domingo, 4 de febrero de 2018

¿QUÉ TIENE QUE VER EL DIÁLOGO CON LO DEMÁS?

De los escenarios cantados
Luis Barragán

Hay escenarios suficientemente predecibles que, sentimos, no cuentan con el interés de una ensimismada dirigencia política. El diálogo, por cierto, uno de ellos, concitó hasta el entusiasmo de quienes, cuales Chamberlain de ocasión, se dijeron desbaratadores de una guerra mundial por la sola exhibición y vistosidad de sus conocidas habilidades, incluyendo a los que desearon hacerlas conocer en un trance inaudito de autopromoción.

Disculpándonos por la digresión, ante la legítima solicitud de una votación nominal en la sesión en la que la fracción parlamentaria del 16 de Julio negó todo apoyo al tal diálogo de República Dominicana, formulada por el diputado Juan Pablo García, respondió el presidente saliente, diputado Julio Borges, con un comentario que a él mismo lo descolocaba. Palabras más, palabras menos,  dijo que ojalá pusiera igual empeño en luchar contra el gobierno como solicita la moción, pretendiendo desconocer la postura y el  testimonio de lucha del representante monaguense.

Así como se veía venir, por ejemplo, la decisión del Secretario General de la ONU, remitiendo el caso esequibano a la Corte Internacional de Justicia, recientemente adoptada  luego de transcurrir el plazo de un año universalmente conocido, hay otras situaciones que prometen una mayor conculcación de nuestras libertades. Una de ellas, paciente y maliciosamente encaminada, se refiere al destino de las universidades autónomas. 

Semejante a la realidad que está confrontando la Universidad Simón Bolívar, con un vicerrector adedado por la dictadura que trabaja en su implosión definitiva, de un momento a otro la Universidad Centroccidental  Lisandro Alvarado (UCLA), tendrá un rector madurista pasándole por encima a todo lo que diga o establezca  la Constitución de la República, cuya vigencia es motivo suficiente del pacífico  combate ciudadano. No es ni será ridículo pensar en la cercana apuesta que se haga respecto a la UCV, ULA, LUZ y cualesquiera otras casas de estudios, añadidas las privadas.

En la medida de nuestras posibilidades, hemos llamado una y otra vez la atención sobre tan grave asunto y, por más cantado que sea el escenario, otras cosas suscitan el interés de una dirigencia con la que también debemos lidiar, además del régimen que, como tal, la estimula no sin un dejo de morbosa diversión. O, ¿acaso debemos esperar a la entera realización de los acontecimientos, sin la más elemental previsión, para luego quejarnos y clamar por una rebelión de 30 millones de venezolanos cuando sea tarde, excepto se reciba la concesión graciosa de una validación partidista?

Fotografía: Diálogo República Dominicana, tomada de la red.

AGOTADOR

De la dislocación institucional
Luis Barragán

Días atrás, en una importante reunión de trabajo en torno a la materia territorial, una persona – ya no la recuerdo con precisión – emitió una sentencia lapidaria que todavía gravita impenitente. Palabras más, palabras menos,  con la entrega del Esequibo formalizamos la desintegración a  la que nos conduce el socialismo.

La inicial reflexión nos condujo a las modalidades del ensayo totalitario que, en nombre de un ideal, por cierto, no siendo el caso venezolano, tienen por absoluta prioridad la entronización en el poder de elencos que lo celan hasta de su propia sombra. Poco importa el drama cotidiano de la población y la diáspora generada, la destrucción de una infraestructura que llevó varios decenios en levantar, o la terrible siembra de antivalores que contrastan evidentemente con un texto constitucional del que se burlan impunemente, pues, aunque se reduzca el círculo de los privilegios que impone un desesperado afán de supervivencia entre los beneficiarios reales y ficticios, el interés supremo radica, según el latigazo publicitario,  en que haya patria, aunque ya no se la vea por doquier.

