milicia Bolivariana y un representante de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

¿En qué empresas podrán crearse CPT?

 Los CPT podrán crearse en cualquier empresa, pública o privada, según dispone el artículo 2 del Decreto N° 17. No obstante, pareciera que la intención del Decreto es limitar la creación de los CPT en empresas de los sectores de alimentación, salud, higiene personal y aseo del hogar.

En todo caso, será el Gobierno quien decida en qué empresas se crearán los CPT y cuáles serán sus integrantes.

Ahora bien, aun cuando el Decreto no es claro, pareciera que, una vez creados, los CPT podrán ejercer la “contraloría social” sobre el proceso productivo de la empresa, en el marco de los lineamientos de la Gran Misión. Ello no debe implicar, sin embargo, que los CPT ejerzan  funciones públicas de inspección o que puedan dictar medidas y sanciones.

¿Los CPT son constitucionales?

Los CPT son inconstitucionales. En primer lugar, pues desnaturalizan a la relación laboral. De acuerdo con la Constitución, la relación laboral es una relación privada, basada en la autonomía de la voluntad del patrono y del empleador. En el Decreto N° 17, por el contrario, la relación laboral es “un proceso social” para “alcanzar los fines esenciales del Estado”. Es decir, el Estado pasa a dominar enteramente la relación laboral, la cual solo se justifica para cumplir los fines del Estado, o sea, para la promoción del socialismo.

En segundo lugar, los CPT son inconstitucionales pues violan el derecho a la libertad de asociación. Los consejos son una asociación, que no es resultado de la libre voluntad, sino de la coacción. Al igual que sucedió con los consejos obreros de los regímenes comunistas, los CPT pretenden negar la libertad de asociación, a fin de imponer la pertenencia forzosa a una asociación dirigida y controlada por el Gobierno.

En tercer lugar, los CPT violan la libertad de empresa, pues pretende crearse una instancia “híbrida” para controlar y limitar la actividad económica de las empresas. Sin embargo, según la Constitución, la limitación a la empresa privada solo puede hacerse en de acuerdo con la Ley, de manera racional, por autoridades públicas competentes y en el marco del debido proceso.

Por último, los CPT son inconstitucionales pues imponen un nuevo control ineficiente sobre la economía. El último considerando del Decreto N° 17 insiste en la idea según la cual la guerra económica se mantiene. En realidad, desde enero de 2016 el Gobierno ha dispuesto de pleno poderes —inconstitucionales— para atender a la emergencia económica, de lo cual han derivado nuevos y complejos controles que, simplemente, restringen más la oferta de bienes y, por ende, agravan todavía más la crisis económica.

Pues la crisis económica en Venezuela no es consecuencia, como pretende hacer ver el Decreto N° 17, de la ausencia de controles. Todo lo contrario: esa crisis es consecuencia de controles arbitrarios y desproporcionados, que han desincentivado la oferta de bienes y servicios.

De lo cual resulta una situación paradójica: se crean los CPT para controlar la producción y distribución de productos que no existen, pues los controles arbitrarios han afectado, severamente, la producción y distribución de bienes en Venezuela.

Fuente:
Ilustraciones: Alexander Kosolapov.

martes, 14 de noviembre de 2017

TRANSGRESIÓN

EL UNIVERSAL. Caracas. 14 de noviembre de 2017
Contracorriente
Alirio Pérez Lo Presti
  
Hay en todo arte un cuestionamiento a la realidad. El artista, de cualquier género, al realizar un acto de creación, está poniendo en duda lo relacionado con lo que entendemos como nuestra percepción ética y estética de cuanto nos circunda. Cuando un pintor, por ejemplo, realiza el insólito caso de interpretar cuanto percibe, lo hace como una manera de transgresión. Sea para embellecer lo que ve o para recrearlo desde una perspectiva en donde lo natural se transforma en feo.

Embellecer lo feo es una de los grandes retos de cualquier género y por esa cualidad de generar una interpretación particular de las cosas, el arte produce admiración. Esto pasa con cualquier disciplina ligada con la actividad creativa, incluso la cosa va mucho más allá, al punto de poder transformar lo que entendemos como cultura o civilización, sea de manera planificada o por confluencia de eventualidades.