Luego, nuestra convicción adquirió una mayor firmeza con la respuesta del ministro Vladimir Padrino López a Rex Tillerson, alto funcionario estadounidense, que movilizó a todo el alto mando militar,  protagonizando una incomprensible batalla mediática, por instrucciones superiores, a la que es ajena la población  ocupada en la elemental, inédita y cada vez más difícil búsqueda de dinero en efectivo, alimentos y medicamentos.  La versión ministerial de la situación del país fue monumental o, mejor, morbosamente idílica que, en definitiva, constituye una burla descarada y persistente de todo sufrimiento humano.

La intervención radioelevisiva demostró no sólo la grave dislocación institucional que atravesamos, pulverizado el artículo 328 constitucional, sino la exacta correspondencia con la emergencia humanitaria, cuya agudización dice garantizar la prolongación del poder establecido, como nunca lo imaginó Stalin que, al fin y al cabo, por más que los humillara y derrotara, tuvo que lidiar con Zinóviev y Kámenev, los supervivientes de la vieja intelligentsia bolchevique. La crisis cuenta con un desarrollo sistémico que no tiene precedentes en nuestro historial republicano, a la que se agrega la pérdida eventual del Esequibo y, corrigiendo el ejercicio hecho por Francisco Herrera Luque en “1998”, por absurdo que pareciese, la nación precursora de la independencia continental, será susceptible de una subasta entre los países vecinos o, allende los mares, de aquellos con los que se endeudó gigantesca,  irresponsable e impunemente.

Alarmados, a pesar de las cifras que exhiben los portales de la OPEP y de la Agencia Internacional de Energía, se dice que, en realidad, producimos alrededor de 900 mil barriles diarios, destinados completamente a la exportación, en el marco de la quiebra virtual de las industrias petrolera y petroquímica. Vale decir, pendemos de las últimas gotas del crudo, por lo que la devastación nos remite, en propiedad, al ensayo de una modalidad francamente demencial, teniendo a Miraflores como la vistosa y temible garita en un país de reclusos.

Ilustración: Alonso, Economía Hoy (Caracas, 28/02/1991).

UNA CABINA, LA DEL PAÍS

De la imaginación política
Luis Barragán

El oficio sostenido, requiere de la densidad reflexiva y, a la vez, garantizando una adecuada acción, de la imaginación realista.  La política difícilmente se basta por sí misma, fruto del contexto en el que se mueven aquellos actores que, críticamente,  la reivindican y realizan.

Quizá uno de los mejores ejemplos, la histórica reclamación del Esequibo es portadora de las características que deben inspirarla. Una justa demanda, expresión y movilización de la consciencia ciudadana, hizo de la política un extraordinario ejercicio de su construcción histórica.

Ciertamente, debimos responder ante un despojo inaudito que exigió la principalísima edificación de un consenso que, como tal, permitiera recoger los distintos matices e, incluso, negaciones que sólo el pluralismo puede parir. El hecho supuso la correcta interpretación de los especialistas, no otro que la de  generaciones enteras que destacaron por una confiable y hasta irrefutable elaboración histórica y jurídica, que permitiese, como permitió, la de una respuesta política institucionalmente canalizada que, siéndole tan indispensable la libertad, la autorizó el debate abierto en la opinión pública y en los medios parlamentarios.

El poder, debidamente controlado, por lo menos, de un modo más efectivo que el del todo siglo XXI que nos tiene por precarios inquilinos, respondió de acuerdo a los valores constitucionales prevalecientes en la segunda mitad de la centuria anterior. En lugar de una repentina apuesta militar, sacrificando las realidades nacionales que pidieron una estabilización necesaria, la respuesta fue enteramente pacífica, constructiva y eficaz.

Pocas veces reparamos que el Acuerdo de Ginebra de 1966, igualmente combatido por la minoría de senadores y diputados que de muy buena fe esperaban alternativas que estimaron mejores, lo avaló una representativa y múltiple comisión viajera, añadido el sector insurreccional que de un modo u otro halló cupo a través del partido denominado PRIN que, a lo mejor, antecedió en alguna medida el papel transitoriamente jugado por el UPA. Acuerdo que suscribimos en el marco de un empedernido sabotaje castro-comunista, por caracterizar así una amenaza tan inherente a la Guerra Fría, aunque las llamadas guerrillas estaban políticamente vencidas por los comicios de 1963, camino a una definitiva derrota militar, y de una no menos tozuda conspiración golpista que sintetizamos en el frustrado intento de Ramo Verde, entre otros y más variados problemas.

Construimos, a veces, involuntariamente, la Política de Estado de la que ya quedan simples escombros, y, empleando la fórmula, concebimos los buenos oficios al amparo del citado acuerdo, poniéndole imaginación al esfuerzo que pidió una coherencia indispensable. A los calderos de la academia, crecientemente se incorporó el de una sociedad civil organizada que produjo importantes referentes de una dinámica primigenia en el circuito de las decisiones, pues, por fortuna, hoy existen organizaciones como nunca antes las hubo para preservar o tratar de preservar el vital interés nacional.

Acumulada una importante experiencia diplomática, en el peor de los casos, mantuvimos viva nuestra reclamación. Por ello, ahora decidida la remisión del caso a la Corte Internacional de Justicia, pura y simple, el comunicado – entre los muy escasos que la justifican – de la cancillería, reivindicando la obvia vigencia del Acuerdo de Ginebra, habla de una pobre imaginación política que se explica por la naturaleza misma de un régimen engreído, prepotente e ineficaz, que cree el problema de su entero capricho y arbitrariedad, pues, es alérgico a la básica noción de una Política de Estado y a sus modos de construcción, como el libre debate, el pensamiento jurídico de alto calado, las evidencias históricas renovadas, las destrezas que reporta el profesionalismo en áreas que están por encima de la vulgar estrechez paridista, el sistema de pesos y contrapesos entre los poderes.

Captura de imagen: Programa radial junto a Jorge Luis Fuguet, Luis Alberto Buttó y William Ansaume, Radio Capital: "Ondas Universitarias" (Caracas, 03/02/2018).

DESTRUCCIÓN DE UNA HERENCIA

Sociedad civil y Esequibo
Luis Barragán

Es necesario decirlo de un modo directo y tajante: si no fuese por la sociedad cvil organizada, el problema del Esequibo hubiese perdido importancia, jerarquía y significado. Mientras que al poder establecido le importó un bledo, desde el instante mismo de su ascenso, respondiendo por inercia a la Política de Estado que heredó hasta destruirla, diferentes entidades de la llamada sociedad intermedia, mantuvieron viva una justa causa histórica, incluyendo la propia vivencia en tierras eequibanas.

Disculpándonos por cierto tono personal, con la arbitraria destitución administrativa de la otrora diputada María Corina Machado, quien planteó sostenidamente el problema y organizó principalmente el inédito viaje de los parlamentarios allende el río Cuyuní en 2013, prácticamente la materia quedó desierta con la salvedad de algunas voces que la mantuvimos en pie y forzamos la comparecencia de Nicolás Maduro a la Asamblea Nacional para un largo e inútil monólogo, como el de 2015. Uniéndolo al Proyecto de Ley de Defensa y Desarrollo de la Fachada Atlántica, promovimos el de la estadidad esequibana y el de la reforma parcial a la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación, sin éxito alguno debido al control oficialista de la cámara.

Después de los comicios del 6-D, persistimos en el asunto y todo fue posible por la decidida y desprendida cooperación de los sectores académicos, profesionales y activistas, mediante numerosas jornadas de trabajo. Hubo especialistas y organizaciones que no consiguieron cupo en la Comisión Permanente de Política Exterior de la Asamblea Nacional, también importa decirlo con franqueza, que ayudaron a la elaboración permanente de una respuesta que nos llevó, por ejemplo, al esfuerzo editorial, como el de “La cuestión Esequibo”, publicado por la Universidad Metropolitana y propulsado fundamentalmente por insignes profesores de la Universidad Simón Bolívar.