En asuntos musicales, el sonido de algunos instrumentos podría ser molesto, mas cuando vemos la transformación de lo acústico en ritmos y melodías que corean la vida, el grado de solemnidad que puede alcanzar la música es de los más elevados, y esos instrumentos que nos parecen casi aparatosos terminan por cautivarnos y acompañarnos indefectiblemente.

Una afición indoblegable al cine permite ver una y otra producción cinematográfica que sellan la conceptuación de este arte. Que un director ponga en escena, con plata prestada, un tumulto, transformándolo en orden, no puede sino ser una categoría de arte muy elevado. No sin razón el cine y otras variedades audiovisuales, son cada vez más respetadas como disciplinas artísticas.

Lo escrito, cuando adquiere dimensión artística, tiene una doble condición transgresora. Por un lado, está el papel tradicional del escritor de cuestionar y provocar al orden establecido. Pero por otra, esta condición propia de quien escribe, en la cual trata de darle calidad elevada a la palabra, no se puede disociar de los asuntos más pedestres y grotescos y el hombre de letras, aunque no quiera, se va a ver involucrado con los temas más altisonantes con los cuales ha de tener contacto, que son las tramas propias de la vida de los hombres y de los pueblos. Tal vez de todas las artes, sea la literatura la más básica, la más plebeya, la más sucia y a la vez la que puede llegar a ser la más elevada.

Si lo vemos una y otra vez, el acto de escribir es esencialmente a contracorriente, sea por la inconformidad del escritor con el orden establecido o para generar un orden inexistente. De ahí que quien escribe está condenado a estar potencialmente solo, entre otras cosas porque la soledad del escritor es uno de los elementos necesarios para poder crear. 

Cada vez que conozco a alguien que escribe, y más si comparto el gusto por su trabajo, siento que se teje una complicidad inevitable entre gente de un submundo casi subterráneo y necesariamente lleno de contradicciones que logra traspasar el ultramundo, que a fin de cuentas es la vida que conocemos y elevarse hasta la pulcritud de un párrafo bien hecho, para intentar alcanzar la perfección estética en una de las más difíciles artes.

Todo este ejercicio tiene que ver siempre con un solo asunto y es el de la libertad. Cada hombre, operando desde su individualidad, se convierte en un elemento a contracorriente precisamente por ese anhelo de alejarse del rebaño y hacer que su vida no sea insulsamente repetitiva, trastocando la existencia con la extensión explosiva de lo creativo, que es a fin de cuentas una manera de acabar con el tedio y la sinrazón de la vida.

Pero el asunto se complica cuando percibimos en múltiples fenómenos culturales no artísticos, precisamente la misma dinámica de cuestionamiento a cuanto nos rodea. Es entonces cuando quien se planta ante el mundo con sus propuestas, no solo cuestiona la existencia sino que termina por transformar su entorno, lo cual es la paradoja maléfica de quien vive a contracorriente preconizando la libertad. 

Es acertado el eternamente controvertible Mario Vargas Llosa cuando señala: “La tradición más viva y creadora de la cultura occidental no ha sido nada conformista, sino precisamente lo contrario: un cuestionamiento incesante de todo lo existente. Ella ha sido, más bien, inconforme, crítica tenaz de lo establecido, y, de Sócrates a Marx, de Platón a Freud, pasando por pensadores y escritores como Shakespeare, Kant, Dostoyevski, Joyce, Nietzsche, Kafka, ha establecido a través de la historia mundos artísticos y sistemas de ideas que se oponían radicalmente a todos los poderes entronizados. Si solo fuéramos los lugares que impone sobre nosotros el poder nunca hubiera nacido la libertad, ni hubiera habido evolución histórica y la originalidad literaria y artística jamás hubiera brotado”.

El siglo XXI tiene retos inéditos para cualquier creador. Que sea lo inteligente lo que venza en un campo en donde los grandes talentos han trascendido, a pesar de haber sido vencidos en su momento.

Fuente:

LA OTRA CARA DEL PROBLEMA

EL PAIS, Madrid, 10 de noviembre de 2017
RADIOGRAFÍAS AMERICANAS
El fuero constitucional
Francisco Martín Moreno

Cuando tuve conocimiento de la detención de Julio de Vido, exministro de Planificación acusado de diversos cargos criminales durante la Administración de Cristina Kirchner en Argentina, quedó clara la maniobra política de la expresidenta de buscar, a como diera lugar, una senaduría para gozar de fuero constitucional y escapar, de esta suerte, al lacónico golpe de un mallete asestado por la autoridad judicial. Ella no estaba dispuesta a correr la misma suerte de su antiguo colaborador.

En diversos países se considera al fuero (o inmunidad parlamentaria) como un eficiente certificado de seguridad para quienes ejerzan cargos de elección popular, entre otros más, y puedan conducirse con absoluta libertad en sus gestiones como representantes populares. Sin embargo, dicho fuero se ha convertido en varias naciones del hemisferio sur, México absolutamente incluido, en un refugio de delincuentes perseguidos por la ley, a través del cual adquieren un mecanismo de impunidad para evitar sanciones penales, por más que exista el proceso de desafuero que, entre otros recursos jurídicos dilatorios, podría dictarse burocráticamente cuando ya hubieran caducado las facultades legales para investigar hechos constitutivos de delito.

¿La señora Kirchner, acusada de encubrimiento por favorecimiento personal, impedimento o estorbo del acto funcional e incumplimiento de los deberes de funcionario, entre otros cargos más, no podría ser detenida si ya fue electa como senadora o bien se le podría impedir su admisión en el Congreso? Los expertos en estas cuestiones sostienen que ella no podría ser privada de la libertad aun cuando un juez dictara la orden de arresto hasta en tanto los propios senadores no voten el desafuero. El Poder Judicial tiene entonces las manos amarradas y sus resoluciones se estrellarán en las puertas de los recintos legislativos.

¡Claro que el fuero debe otorgar las debidas protecciones a los legisladores y a otros funcionarios para que puedan cumplir con sus funciones y gozar, por ejemplo, el de la libre expresión de las ideas! Sin embargo, esta excepción a favor de los legisladores y de otras autoridades, misma que no puede ser solicitada ni alegada a favor de los ciudadanos de a pie en contra del principio de igualdad, no puede ser entendida como un reducto de pillos que cometieron delitos antes o durante sus gestiones legislativas para vivir impunemente al margen de la ley.

En México empieza a existir un movimiento en torno a la validez y el límite de la figura jurídica del fuero. En varias entidades ya fue eliminada y en otras simplemente acotada, en efecto, pero existen mociones entre los partidos políticos para que ni el presidente de la República, con algunas excepciones, ni los legisladores federales, ni los ministros de la Suprema Corte de Justicia, ni magistrados, ni secretarios de Estado, entre otros funcionarios más, puedan gozar de dicho fuero. Esta iniciativa legal, que constituye un auténtico clamor popular, fue saboteada con razones inconfesables por el PRI, claro está, imposible que hubiera sido de otra manera, y por Morena, un partido político propiedad de López Obrador, ambos abiertos defensores de la impunidad que tiene harta a la sociedad mexicana.

Es evidente que el caso de la expresidenta Kirchner se da y se repite en buena parte de América Latina. Las naciones progresistas, deseosas de construir un genuino Estado de derecho, deben insistir en lograr la igualdad ciudadana ante la ley de modo que los delincuentes que intenten parapetarse en los Congresos, en donde se debe proponer la edificación de una patria limpia, eficiente y libre de parásitos, no se encuentre viciada por sujetos perseguidos por la justicia que poco o nada pueden aportar en la consecución de este sano y promisorio objetivo.

Para fortalecer a las instituciones democráticas resulta inaplazable acotar los alcances del fuero constitucional, de modo que se garanticen los derechos a disentir públicamente dentro del contexto de la libre expresión de las ideas, pero, claro está, sin que esta libertad se convierta en un libertinaje aprovechado por los delincuentes para escapar de los golpes sonoros de los malletes, el cincel y el martillo imprescindibles para construir países en donde todos seamos iguales ante la ley.