Mi Mapa Incluye Nuestro Esequibo, el Instituto de Estudios Fronterizos (IVEF), ONSA y, ahora, el Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales (COVRI), ofrecen el testimonio de un trabajo de cooperación extraordinaria para la comprensión y resolución del problema. Evidentemente, la situación contrasta con una cancillería desprofesionalizada que no tiene el menor gesto de humildad para solicitar la oportuna orientación de los expertos, como – de un modo u otro – lo han tenido partidos como Vente Venezuela y la Fracción 16 de Julio que jamás ha improvisado sus posturas en este u otro ámbito.

La propuesta de declaratoria de inaplicabilidad, a propósito de la remisión del caso esequibano a la Corte Internacional de Justicia por el Secretario General de las Naciones Unidas, está planteada por la Fracción 16 de Julio en correspondencia con las entidades citadas. Ilustra la necesidad y posibilidad de un reencuentro con la ciudadanía que, en el caso concreto del Esequibo, ha mantenido en pie el asunto, en medio de las más duras circunstancias.

Fotografía: Riesgosa rueda de prensa frente a la Casa Amarilla (Caracas, 2013).

AVEZADO

Dos veces, Aristeguieta Gramcko
Luis Barragán

La sola detención de Enrique Aristeguieta Gramcko, nos coloca en una paradoja muy propia de los tiempos que vivimos. El único sobreviviente de la Junta Patriótica, quien todavía brega por la libertad y la democracia en Venezuela, delata la naturaleza íntima y real de un régimen que alguna vez quiso confiscar el 23 de Enero y su inevitable carga espiritual,  conformándose ya con la adinerada celebración de la intentona golpista de un tal 4 de febrero.

Una vez, la fracción parlamentaria 16 de Julio lo propuso como orador de orden de la sesión solemne de la Asamblea Nacional y, aunque no descalificamos en modo alguno el nombre de quien finalmente habló, parecía obvio y oportuno que Aristeguieta Gramcko enviase su mensaje desde tan importante tribuna al país, aunque de todos modos lo hizo desde el acto de apertura del ciclo sobre los 60 años del Pacto de Punto Fijo, en la misma fecha, realizado en la sede del Colegio de Ingenieros. Que discrepase del lineamiento político de la actual directiva parlamentaria, como ocurre en todo parlamento que se precie de tal, no era impedimento para saber del inmenso testimonio de lucha que depuso la dictadura de Pérez Jiménez de interés – sobre todo – para las nuevas generaciones.

Una segunda vez, como si fuese la suma de todos los riegos y peligros para el régimen, en horas de la madrugada, fue secuestrado y trasladado a la sede del SEBIN en El Helicoide. Octogenario, nos comentó un familiar cercano en el sitio, asumió su aprehensión con absoluta serenidad y firmeza, ilustrando muy bien de lo que son capaces los servicios policiales de la actual dictadura, mientras que Miraflores abunda en un llamado orwelliano a la paz y al amor.

Inevitable su liberación, no impidió el secuestro de otros venezolanos. Por cierto, situación real, la de un país hundido en una crisis humanitaria e, incluso, cercano a una desintegración que luchamos por evitar, que no se compadece con el reciente discurso radiotelevisivo de Vladimir Padrino, cuya versión de una idílica democracia y de una población harta y feliz, no sirvió para responderle al alto funcionario estadounidense de sus tormentos.

Una y otra vez, Aristeguieta Gramcko, de un modo u otro, se vive a diario en cualesquiera lugares del país que lucha por sobrevivir. Una y otra vez, Aristeguieta Gramcko, de un modo u otro, habla del triunfo final de la  libertad y de la democracia, como ocurrió en 1958.