Fuente:
https://elpais.com/internacional/2017/11/10/america/1510270517_402281.html

CUADERNO DE BITÁCORA

Diputados de Convergencia, ABP y Vente Venezuela, por lo pronto, en tránsito PV y otros, decidimos en la presente fecha crear una fracción parlamentaria denominada "16 de Julio". Nos opusimos en  la cámara a la todavía confusa iniciativa de diálogo con el régimen, a escenificarse en República Dominica, según la propuesta. En la asamblea general de los diputados de oposición, dejamos constancia de nuestra postura. Y, como era razonable, al involucrar a la Asamblea Nacional, ésta debatió el punto. No fue diferido, sino - por lo menos - logramos, por una parte, que se diera inicio a la discusión, quedando la materia pendiente para el venidero martes; y, por otra, dejar constancia expresa de una posición que le tocó expresar, en nombre de la novísima fracción, al diputado de Vente Venezuela, Omar González. Con mucha convicción y coraje, a contracorriente, frente a la cámara constituida en sesión plenaria, cuestionó esa iniciativa, con argumentos firmes e irrefutables, comenzando por preguntar por qué los mismos actores, lugar y agenda, recordando las experiencias de 2014 y 2016 que dieron al traste cn la movilización ciudadana. Cfr. https://www.lapatilla.com/site/2017/11/14/diputados-opositores-crean-la-fraccion-parlamentaria-16-de-julio/
(LB)

MEMORANDUM

Érase el Día del Estudiante
Guido Sosola

Aplastada toda disidencia por la dictadura perezjimenista, hacia 1956 apareció el Frente Estudiantil de resistencia que involucró a la muchachada de los liceos y de las universidades. El consabido plebiscito aguijoneó las protestas y, para el 21 de noviembre de 1957, en plena celebración del Congreso Mundial de Cardiología y de la Comisión Preparatoria del Congreso de la Organización Internacional de la Aviación Civil,  estrenando la novísima sede de la Universidad Central de Venezuela, la dirigencia estudiantil de las distintas escuelas, incluyendo a los más decididos profesores, irrumpieron ese día jueves en reclamo de libertad y de democracia. Incluso, la feroz censura, en tiempos muy lejanos a las redes sociales, no impidió la difusión inmediata del inmenso y corajudo testimonio de rebeldía.

Caído el dictador, la Junta de Gobierno no sólo reconoció la autonomía universitaria, sino que decretó la fecha como la del Día del Estudiante. Al  pasar los años, les fue muy útil a la ultraizquierda – además – armada en sus faenas de propaganda para victimizarse, con una presencia determinante en el movimiento estudiantil que, ahora, en el poder, ya super-armada, ofrece los más dramáticos contrastes: es enemiga de la autonomía universitaria, ha reprimido hasta la saciedad al estudiantado y teme de la celebración de cualesquiera elecciones hasta para dar con un delegado de curso, pretendiendo empinarse sobre los escasos jóvenes que, palanqueados, portan los más viejos vicios de la política del patio.

Antes, armaba una alharaca gigantesca, cuando resultaba malherido o moría algún estudiante, pues, con demasiada razón, al país le estremecían que los jóvenes fuesen objeto de una tragedia y, por algo, en 1937, tiroteado Eutimio Rivas en la vieja sede de la Universidad Centra, todavía existe una placa alusiva en el Palacio de las Academias. Otra comparación, este año, sólo este año, el actual régimen cegó la vida de más de un centenar de jóvenes y todavía pretende que lo celebremos con bombos y platillos.

Después de las jornadas de protesta de 2017, hay un natural y provisional repliegue que, por cierto, no ha de significar jamás el abandono de una fecha tan significativa y de profundo aliento histórico. En las proximidades, sería importante que el movimiento estudiantil la retomara, que salón por salón sus líderes actualizaran el problemón de la autonomía universitaria y de la propia universidad que peligra, haciendo – aunque parezca un pleonasmo – política cívica, pues, no todo se dirime ante una cámara de televisión y con las frases que la ocasión brinda.

Érase y puede ser de nuevo, el Día del Estudiante. Sobre todo, cuando la política y los cambios sociales en Venezuela, para curiosidad de la intelectualidad europea, no se entiende sin él (que también es ella), teniendo por epicentro las aulas.